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Se trata del mexicano Andrés Guardado y el español Gabi Fernández.
Las oportunidades de gol en el encuentro entre PSV y Atlético de Madrid llegaron a cuentagotas y por rachas hasta que el cuadro holandés se quedó con 10 por la expulsión de Pereiro.
Desde entonces, la escuadra local apostó todo al 0-0 y lo consiguió con un trabajo impecable de la defensa, que jugó como quiso con la desesperación del equipo de Diego Simeone.
Pero la mayor parte del encuentro fue un choque de fuerzas, sobre todo en la media. La cautela imperó en el plan de ambas escuadras, que invirtieron mucha enegía en cuidar sus porterías y que sólo se aventuraban a buscar el área contraria a base de contragolpes o balonazos.
En ese duelo táctico, resaltó el trabajo de Andrés Guardado. El juego del PSV, ya sea saliendo de atrás con el balón dominado o a la contra, pasa por los pies del mediocampista mexicano.
Habitualmente, Guardado es quien distribuye y pone las pausas en el juego de su equipo, pero ante un rival que se repliega de inmediato en cuanto pierde un balón su relevancia es más notoria.
El mexicano fue clave en la creación, con mucho cambio de juego y buscando constantemente a Nasring en la banda. El problema para el PSV, es que no había quien rompiera la barrera defensiva en la última línea Atlético de Madrid. Por mucho que Guardado y Propper presionaran e interceptaran pases en la media, el PSV apenas se acercó con peligro al área de Oblak en una ocasión.
Guardado, que volvía a la acción después de casi tres semanas de baja debido a una lesión en el muslo, aguantó 75 minutos. Para entonces, PSV se había quedado hacia rato con 10 y se había encerrado en su cancha. Pese a ello, Andrés les daba una alternativa para salir en busca de Oblak y en el momento que abandonó la cancha se acabaron los intentos de los hombres de Phillip Cocu por llegar al área contraria y se dedicaron a mantener a raya a los rivales.
Igual de importante resultó Gabi para el equipo visitante, pues era el único que daba circulación al balón desde atrás y quien mantenía el equilibrio entre ataque y defensa, como de costumbre. Aunque por momentos necesitó que Koke y Saúl ayudaran con la presión cada vez que Propper o Van Grinkel intentaban subir, hizo todo lo posible por mantener el control de su zona.
En general, Gabi realizó un trabajo efectivo en la recuperación en el centro del campo y acertó más de lo que erró en la distribución de juego, aunque en su estilo temerario, estuvo a punto de poner a su equipo en problemas, cuando el PSV reclamó un penal sobre Locadia, aunque el capitán había entrado limpio por el balón.
Influyó mucho más en ataque, abriendo espacios y buscando constantemente a Oliver Torres para que conectara con los delanteros durante la primera mitad, y poniendo un centro tras otro, incluso intentándolo con un disparo de media distancia en la segunda.
El Atlético de Madrid se apropió de la cancha en cuanto se vio en superioridad numérica. El problema que le sigue fallando la definición. No importó que Simeone enviara a lo que le quedaba en el arsenal ofensivo a la cancha en los últimos quince minutos y que Gabi no permitiera que el balón cruzara la cancha hasta la recta final; Torres y Correa ofrecieron pocas soluciones y Griezmann terminó por desaparecer.
