El único campeón colombiano de CONMEBOL Sudamericana cerró un trauma pesado en una cancha en la que lastimó su orgullo en 2021. Fue la vez de la eliminación de Libertadores ante River Plate con el mediocampista Enzo Pérez de arquero. Esa derrota 2-1 en Buenos Aires pasó del out of context a un recuerdo incómodo que traicionó la esencia cardenal de garra y corazón.
Santa Fe volvió al mismo lugar para esa redención profunda. Miró a la responsabilidad a los ojos. Salió de pie. Se repuso a las lesiones, al 0-0 de la ida de Bogotá en la que su dominio se minimizó por la falta de definición, al gol de Sebastián Driussi que invocó sensaciones negativas y a tres penales errados con la pelota ardiendo.
Con su ley enterró esa frustración. Reparó su mística internacional con el sufrimiento por delante. Bajo la angustia se refugió en la última dosis de coraje. Le alcanzó para clasificar a los cuartos de final y de paso defender el prestigio del fútbol colombiano que sigue en competencia por un título afuera.
"Creo que lo que estamos haciendo con este grupo es histórico", lanzó el capitán Hugo Rodallega.
La jerarquía del rival, la imponencia del Monumental y la dramática tanda de 22 penales engrandecerán esta conquista albirroja en Argentina.
"Merecido por el esfuerzo, porque peleamos, porque quisimos", añadió el técnico Pablo Repetto.
En su tercer partido internacional su arquero suplente Weibmar Asprilla detuvo un penal y anotó el suyo. El definitivo, el último. El que dejó a Santa Fe en paz con su mística.
Su tradición cada día tiene más aura.
