Leandro Paredes besó el escudo de Boca Juniors de su camiseta y miró hacia los hinchas xeneizes que habían viajado al Maracaná. Acababa de marcar, a los 88 minutos, el gol que selló el 3-1 ante Vasco da Gama y, con ello, la clasificación a la final de la Copa Sudamericana. Un partido que se disfrutará en vivo por el Plan Premium de Disney+.
En una noche que parecía encaminada hacia una definición dramática, el capitán apareció con un derechazo desde afuera del área y desató el festejo de un equipo que necesitaba recuperar su lugar entre los protagonistas del continente. “Leo” había regresado de una lesión muscular en tiempo récord, quería jugar desde el comienzo y debió esperar su oportunidad en el banco. Cuando entró, resolvió la serie. El beso al escudo completó la escena: no solo la emoción por un gol agónico, también la identificación de un futbolista que siente la responsabilidad de representar al club. El tanto ante Vasco da Gama cerró, además, un recorrido internacional con una particularidad: Paredes había convertido en el debut de Boca en la Libertadores 2026, como visitante ante Universidad Católica, y volvió a hacerlo en el partido que aseguró su lugar en la final de la Sudamericana.
Entre ambos goles hubo una eliminación, lesiones, cambios de escenario y de entrenador. También se consolidó una certeza: Boca tenía en el campeón del mundo una referencia futbolística y emocional.
Paredes, el conductor que cambia el juego de Boca
La influencia de Paredes empieza en su capacidad para ofrecerse como opción de pase y darle sentido a la circulación. Su ubicación, la lectura de los espacios y la precisión de su pegada le permiten conectar a los defensores con los mediocampistas y los atacantes. Boca encuentra en él una referencia para iniciar las jugadas, superar líneas con pases y decidir cuándo conviene acelerar o conservar la pelota.
No se trata solamente de cuánto participa, sino de las alternativas que genera para sus compañeros. Encontrarlo en el centro del campo permite salir de una presión, cambiar la dirección de un ataque o evitar que la elaboración dependa exclusivamente de los envíos largos o las acciones individuales. La diferencia también fue reconocida por Pedro Emanuel, entrenador de Vasco da Gama.
“Sabemos que Boca es diferente con Paredes y sin él. Boca quiere más el balón cuando Paredes está dentro, y en el único momento en que lo liberamos, marcó el gol que decidió una semifinal”, declaró después de la eliminación.
La frase resume las dos dimensiones de su aporte: Paredes ayuda a que Boca controle el juego y, al mismo tiempo, puede resolver una jugada por sí mismo. Su trayectoria europea y su experiencia con la Selección Argentina respaldan ese perfil. Si bien ese recorrido no garantiza resultados, le otorga herramientas para interpretar los partidos y asumir responsabilidades cuando el margen de error se reduce.
Un capitán que predica con el ejemplo
El liderazgo de Paredes también se construye a través de sus decisiones. A fines de mayo, en el partido ante Universidad Católica que terminó con la dolorosa eliminación de Boca de la Libertadores, sufrió una molestia muscular en el isquiotibial derecho y completó los 90 minutos. El diagnóstico posterior de desgarro encendió las alarmas: faltaban poco para el comienzo del Mundial 2026. Es decir que Paredes arriesgó su preparación para la Copa del Mundo en una noche en la que Boca se jugaba su continuidad en el principal torneo continental. Su intervención no alcanzó para evitar la eliminación, pero dejó una señal sobre su manera de sentir la camiseta.
Meses después, volvió a enfrentarse a una situación límite. El 9 de octubre, ante Instituto, sufrió otro desgarro en el isquiotibial derecho. La lesión parecía dejarlo afuera de las semifinales de la Sudamericana y su ausencia se sintió en la derrota 0-1 en La Bombonera. Boca debía remontar el resultado en el Maracaná, y Paredes trabajó para regresar apenas once días después. Quería jugar desde el comienzo, pero su entrenador, Rodolfo Arruabarrena, optó por reservarlo en el banco y darle ingreso en el segundo tiempo. “Ha sido una semana difícil por todo lo que se habló sobre su lesión. Obvio que el resultado te da la razón, pero fue una decisión difícil dejarlo fuera de los once”, explicó el entrenador.
“Entendí que su mejor momento para ingresar era el segundo tiempo. Lo importante es que no sintió nada, hizo un gran esfuerzo. Es un capitán y un líder, y hoy lo demostró más allá del gol. Solo tengo palabras de elogio”, agregó “el Vasco”. La decisión tuvo un desenlace ideal, pero el liderazgo no se mide solo por el gol. También apareció en la voluntad de estar disponible para una instancia decisiva y en la disposición a aceptar el criterio del entrenador. Arruabarrena administró un riesgo físico real y Paredes respondió cuando llegó su oportunidad. Ese compromiso no significa que jugar lesionado deba convertirse en una obligación ni que los compañeros tengan que imitar sus riesgos físicos. La vara que establece es otra: prepararse para estar a la altura, asumir responsabilidades y no especular con el esfuerzo. Dar siempre el máximo.
Paredes establece la vara para todo Boca
En un vestuario, el liderazgo no depende solo de las palabras ni de la cinta de capitán. También se construye con conductas que los demás observan. Cuando un campeón del mundo trabaja contrarreloj para llegar a jugar un cruce de semifinales y se pone a disposición del equipo, su ejemplo puede elevar la exigencia colectiva. No hace falta atribuirle a Paredes todo lo que Boca hizo para clasificarse. El equipo tuvo que remontar la derrota de la ida, sostenerse cuando Vasco da Gama reaccionó y construir las condiciones para llegar con vida a los minutos finales.
Pero contar con un futbolista capaz de ordenar el juego y decidir una serie es una ventaja que se vuelve visible en noches como la del Maracaná. La repercusión entre sus pares acompañó la dimensión de la actuación. Neymar, con quien compartió equipo en el PSG, lo felicitó en redes sociales. En la misma sintonía, Cristian “Cuti” Romero, compañero y nuevo capitán de la Selección Argentina, reaccionó en Instagram al festejo con una frase contundente: “Leandrooooooooo, qué jugador, por favor”. Son muestras de reconocimiento, aunque la prueba más importante de su influencia está en la cancha.
Paredes y Boca, de un gol al otro
Los goles de Paredes en los extremos de la campaña internacional de Boca permiten leer su recorrido de otra manera. El primero llegó en el debut en la Libertadores; el segundo, en el partido que depositó al equipo en la final de la Sudamericana. Entre uno y otro, Boca atravesó una eliminación, cambios de escenario y una semifinal en la que su capitán volvió a poner el cuerpo para estar presente.
Paredes no es la explicación única de la clasificación, pero sí una de sus referencias centrales: puede darle orden a la posesión, ayudar a que sus compañeros encuentren mejores soluciones y asumir la responsabilidad cuando el partido entra en su momento límite. El beso al escudo fue la imagen de un vínculo. El derechazo que sorprendió a Léo Jardim, la prueba futbolística. Boca necesitaba un capitán que pudiera hacerse cargo de la pelota y de las decisiones, pero también uno cuyo compromiso funcionara como referencia para el grupo.
La final de la Sudamericana, en Barranquilla, exigirá que ambas dimensiones vuelvan a encontrarse. Porque Paredes puede cambiar un partido con un pase exquisito o con un potente remate de gol. Ahora, su desafío y el de Boca es convertir esa influencia en el último paso hacia un título continental.
