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México vs. Estados Unidos: Nada se compara con anotar en el Azteca

Existe en lo que puede parecer un plano mítico. Una combinación aberrante de historia, decibelios y falta de oxígeno hace que el Estadio Azteca no tenga parangón en Norteamérica. Es uno de los dos estadios en los que se ha disputado la final de la Copa Mundial dos veces, y pocos recintos futbolísticos pueden compararse ni de lejos con la cancha de México.

Las historias transmitidas a través de las generaciones de la selección masculina de Estados Unidos no hacen más que aumentar esa percepción. Y sus actuaciones allí no la disipan. En ocho partidos de eliminatorias mundialistas en un lapso de cinco décadas, Estados Unidos nunca se ha ido del Azteca, enclavado en la zona sur de la Ciudad de México, con una victoria.

"Creo que construimos la imagen de un lugar donde es casi imposible conseguir un resultado", dijo el ex delantero de la USMNT Charlie Davies. "Si lograbas un empate, era enorme. Era casi como una victoria, y para mí, era el partido que literalmente había soñado con jugar desde pequeño".

De cara al encuentro del jueves en este emblemático escenario, ambos equipos se juegan algo enorme. Estados Unidos y México llegan a la última ventana de tres partidos de eliminatorias mundialistas empatados en el segundo puesto de la tabla de la CONCACAF, y ambos tienen trabajo por hacer para asegurarse la clasificación a Qatar 2022.

Para Estados Unidos, una derrota podría dejar al equipo con un estrechísimo margen de error, con partidos contra Panamá (cuarto) y Costa Rica (quinto) por delante. El calendario restante de México (en Honduras; contra El Salvador) es más indulgente, pero una derrota sería histórica en dos frentes: Sería la primera derrota del Tri ante Estados Unidos en un partido competitivo en el Azteca, y marcaría la primera racha de cuatro derrotas en una rivalidad que se remonta a 1934.

Antes de ir al Azteca a jugar un partido de eliminatorias en 2009, varios jugadores apartaron a Davies, que entonces tenía 23 años.

"Me dijeron: 'Éste es el grande. Nunca jugarás en otro ambiente como éste'", dijo Davies. "Puede que juegues en un estadio igualmente grande. Puede que juegues ante la misma cantidad de personas, pero la hostilidad es insuperable.

"Es el único lugar en el que he jugado donde puedes gritarle a todo pulmón a alguien que está a menos de cinco metros de distancia y que no te oiga".

Davies tuvo la experiencia completa del Azteca. El equipo, dirigido entonces por Bob Bradley, voló la noche anterior al partido y los jugadores recibieron instrucciones de utilizar nombres falsos al registrarse en el hotel. La idea era mitigar las inoportunas llamadas de atención de los aficionados mexicanos, una táctica que ya se había empleado en el pasado. Aun así, un comité de bienvenida no oficial logró colarse en el lobby esa noche con bocinas de aire, y una sinfonía de bocinas de coches rodeó el hotel toda la noche.

"Era sólo para desviar la atención del partido y enfocarla en todas estas cosas", dijo Davies.

'Obligación de perfección'

A partir del resultado de 1997, todos los encuentros entre Estados Unidos y México en el Azteca por las eliminatorias mundialistas han sido competitivos. Estados Unidos aún no ha ganado allí, pero sacó tres empates en sus últimas seis visitas, y las otras tres derrotas fueron por un gol, y en dos partidos Estados Unidos convirtió primero.

"Había mucha presión", dijo el ex delantero mexicano Jared Borgetti sobre jugar contra Estados Unidos. "No tuve muchos partidos con la selección. No tenía tanta experiencia en ese tipo de eliminatorias [para el Mundial]".

Borgetti, que aún no se había enfrentado a Estados Unidos en una competición oficial antes de la eliminatoria de 2001, dijo que había una "obligación de hacer todo casi a la perfección".

Un público de 110.000 personas rugió cuando, a los 16 minutos del encuentro, Borgetti remató a la red un centro de Alberto García Aspe tras un tiro libre. Un gol que Borgetti describió como "muy difícil" de convertir.

"Los partidos que siempre tienen algo particular, algo desafiante...", agregó Borgetti. "Obviamente te dejan una linda sensación, al margen de si ganas o pierdes".

Efraín Juárez, quien jugó varios partidos claves contra Estados Unidos, recuerda que la edición de 2009 "no fue un partido normal" después de que él y sus compañeros se vieran desayunando por televisión nacional mientras las cámaras de un helicóptero enfocaban el hotel del equipo.

'Demasiado cansado para celebrar'

Se habla mucho sobre la altitud de la Ciudad de México. A más de 2200 metros sobre el nivel del mar, no hay una solución perfecta para prepararse adecuadamente para el efecto que la relativa falta de oxígeno causa en los pulmones no acostumbrados.

Antes del viaje al Azteca en 1997, el entrenador de Estados Unidos, Steve Sampson, se puso creativo. El equipo pasó dos semanas cerca de Big Bear Lake, en las montañas de San Bernardino, en las afueras de Los Ángeles, que se encuentra a una altitud similar a la de la Ciudad de México. Por la noche y por la mañana, los cuerpos de los jugadores se aclimataban de forma natural, pero también viajaban dos horas en autobús a la ciudad de San Bernardino cada día para entrenar en un entorno caluroso y lleno de smog, otro ejercicio realizado para imitar las condiciones que experimentarían en el Coloso de Santa Úrsula.

"Es imposible decir que no ayudó, seguramente habremos sacado algún provecho de eso", dijo el ex delantero de USMNT, Eric Wynalda. "Esa fue la única explicación por la manera en la que fuimos capaces de correr tanto tiempo y con tanta velocidad como lo hicimos, porque habíamos pasado dos semanas en el infierno".

En ese punto, el equipo de los Estados Unidos había jugado de visitante contra México 19 veces, incluyendo partidos competitivos y amistosos. Tenían una marca 0-19-0.

Wynalda arrancó el partido de 1997 en la izquierda del mediocampo, pero tuvo que pasar a la defensa cuando Jeff Agoos fue expulsado en el primer tiempo. Después de una serie de jugadas que requirieron que Wynalda corriera al ataque, y después regresar abajo, estaba agotado.

"Corro, toco la pelota fuera de límite. Regresé al poste, miré [al arquero Brad] Friedel y me lancé a sus pies", dijo Wynalda. "Su respuesta fue, 'bien, ahora juegas con Waldo'. Le dije que odiaba lo que estaba sucediendo. En ese lugar el mareo era impresionante y sentías que no podías respirar.

Wynalda fue sustituido en el minuto 71 - con el partido bloqueado en 0-0 - y mientras trotaba para salir de la cancha, sus compañeros le sugirieron que caminara. Necesitaban aprovechar cada segundo que tenían para recuperar el aire. Los estadounidenses despidieron el empate 0-0 para quedarse con su primer punto de clasificación en México.

"Cuando fuimos al vestuario - con un resultado increíble - estábamos demasiado cansados para celebrar", dijo Wynalda. "Sabíamos que habíamos hecho algo que no se había podido lograr antes, pero también estábamos felices de que ya había terminado".

'No quiero desperdiciar oxígeno por ti'

Davies es uno de los cinco estadounidenses en anotar un gol clasificatorio del mundial en el Azteca. Para él, el gol se ubica en el momento culminante de su carrera.

Tim Howard pateó la pelota con un tiro largo al mediocampo. La pelota pasó a Landon Donovan en el círculo central y después de un toque alrededor de un jugador de El Tri, siguió con un lanzamiento en diagonal hacia el espacio para Davies. Después de dos toques limpios, superó a Guillermo Ochoa al poste.

Juárez, ahora un entrenador asistente de New York City FC, era el defensor mexicano encargado de marcar a Davies.

"Avanzó y no pudimos detenerlo porque era muy veloz", dijo Juárez, quien más tarde en ese partido iba a participar de la asistencia para el gol ganador.

"Me sentí teletransportado fuera de mi cuerpo. Fue una experiencia extra sensorial", dijo Davies. "Siempre había tenido ese objetivo en mi mente de algún día poder jugar en este partido, y aquí estoy, en el Azteca, con toda la historia de todos los futbolistas que han jugado en esta cancha y con la posibilidad de anotar para mi país.

El público ensordecedor, quedó en silencio. Davies fue al córner para celebrar, pero sólo Bradley se le sumó antes de que comenzaran a caer botellas, monedas y todo tipo de cosas.

"En el descanso, recuerdo que me acerqué a [Oguchi Onyewu] y él me dijo, 'Oye, ¿Por qué no te acercaste a celebrar?'. Y Davies dijo, '¿es broma? No voy a desperdiciar oxígeno por ti'".

Pero el escuadrón estadounidense pronto se deshizo en medio del calor de la tarde, con Israel Castro igualando en el descanso. Luego, en el minuto 82, llegó el momento de redención de Juárez cuando agarró un pase desviado de Miguel Sabah para el gol ganador. El grito de los 105,000 fans presentes fue algo que Juárez nunca olvidará.

"He jugado durante muchos años. Muchos partidos importantes con los estadios repletos, pero ese gol fue especial porque el sonido del público fue una locura".

Juárez recuerda pasar al lado de un Donovan exhausto, quien había intentado detenerlo en su avanza hacia el arco.

"Sé cómo te sientes cuando no estás acostumbrado [a esas alturas]. Vi su cara, unos dos o tres minutos antes, le estaba costando", dijo Juárez, imitando la manera en la que Donovan estaba intentando tomar aire.

Como es el caso cada vez que hay un triunfo importante contra USMNT, los fanáticos de México festejaron por la noche y se reunieron en el afamado monumento Ángel de la Independencia. Y a pesar de haber ayudado a que México se asegurara un lugar en el Mundial de 2010, Juárez se retiró temprano.

"Mis padres me buscaron en el Azteca", dijo Juárez, riendo. "A las 9:30 estaba en la cama mirando televisión".