La bizarra noche de Muhammad Alí en Tokio

Ha pasado ya medio siglo de lo que fue una de las peleas más bizarras y, al mismo tiempo, iniciadoras lo que hoy parece común.

El encuentro entre un campeón mundial de boxeo en actividad y un campeón de lucha libre, experto en yudo y artes marciales en general.

Ante 15.000 personas, que asistieron al Nippon Budokan Hall de Tokio el 26 de junio del año 1976, se produjo el bizarro encuentro entre Muhammad Alí y el japonés Antonio Inoki.

Una lucha que sería no la primera entre un boxeador y un luchador, pero si la más convocante. Fue vista por 1.400 millones de espectadores en 35 países.

La cifra no deja de ser curiosa, ya que según las mismos cálculos, Alí solamente superó este número en dos peleas. Sus combates ante Leon Spinks -el segundo, 1978- y Larry Holmes, en 1980, llegaron a dos mil millones de espectadores.

Para ese entonces, en 1976, Alí, a los 31 años, estaba todavía en su esplendor, aunque muchos sabían en su entorno que estaba comenzando un declive inexorable.

Después de todo, venía de ganarle en 1974 en el Zaire a George Foreman, recuperando por segunda vez su corona mundial de los pesos completos.

Todo pareció comenzar con una frase propia de Alí, cuando dijo que era capaz de enfrentar a cualquier luchador y ganarle en su condición de boxeador.

Antonio Inoki que era campeón mundial de la National Wrestling Federation desde 1975, recogió rápidamente el guante como presidente de la empresa japonesa New Japan Pro-Wrestling. Y no sólo eso, sino que organizó el encuentro.

El enfrentamiento, denominado La Guerra de los Mundos, generó grandes polémicas y críticas entre el mundo del boxeo en general.

La pelea le reportó a Alí 6 millones de dólares, el doble de la bolsa de Inoki que hizo su primera confrontación de esta naturaleza. Alí tenía 51 victorias y 2 derrotas -ante Joe Frazier y Ken Norton-, con 37 nocauts.

Inoki se había criado en Brasil, en donde aprendió artes marciales. Empezó a utilizar su nombre de pila como luchador en homenaje al ítalo-argentino Antonino Rocca, que tuvo una gran figuración en los rings de los Estados Unidos y que hasta enfrentó a Superman en Comic.

Ambos medían un metro 90 centímetros y pesaban un promedio de cien kilos.

La pelea fue 15 rounds y uno de los requisitos fundamentales fue que Alí no podía recibir los puntapiés de Inoki que, por supuesto, eran sumamente dañinos para un boxeador. Alí pensaba que iba a ser toda una gran coreografía, una especie de exhibición en público, en donde nadie saldría dañado, hasta que se dio cuenta de que Inoki estaba entrenando en serio.

Finalmente, el equipo de Alí, encabezado por Ángelo Dundee, logró que al japonés le resultara prohibido realizar llaves, derribos y también sumisiones.

Sólo iba a poder patear si tenía una rodilla en el suelo, o si estaba acostado. Ello obligó a Inoki a estar casi todo el tiempo en el suelo, lanzando puntapiés constantes a las piernas de Muhammad.

Se ha perdido la actuación de un famoso de las artes marciales, especialmente del Wrestling, el norteamericano Gene LeBell, que fue el árbitro del combate.

Este hombre -que había sido campeón varias veces-, con los años pasó a formar parte de una leyenda, porque fue uno de aquellos que trabajó junto a Bruce Lee, en la famosa serie del Avispón Verde.

De hecho, llegó a tener algún encontronazo con Bruce Lee que Quentin Tarantino recreó en "Érase una vez en Hollywood".

El legado de LeBell se extendió mucho más todavía, porque fue el iniciador en la actividad de Ronda Rousey, que empezó a actuar con ropa de color rosa para homenajear a su mentor.

Alí utilizó guantes de boxeo Everlast, especiales, de 4 onzas, similares a los de la actual MMA. Inoki actuó con las manos desnudas y botas de lucha tradicionales.

Según las estadísticas, Alí no tuvo mucha ofensiva y solamente conectó apenas 6 golpes nítidos. El japonés conectó más de cien patadas, principalmente a la pierna izquierda de Alí y sufrió, además, un descuento de 3 puntos por golpear en lugares no permitidos como la ingle o patear cuando no tenía la rodilla en el suelo.

Alí sufrió dos caídas, en los asaltos 7 y 8.

La pelea fue abucheada, aburrida y significó un paso atrás para todos, excepto quizás para el bolsillo de Alí por la bolsa que pudo lograr, aunque le quedaron cerca de dos millones.

Inoki quedó casi en la ruina, pues tuvo que afrontar una enorme serie de gastos que de llevaron un tiempo muy largo para poder recuperarse.

La pelea fue fallada empate entre las quejas del público. Un jurado votó 74-72 para Alí, otro 72-68 para Inoki y el árbitro dio 71-71.

Lo que no quedó expuesto en ese momento fue que Alí sufrió coágulos de sangre e infecciones en las piernas.

Este periodista tuvo una larga charla con el doctor Ferdie Pacheco en 1978, cuando visitó Buenos Aires acompañando a Rodrigo Valdez, que fue vencido por Hugo Corro en el Luna Park.

"Alí era muy grande para los asientos de los aviones, y le costó muchísimo el viaje de regreso de Tokio a New York, porque tenía las piernas totalmente lastimadas, golpeadas, e incluso estos coágulos lo acompañaron durante mucho tiempo", nos dijo.

Alí volvió al ring -aunque parezca mentira-, en septiembre de ese mismo año para enfrentar a Ken Norton en New York. Ganó por puntos en polémico y discutido fallo. Inoki siguió siendo una estrella en su país, ya que, en 1990, llegó a ser embajador de La Paz en Irak. Falleció en 2002, a los 79 años.

Con el tiempo ambos se hicieron amigos.

Aquella noche de Tokio, un espectáculo bizarro fue también el puntapié inicial -valga la figura en donde se mezcla la frase futbolera con las patadas de Inoki-, para que, con los años, surgieran otras peleas similares.

No hay nada nuevo bajo el sol.