Ganó México, pero emocionó poco e ilusionó menos

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México perfila una lista sin sorpresas (3:57)

78,497 aficionados abarrotaron el Rose Bowl de Pasadena, solidarizándose con una Selección sin coordinación


LOS ÁNGELES -- Con el marcador y la lista final pasando a segundo plano, Javier Aguirre agrega reflexiones, constataciones y calamidades. Por lo pronto, ni Alexis Vega está tan dañado de su rodilla, ni Guillermo Ochoa está tan anquilosado atléticamente. Esas dos revelaciones deben darle tranquilidad al Vasco. Dos tipos con mando.

México 1-0 Australia. Y eso porque Mohamed Touré desperdició al 45’ que el Tala Rangel salió de gira turística y abandonó el arco. Con la amplitud de la portería desguarnecida, el australiano la echó fuera.

México emocionó poco e ilusionó menos. La victoria es un refugio generoso, para que los 26 de la lista final y Javier Aguirre trabajen en su búnker paradisiaco para encarar el amistoso con Serbia.

78,497 aficionados abarrotaron el Rose Bowl de Pasadena, y mientras pudieron resucitar del sopor y los bostezos, se manifestaron solidariamente con una Selección Mexicana que manifestó intensidad, pero sin la coordinación a semana y media de debutar en la Copa del Mundo ante Sudáfrica.

Y mientras Alexis Vega dejaba en claro que físicamente está cerca de su mejor forma, y que la rodilla quisquillosa se ha plegado a sus anhelos mundialistas, otros jugadores recibieron oportunidades que terminaron desperdiciando. Orbelín Pineda, como le pasa frecuentemente, desubicado, y Luis Chávez empecinado en ser el héroe solitario en un partido de ensayo y aprendizaje.

Guillermo Ochoa entró para la segunda mitad. Fue largamente ovacionado. ¿Inoportuno el momento? Tal vez, porque dejaba la sensación de ser un castigo por el tremendo yerro de Rangel, al dejar desamparado su arco.

De inmediato Ochoa fue sometido a pruebas. El organismo de 40 años reaccionó correctamente en dos disparos australianos, y de inmediato hizo sentir la voz de mando en el área.

Después, de esos cuatro cambios en el medio tiempo (Ochoa por Rangel; Santi Giménez por Memote Martínez, Israel Reyes por Jorge Sánchez, y César Huerta por Obelín), los relevos siguieron en los minutos subsecuentes del complemento, con cinco modificaciones al 59’.

Australia, con su presunta escuela europea, haciendo eficientes coberturas defensivas, pero con problemas en la transición ofensiva, como para resolver con posición, posesión y puntería.

Esta noche de sábado, por lo pronto, en Pasadena, parecería que el algoritmo táctico de México requiere de tiempo, constancia, exigencia, creatividad y dobles jornadas de trabajo.

Al menos, eso queda claro, Javier Aguirre tiene más que definido con quiénes deberá abordar la aventura mundialista. Tal vez el remordimiento le estremezca con los primeros balbuceos de su equipo a partir del 11 de junio.

Tal vez, aunque considerando el cansancio de Australia, pero algunos bosquejos del equipo que cerró el partido, dejaron más cerca de las intenciones de juego a Javier Aguirre, especialmente porque el Chino Huerta demuestra ser más útil que Orbelín y El Piojo Alvarado. Y agréguese la armonía de ideas que pueden llegar a desarrollar, cuando estén juntos, Gil Mora y Álvaro Fidalgo. Julián Quiñones aún necesita encontrar su mejor par en la cancha. Sí, el tema es trabajo.

Ciertamente la afición se fue decepcionada. Ni siquiera encontró eco en cantos ocasionales ni en la ola, y al final, terminó animándose el tendido por pleitos aislados entre aficionados. Una desgracia pues el salvajismo.

1-0. México ganó, pero emocionó poco, muy poco e ilusionó aún menos. A semana y media del Mundial.