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Inoue y el triunfo de la inteligencia

Corría la quinta vuelta de la pelea en la que Naoya Inoue enfrentaba a Junto Nakatani.

Con alguna ráfaga, Nakatani apareció en el combate. Hasta ese momento, Inoue entrando y saliendo con gran velocidad de piernas y de manos, sin arriesgar y sin intentar un ataque frontal, había ido ganando todos los asaltos.

Empezó el último asalto y, de pronto, Inoue comenzó a trabajar con ritmo y continuidad una vez más, encendiendo así el aplauso del público.

Quedaba claramente marcados dos momentos del combate para un solo y cómodo ganador: Naoya Inoue.

De aquel quinto asalto, en donde Nakatani insinuó salir de su estatismo inicial con una guardia larga, piernas abiertas, apuntando con la zurda sin descargarla y dejándole el dominio del ring su rival, hasta el último round, fue prácticamente todo de Naoya Inoue.

Pero quedan algunos asaltos como para tener en cuenta.

El hielo se rompió a partir del octavo, cuando Nakatani salió de su letargo y comenzó a tirar golpes, dejando la extrema cautela inicial.

Era evidente que, con ese estático planteamiento, la pelea se le estaba yendo. Tardó tal vez demasiado. O fue el estilo de Inoue que lo paralizó. O se acordó muy tarde.

Había que empezar a arriesgar y buscar la pelea, ante un rival elusivo, inteligente y más concreto en los envíos.

Quedará la duda si lo de Nakatani fue una estrategia o sí -y esto parece lo más acertado- fue Inoue quien, con un boxeo inteligente, no lo dejó agrandarse en la ofensiva.

Recién allá por el noveno asalto apareció el Nakatani que seguramente estábamos esperando todos. Agresivo, apostando no solamente a la izquierda larga sino también a la presión constante, se llevó ese round y también el siguiente. Pero así no alcanzaba, porque tuvo enfrente a un boxeador inteligente que, cuando se vio apremiado, respondió con manos justas y duras sin rehuir la guerra.

Un corte en la ceja izquierda de Nakatani, después de un choque de cabezas en el décimo, modificó la tesitura del retador, obligado a buscar el nocaut de cualquier manera, incluyendo riesgos.

Fue en esa franja, desde el octavo en adelante, en que la pelea comenzó a tener un vaivén más espectacular en el ring que en las tarjetas.

Sin embargo, el fallo nos pareció muy cerrado con 116-112 en dos tarjetas y 115-113 en la restante. Teníamos 117-111 para Inoue que ahora suma 33-0 con 27 KO, mientras que Nakatani queda en 32-1, 24 KO.

En nuestro concepto, Inoue ganó claramente. Fue cauto a la hora de defenderse, entrando y saliendo como quedó dicho, aun cuando a veces bajaba la guardia.

Nakatani le permitió espacios y tiempos suficientes con manos anunciadas y mucha cautela, dándole grandes espacios y tiempos a Naoya quien -se calcula- se llevó 15 millones de dólares. Nakatani habría ganado 6 millones.

Venció El Monstruo.

Se ubica como el número uno libra por libra.

Extraordinario campeón, que pasó de ser a un noqueador a un boxeador con movimientos laterales, con rotación de cintura con velocidad y muy buenos desplazamientos.

Dio una clase de táctica y estrategia, moviéndose, arriesgando solamente en los momentos límites para una victoria que fue construida no por la fuerza sino por la inteligencia.

Tal vez esa sea la mejor síntesis de la pelea.

Ganó la inteligencia de un campeón que en los momentos difíciles apela al corazón que distingue a los grandes.