Manchester United: lo que Ferguson dejó y nadie pudo reconstruir en la Premier

Manchester United lleva más de una década intentando responder una pregunta que, con el paso del tiempo, parece haber sido mal formulada: ¿quién podía ser el sucesor de Sir Alex Ferguson? ¿Qué persona podía tener tantos atributos como para liderar a los Diablos Rojos y sostenerlos en lo más alto del fútbol inglés y europeo? Desde que el entrenador escocés se retiró en 2013, a los 71 años, el club contrató entrenadores de perfiles muy diferentes, gastó fortunas en fichajes de futbolistas y modificó varias veces su estructura dirigencial. Sin embargo, nunca consiguió recuperar la dimensión competitiva que había tenido durante casi tres décadas.

Con el paso de los años, el recuerdo de aquella era dorada mutó: lo que al principio funcionaba como un faro de inspiración terminó convirtiéndose en una sombra amenazante, una presencia casi mitológica que proyectaba inseguridades y sofocaba cualquier intento de empezar de nuevo. Quizás el problema no haya sido encontrar al hombre capaz de reemplazar a Ferguson. Quizás haya sido intentar reemplazar a un hombre cuando lo que Manchester United necesita es reconstruir el sistema que ese hombre había creado.

La diferencia no es menor. Ferguson no dejó solamente 13 títulos de Premier League, dos coronaciones en la Champions League y una colección interminable de récords. Dejó una estructura deportiva que había aprendido a renovarse, una cultura competitiva, una cantera integrada al primer equipo, una política de incorporaciones capaz de combinar grandes inversiones con el desarrollo de juveniles y, sobre todo, un modo de gestión que le permitió atravesar diferentes épocas sin que el club perdiera su capacidad para competir.

Los 13 años posteriores al retiro muestran qué difícil resultó reproducir todo eso.

Ferguson no construyó un solo Manchester United

Una de las claves para entender la dimensión de la obra de Ferguson es que no construyó un único equipo. El Manchester United que ganó el triplete en 1999 era muy diferente del que conquistó la Champions en 2008, y aquel conjunto tampoco era el mismo que ganó la Premier League 2012-2013, en su última temporada en Old Trafford. Cambiaron los jugadores, los rivales, las tendencias tácticas y las exigencias del fútbol europeo, pero hubo determinadas características que permanecieron inalterables.

En distintas biografías sobre Ferguson aparecen asociadas a sus equipos palabras como pasión, deseo, potencia, valentía y habilidad. No eran solamente atributos individuales de los futbolistas, sino rasgos que el entrenador intentaba preservar aun cuando modificaba profundamente sus planteles. A todo eso, el técnico le sumaba una capacidad de observación que le permitía detectar hábitos de entrenamiento, estados de ánimo y comportamientos, una enorme velocidad para tomar decisiones ante la adversidad y una habilidad extraordinaria para gestionar personas, el célebre man-management que se convirtió en una de las marcas de su carrera.

Después de una temporada 1994-1995 sin títulos, Ferguson decidió desprenderse de tres futbolistas importantes, Mark Hughes, Paul Ince y Andrei Kanchelskis, y entregó un espacio decisivo a un grupo de jugadores surgidos de las divisiones inferiores que había ganado la FA Youth Cup de 1992. Ryan Giggs, David Beckham, Paul Scholes, Gary Neville, Phil Neville y Nicky Butt fueron los nombres centrales de aquella generación, conocida como la “Class of ‘92”.

Después de la derrota 3-1 ante Aston Villa en el comienzo de esa temporada 1995-1996, el exdefensor y entonces analista de la BBC Alan Hansen pronunció una frase que se convertiría en una de las más recordadas de la historia de la Premier: “Nunca ganarás nada con los niños” (“You'll never win anything with kids”, en inglés). ¿Seguro, Hansen? Los Red Devils respondieron de la mejor manera posible. Se mantuvieron invictos durante los siguientes diez partidos de liga y terminaron conquistando el doblete de Premier League y FA Cup.

Algunos de aquellos jóvenes serían protagonistas del histórico triplete de 1999, mientras que Giggs y Scholes permanecerían en el club hasta el retiro de Ferguson en 2013. La importancia de aquella generación excede, entonces, la habitual reivindicación de la cantera. Ferguson los incorporó al proyecto porque creyó que podían formar parte de un equipo capaz de ganar inmediatamente, aun cuando la decisión implicara desprenderse de futbolistas consagrados.

Tampoco fue un entrenador que rechazara las grandes inversiones. Durante su gestión, los Diablos Rojos gastaron fortunas para incorporar a estrellas como Roy Keane, Andy Cole, Juan Sebastián Verón o Rio Ferdinand. La cantera y el mercado no eran caminos opuestos: eran herramientas diferentes dentro de una misma estructura.

Ferguson tampoco ganó en una Premier sin grandes rivales

Otro elemento que ayuda a dimensionar su legado es la calidad de los entrenadores a los que debió enfrentarse. Ferguson compitió por títulos contra Kenny Dalglish y el Blackburn Rovers campeón de 1994-1995, contra el Newcastle de Kevin Keegan, contra el Arsenal de Arsène Wenger y durante años protagonizó una de las grandes rivalidades de la Premier contra el Chelsea de José Mourinho. Cada uno de esos equipos representó una amenaza diferente y obligó al Manchester United a adaptarse.

Ferguson no consiguió sus 13 títulos en un escenario estático, sino mientras cambiaban sus competidores y aparecían nuevas generaciones de futbolistas y entrenadores. Esa capacidad de adaptación es tan importante para entender su éxito como la cantidad de trofeos que acumuló.

En Europa, de todos modos, el propio Ferguson consideraba que podía haber conseguido más. Ganó dos Champions League, en 1999 y 2008, pero perdió otras dos finales, ambas contra Barcelona, dirigido por Pep Guardiola, en Roma en 2009 y en Wembley en 2011. El dato adquiere otra dimensión cuando se observa lo que sucedería pocos años después: Guardiola terminaría convirtiéndose en el entrenador del Manchester City.

Ferguson se retiró después de conquistar su 13ª Premier League y dejó un equipo campeón, pero no dejó un sucesor capaz de continuar su obra. David Moyes fue el elegido para ocupar su lugar, pero duró menos de una temporada. Después llegaron Louis van Gaal, José Mourinho, Ole Gunnar Solskjær, Ralf Rangnick, Erik ten Hag y Rúben Amorim, mientras que el club también recurrió a interinos como Ryan Giggs, Ruud van Nistelrooy, Darren Fletcher y Michael Carrick, éste en dos ocasiones.

Ningún entrenador logró permanecer tres años consecutivos en el cargo. El problema, entonces, no fue simplemente la sucesión de nombres, sino la sucesión de proyectos: cada técnico llegó con una filosofía distinta, necesidades diferentes para su plantel y una idea particular sobre qué deseaba construir.

La trampa de buscar el ADN del Manchester United

Ante cada crisis, Manchester United tendió a mirar hacia atrás. La elección de varios exjugadores como entrenadores interinos o permanentes tuvo, en parte, ese componente simbólico: Giggs, Solskjær, Van Nistelrooy, Fletcher y Carrick conocían el club, habían jugado en Old Trafford y podían representar una conexión con la época de Ferguson. Pero conocer la historia de los Red Devils no significa necesariamente saber reconstruirla. Esa es precisamente una de las discusiones que The Guardian introdujo al cuestionar la idea de un supuesto “ADN del United” que pudiera recuperarse simplemente contratando a alguien que conociera la cultura del club.

La tradición no alcanza para explicar el éxito. Tampoco alcanza el dinero, el tamaño de la hinchada o el prestigio de la camiseta. Lo que convirtió al United de Ferguson en una potencia fue la capacidad de tomar buenas decisiones durante un período extraordinariamente prolongado y sostenerlas aun cuando las circunstancias cambiaban. La nostalgia puede recuperar símbolos, pero no necesariamente puede recuperar un funcionamiento.

La política de incorporaciones fue uno de los síntomas más evidentes del problema. Manchester United invirtió cifras enormes en jugadores como Paul Pogba, Romelu Lukaku, Jadon Sancho y Antony, pero muchos de esos fichajes no terminaron consolidándose como soluciones a largo plazo. Al mismo tiempo, futbolistas formados o desarrollados en el club, como Scott McTominay, Anthony Elanga y Dean Henderson, encontraron contextos favorables para crecer o rendir fuera de Old Trafford.

El problema no era gastar mucho. Ferguson había gastado muchísimo y había utilizado el poder económico del club. La diferencia estaba en que las grandes inversiones formaban parte de una estructura que también podía producir jugadores, renovar planteles y adaptarse a las necesidades. En el United posterior a “Sir Alex”, muchas veces pareció ocurrir al revés: primero aparecía el fichaje estelar y después había que encontrar el proyecto en el que aquel futbolista pudiera encajar.

En 2022, Ralf Rangnick utilizó una expresión particularmente gráfica para describir la situación: la institución necesitaba una “cirugía a corazón abierto”. Años después, The Guardian retomó esa metáfora al cuestionar si realmente se había producido una intervención estructural o si la dirigencia apenas había conseguido colocar un “marcapasos” o un dispositivo de emergencia sobre un problema mucho más profundo.

Manchester United buscaba cómo seguir mientras Manchester City dominaba

El contexto también mutó después del retiro de Ferguson. El Manchester City había sido adquirido en 2008 por Abu Dhabi United Group y en 2016 incorporó a Pep Guardiola, una combinación que terminó modificando el equilibrio de poder de la ciudad y de la Premier.

La historia tiene una carga simbólica particularmente fuerte. Guardiola había sido el entrenador que derrotó dos veces al United de Ferguson en las finales de Champions de 2009 y 2011. Pocos años después, se convirtió en el entrenador del rival de la misma ciudad y construyó uno de los proyectos más dominantes del fútbol contemporáneo. La comparación actual entre el escocés y el catalán puede ser apasionante, pero también ayuda a observar el cambio de época que atravesó la Premier: los Red Devils que Ferguson dejó ya no competían en el mismo escenario que habían dominado durante buena parte de la historia de “Sir Alex”.

José Mourinho, uno de los grandes entrenadores de su generación, contó recientemente que pudo haber sido el sucesor de Ferguson antes de elegir continuar su carrera en Chelsea. Cuando llegó a Old Trafford, en 2016, el club llevaba tiempo intentando hallar una dirección concreta y “Mou” tampoco encontró la fórmula del éxito. La crisis terminó adquiriendo una dimensión que ya no podía explicarse solamente por la elección de un entrenador.

Manchester United terminó 15° en la Premier 2024-2025, su peor posición en la era de la competición, y quedó fuera de las competiciones europeas para la temporada siguiente. El entrenador Erik ten Hag duró apenas hasta fines de octubre de ese 2024, Ruud van Nistelrooy tuvo un interinato de dos semanas y Rúben Amorim asumió en noviembre. Un equipo que durante décadas había competido simultáneamente por la Premier, copas nacionales y los grandes trofeos europeos había llegado a tener una temporada con una cantidad extraordinariamente reducida de partidos.

La llegada de Sir Jim Ratcliffe y de INEOS abrió una etapa diferente en Manchester United, aunque todavía sea demasiado pronto para determinar si representa realmente el cambio estructural que el club necesita. Ratcliffe no compró el club en su totalidad. INEOS adquirió una participación minoritaria que le otorgó una posición cercana al 28 por ciento y, fundamentalmente, el control de las operaciones futbolísticas. La familia Glazer continuó siendo accionista mayoritaria, pero Ratcliffe pasó a tener responsabilidad directa sobre el área que más había sufrido durante la década posterior a Ferguson.

La modificación no consiste solamente en disponer de dinero para comprar jugadores. INEOS incorporó a Omar Berrada como CEO y a Jason Wilcox como director de fútbol, con la intención de distribuir responsabilidades y profesionalizar las decisiones deportivas. La idea es que el funcionamiento del club no dependa exclusivamente de la personalidad del entrenador de turno, sino de una estructura, con responsables definidos para el reclutamiento, la planificación y la gestión del fútbol. Ese punto es especialmente importante. Representa, al menos en teoría, exactamente aquello que Manchester United no consiguió construir después de Ferguson. Pero todavía existen razones para mantener el interrogante abierto. La gestión de INEOS también acumuló decisiones controvertidas. La pregunta es si finalmente podrá convertir ese discurso en una estructura estable.

Carrick contecta el pasado e ilusiona a Manchester United

En ese escenario aparece ahora Michael Carrick, y su caso merece una consideración especial. Fue jugador del United de Ferguson, disputó 464 partidos con el club entre 2006 y 2018, se coronó en la Champions de 2008 y ganó en cinco ediciones de la Premier. Además, se unió a los cuerpos técnicos del equipo de Old Trafford apenas colgó los botines: primero con Mourinho y especialmente con Solskjær. Luego de su segundo interinato, en 2026, quedó al mando del equipo. Conoce desde adentro aquella cultura que el club intenta recuperar, pero además acaba de conseguir algo que muchos de sus antecesores no pudieron: resultados. Los benditos resultados.

Carrick tomó el equipo a principios de 2026 en una situación complicada y consiguió 12 victorias, tres empates y dos derrotas en 17 partidos de Premier League, con 39 puntos sobre 51 posibles (76,5% del ideal). El brutal repunte llevó al Manchester United hasta el tercer puesto y le permitió regresar a la Champions League. El club decidió convertir esa experiencia en una apuesta de largo plazo y Carrick fue confirmado como entrenador, con contrato hasta 2028.

Su historia resulta interesante precisamente porque puede evitar una interpretación demasiado nostálgica. Carrick no necesita ser “el nuevo Ferguson” ni, tampoco, la prueba de que el famoso ADN del United puede recuperarse simplemente recurriendo a un hombre formado en la casa. Su verdadero desafío será demostrar que puede ganar mientras forma parte de una estructura que, esta vez, debería ser capaz de sobrevivir incluso si algún día deja el cargo.

Rescatar al equipo durante 17 partidos es una cosa. Construir el de los próximos años es otra muy diferente. La transformación que pretende impulsar el club tampoco termina en el entrenador o en las oficinas.

Manchester United anunció el proyecto de un nuevo estadio con capacidad para 100.000 espectadores, que será construido en las inmediaciones del mítico Old Trafford y formará parte de un proyecto de regeneración más amplio de la zona. La dimensión del proyecto excede ampliamente la construcción de una cancha: el club está proyectando su futuro literalmente al lado del escenario en el que Ferguson construyó buena parte de su legado. Puede que sea una metáfora casi perfecta.

Ésa es otra de las tensiones que atraviesan al United actual. El club debe preservar aquello que lo convirtió en uno de los más importantes del mundo, pero también necesita aceptar que el fútbol y el negocio cambiaron y que reproducir exactamente el pasado puede ser tan peligroso como ignorarlo. El nuevo estadio, INEOS, la reorganización de la estructura deportiva, la llegada de Carrick, el regreso a la Champions en 2026-2027 y la reconstrucción de su plantel forman parte de una misma pregunta: ¿Manchester United está intentando ser nuevamente el club que era o está procurando construir el club que necesita ser?

¿Y si Manchester United no necesita otro Ferguson?

Durante años, la tentación fue buscar al hombre que pudiera devolverle a la institución aquello que había perdido desde que Ferguson decidió su retiro. Cada ciclo terminó generando otra reconstrucción. Y otra. Y otra. Quizá la conclusión de estos 13 años sea precisamente la contraria: Manchester United no necesita otro Ferguson. Necesita una estructura capaz de funcionar sin Ferguson.

El escocés fue extraordinario no solamente porque ganó 13 veces la Premier, dos Champions y decenas de títulos, sino porque consiguió que equipos completamente diferentes conservaran una misma capacidad competitiva. Supo renovar planteles, promover juveniles, comprar estrellas, superar a entrenadores extraordinarios, gestionar vestuarios complejos y tomar decisiones difíciles sin perder el control de la institución. Eso es mucho más difícil de reemplazar que un entrenador.

Y probablemente también explique por qué la discusión sobre el “ADN del United” resulta insuficiente. No hay una fórmula mágica escondida en Old Trafford ni un conjunto de exjugadores que pueda devolver automáticamente los años de gloria. La historia puede ofrecer referencias, pero no reemplaza las decisiones. Reconstruirse exige, en primer lugar, perderle el miedo al pasado de gloria. Dejar de mirar a Ferguson como un Dios de un Olimpo inalcanzable ante el cual toda gestión parece diminuta. Y al mismo tiempo, tenerlo como faro para una nueva historia que inevitablemente será distinta a la que lideró el escocés.

Los Red Devils vuelven ahora a competir en la Champions, tienen a Carrick como entrenador, cuentan con una nueva estructura dirigida por INEOS, trabajan sobre la renovación de su plantel y proyectan un estadio de 100.000 espectadores. Son movimientos importantes y, por primera vez en mucho tiempo, pueden ser leídos como partes de un mismo proceso. Pero todavía queda la prueba decisiva.

Todavía no se sabe si todos esos cambios iniciados y proyectados alcanzarán para devolver a la institución a la cima. Aun así, con esa incertidumbre, quizás la reconstrucción empiece cuando el club deje de preguntarse quién puede ser el próximo Ferguson y priorice qué Manchester United quiere construir después del paso de ese hombre cuyo legado a veces proyecta un brillo estimulante y, en otras, obliga a cerrar los ojos ante tanto brillo.

TÍTULOS DE MANCHESTER UNITED - COMPARACIÓN

La era de Alex Ferguson (1986–2013)

  • Premier League: 13.

  • UEFA Champions League: 2.

  • FA Cup: 5.

  • EFL Cup / League Cup: 4.

  • Mundial de Clubes / Intercontinental: 2.

  • Recopa y Supercopa de Europa: 2.

  • Community Shield: 10.

La era post Ferguson (2013-2026)

  • Premier League: 0.

  • UEFA Champions League: 0.

  • UEFA Europa League: 1 (2016-2017).

  • FA Cup: 2 (2015-2016, 2023-2024).

  • EFL Cup / League Cup: 2 (2016-2017, 2022-2023).

  • Mundial de Clubes / Intercontinental: 0.

  • Recopa y Supercopa de Europa: 0.

  • Community Shield: 2.