¿Cómo planea Italia volver a ser una potencia? La apuesta por una nueva generación multicultural

Es probable que ningún cambio en el fútbol en los últimos veinte años haya sido tan brutal como el derrumbe de Italia desde la élite. La Azzurra que supo ser la primera bicampeona mundial, levantar cuatro veces la copa más preciada del planeta y regalar para la historia algunas de las imágenes icónicas de las Copas del Mundo como el festejo de Marco Tardelli en la final contra Alemania en 1982, hoy está hundida en el ridículo.

Italia no encuentra siquiera la forma de clasificarse al torneo, con seleccionados de segundo y hasta tercer orden como Macedonia del Norte y Bosnia en el rol de verdugos en las últimas dos ediciones. Pero además tampoco consigue una identidad clara, justamente en un país del que siempre se pudo entender rápidamente a qué jugaba, gustara o no. Decidida a no dejar pasar más tiempo, su dirigencia impulsa una renovación vigorosa que permita el regreso al lugar de privilegio o, al menos, volver a instalarse en la competencia con los más fuertes.

Como ha pasado con otros seleccionados europeos, Italia está abocada en este tiempo a aprovechar al máximo la posibilidad de contar con un equipo multicultural. Después de todo, hace cerca de un siglo fue pionera en un recorrido similar, cuando decidió incluir masivamente a los “oriundi”, hijos de inmigrantes italianos que habían cruzado el océano para escapar de la pobreza y de la guerra. Esa política dio sus frutos de inmediato, con la coronación en el Mundial jugado en casa en 1934 y los argentinos José Luis Monti, Raimundo Orsi, Enrique Guaita y Atilio Demaría como piezas importantes del equipo.

Hoy todo cambió. Se vive en otro fútbol, otra Italia y otro mundo, con corrientes migratorias que mayormente hicieron pie en Europa después de salir de distintas partes del planeta y sobre todo de la castigada África. En ese contexto, la Azzurra intentará subirse al tren del progreso, en un deporte en el que quedarse quieto significa ver cómo los demás sacan ventaja.

Algo de la vieja Italia para sostener el rumbo

Aunque no fue tan lejos como Jurgen Klopp en Alemania, que en su primera convocatoria para la Liga de las Naciones llamó a 44 futbolistas, Roberto Mancini también apostó a una lista amplia. Fueron 34 los apuntados en una nómina que mantiene entre otros a Gigi Donnaruma (Manchester City), Alessandro Bastoni (Inter), Riccardo Calafiori (Arsenal), Nicoló Barella (Inter) y Giacomo Raspadori (Atalanta), más allá de guardar una impronta de renovación y juventud.

“No podemos poner de repente a muchos jugadores jóvenes en el campo. Necesitan ayuda. Los jugadores jóvenes tienen habilidad, pero debe haber alguien en el campo para guiarlos”, puntualizó Mancini recientemente en la Gran Gala del Calcio, como para evitar expectativas de una renovación abrupta.

Porque si bien Italia tiene a su favor que entendió la necesidad de reconfigurarse, las dudas todavía pueden pasar sobre cómo hacerlo y qué velocidad debe tener ese proceso inevitable. El entrenador no quiere dar pasos en falso que pongan en peligro todo el plan. Algo que podría pasar si un equipo joven empieza a sufrir malos resultados y los tifossi, siempre pasionales y devotos de aquel pasado glorioso, empiezan a subir la presión.

Los nombres nuevos de Italia

Eddy Kouadio, de 20 años, es uno de los emblemas del tiempo nuevo. Nacido en Prato de padres marfileños, juega como central o lateral derecho en Monza. Es una de las joyas a las que Italia quiere capturar temprano y evitar que tomen la opción de representar a otro seleccionado (en su caso, Costa de Marfil), más allá de que ya jugó para la Azzurra en las categorías Sub-18 y Sub-19. Tendrá la posibilidad de debutar en la mayor en la serie de encuentros que se vienen en la fecha FIFA por la Liga de las Naciones: 25 de septiembre como local contra Bélgica, el 28 en Turquía ante el seleccionado local, 2 de octubre en Saint-Denis frente a Francia y el 5 en casa contra los turcos.

Un caso similar al de Kouadio es el de Michael Kayode, afianzado como lateral derecho de Brentford, de padres nigerianos y que había jugado para la Sub-21 de la Azzurra. Con 22 años y pasado en Juventus y Fiorentina, puede ser un arma ofensiva importante para el equipo no sólo por sus proyecciones, con las que ya consiguió un gol en la presente Premier ante Tottenham, sino por la potencia de sus saques de banda. Algo parecido ocurrió con el también convocado Samuele Inacio (18), de Borussia Dortmund, hijo del exfutbolista brasileño Inacio Pia, a quien habían tentado para calzarse la verdeamarela pero juega para Italia desde las juveniles.

El trabajo no se acabó en retener a los que estaban más inclinados hacia la Azzurra. Mancini también convenció a Alessandro Romano, nacido hace 20 años en Winterthur que hasta ahora había representado en juveniles a Suiza, de jugar para Italia, el país de sus padres. El volante surgido de Roma y que se encuentra a préstamo en Cagliari sabe pisar el área rival con criterio, como lo demostró en el inicio de la Serie A cuando le dio el 1-0 a su equipo en la visita a Parma.

En la lista apareció incluso Massimo Pessina, arquero de apenas 18 años que ya debutó en Bologna y apunta para grandes cosas. Pero algunas de las jóvenes esperanzas tendrán que aguardar su turno. A la cabeza de ellas, Alphadjo Cissé (19), delantero de aparición fulgurante en esta temporada en Milan, que lo incorporó desde Hellas Verona. Junto a otros jóvenes de gran talento como el mediocampista Mathis Mout (Monza), de 19 años, y el extremo Seydou Fini (Frosinone), de 20, quedaron afuera de la nómina inicial para integrarse al seleccionado Sub-21, en el que seguirán formándose para, más temprano que tarde, dar el salto a los desafíos más grandes.

¿Por que Mancini puede ser la renovación si ya estuvo ahí?

Mancini está asociado al último gran logro de Italia, cuando alzó en 2021 la Eurocopa luego de superar por penales en la final a Inglaterra en Wembley. Como ese proceso también incluyó no haber podido llegar a Qatar, el ciclo se terminó en 2023, pero ahora tendrá la posibilidad de una revancha. "Lamenté mucho mi salida porque para mí la camiseta de la selección siempre fue muy importante. Perderla fue como cuando un enamorado pierde a la mujer de su vida", definió el entrenador en la primera conferencia de prensa luego de reasumir el cargo.

Los retos que tiene por delante no cambiaron tanto desde entonces, aunque ahora Italia lleva en la mochila un nuevo fracaso que hizo todavía más pesada la carga. Tendrá como fuente de consulta al experimentado Claudio Ranieri, designado director técnico de la Federcalcio. Y a su favor también sabe que todo el mundo del fútbol de Italia lo acompañará en su plan de renovación. Al menos hasta que los resultados empiecen a hacer lo suyo y, según cómo se den, a facilitar o dificultar la historia.

La Azzurra anhela que vuelvan los viejos tiempos y la esperanza, como reza el dicho, es lo último que se pierde. Son momentos para recordar que ningún seleccionado ha pasado del cielo al infierno y después regresado al cielo tantas veces como Italia. Se supo reconstruir después de que la Tragedia de Superga se llevara en 1949 a los mejores futbolistas de una generación, que tenía todo para continuar el legado de los bicampeones del mundo. En 1980 vio al fútbol de su país envuelto en el escándalo del Totonero por las apuestas clandestinas, con el joven Paolo Rossi entre los principales involucrados e impedido de jugar por dos años. El mismo Paolo que en 1982 conduciría como emblema y goleador a un equipo mágico al tercer título Mundial.

De la mano de los jóvenes, pero sin renunciar a la experiencia, Italia trabaja para volver a ser la que todos conocieron y temieron. Ya sin el Catenaccio que fue superado por la evolución táctica. Con la picardía de siempre. Con nombres y caras nuevas.

El mundo del fútbol la espera. Y la extraña.