Bayern y Arsenal: dos caras del legado de Guardiola en Champions

play
Arsenal festejó los tres puntos sobre el final (0:46)

Pep Guardiola se puso como objetivo revolucionar la Premier League cuando llegó a Manchester City en 2016, pero para ello primero debía conocer los secretos y las mañas que caracterizaron la liga inglesa a nivel cultural. Para ello, se escudó en dos figuras fundamentales de sus años iniciales: el capitán Vincent Kompany, que ya contaba con 8 años de experiencia en el club, y su nuevo asistente Mikel Arteta, recientemente retirado luego de más de una década representando a Everton y Arsenal.

Luego de una complicada primera temporada, el cambio fue inmediato: primero su equipo rompió el récord histórico de puntos en un curso, y luego acaparó todos los títulos nacionales, sumando la FA Cup y la Copa de la Liga al campeonato inglés. La sociedad terminaría rápido, con el regreso del belga a su país y la salida del vasco para comenzar su carrera como técnico en 2019, pero los cimientos estaban bien instalados. Y hoy, Kompany y Arteta comandan a dos de los mejores clubes de Europa, Bayern Munich y Arsenal, con estilos que contrastan fuertemente entre sí y chocarán en una nueva fecha de la fase liga de la Champions League.

Arteta: cambiar para seguir arriba

El exvolante fue el primero de los dos en asumir al frente de un primer equipo a mediados de la temporada 2019/20, y no pudo elegir un desafío más complicado. Arteta regresó a un Arsenal en una situación mucho peor de la que había dejado tres años antes, a la deriva en lo futbolístico, institucional y actitudinal. De inmediato buscó aplicar los conceptos que había aprendido en sus años junto a Pep, y en principio los resultados fueron inmediatos: la absorción de la presión con la salida desde el fondo fue la clave detrás de la inesperada FA Cup de ese primer año.

Sin embargo, la evolución llevó más tiempo de lo que ese triunfo inicial suponía, a medida que el español debió hacer grandes cambios en la composición del equipo para terminar la adaptación a su sistema. El progreso fue lento, pero consistente: a dos octavos puestos al hilo les sigiuió un salto al quinto lugar, y el arribo de efectivos clave como el delantero Gabriel Jesús y Oleksandr Zinchenko, un lateral izquierdo con un rol libre por todo el ataque, le otorgaron al equipo un dinamismo que lo volvió a hacer competir por la Premier League y despertó admiración de los neutrales.

Arteta supo mantener los estándares de su Arsenal en las temporadas posteriores, pero año a año aquel Manchester City que ayudó a construir demostraba ser un rival demasiado impenetrable, que intentaba las mismas cosas que ellos pero tenía más trabajo, mejores efectivos y el mejor entrenador del mundo a su favor. Por ese motivo, entendió que debía hacer grandes cambios en su estilo, en el que ahora favoreció perfiles de mayor presencia física (con Declan Rice, Mikel Merino y Riccardo Calafiori como abanderados) y puso mucho mayor énfasis en el juego aéreo y el orden defensivo, un legado de su exentrenador en los 6 años que pasó en Everton, David Moyes.

Como consecuencia, los Gunners dejaron de ser el equipo favorito del público neutral, pero se pudieron reponer de mejor manera a las adversidades y consiguieron por fin tumbar a Guardiola de cara a ganar su primera Premier en 22 años, además de alcanzar la final de la última Champions. Un equipo en el que a simple vista quizá no se reconozcan de inmediato características de sus primeros años en el cargo, ni cualidades que recuerden a lo que demostró Guardiola en su carrera, pero que ha podido evolucionar y valerse por sí mismo para cambiar profundamente el destino del club.

Kompany: el dogmatismo como bandera

Si a Arteta lo caracterizó la búsqueda constante de nuevas ideas para no perder pisada con la élite del fútbol europeo, aunque ellas chocaran con lo que había expuesto en el pasado, Vincent Kompany labró su carrera en la dirección técnica con la postura contraria, anteponiendo su mirada futbolística incluso a los resultados.

Así lo evidencian sus primeros pasos en la profesión. Al exdefensor se le confió el puesto en Anderlecht inmediatamente después de su retiro, en un período que generó conclusiones mixtas al mantener una cierta consistencia sin amenazar el reinado de Club Brugge. Pero su fútbol osado, con salida limpia y dominio de la posesión (además de sus dotes de liderazgo y experiencia en Inglaterra), convencieron a Burnley, que buscaba dejar atrás el viejo estilo directo y reactivo de los años de Sean Dyche, de darle una oportunidad en la segunda división.

No solo los Clarets consiguieron el regreso a la Premier League de inmediato, lo hicieron de manera espectacular, con 101 puntos y como el equipo más goleador y menos goleado de la división. La base que conformaron el guardameta Arijanet Muric y el central Taylor Harwood-Bellis, ambos provenientes del propio Manchester City, resultó emblemática del cambio que impulsó el técnico, pero luego lo fue también de las enormes dificultades que tuvo de replicar ese estilo en la máxima categoría, donde los rivales le aplicarían el mismo dominio avasallante que imponían en el Championship. El resultado fue una pobre campaña de apenas 24 puntos y el descenso directo.

Kompany recibió intensas críticas a lo largo de esa temporada 2023/24 por no ceder con su idea de juego frente a la incapacidad de sus futbolistas de adaptarse a ella y al salto en lo físico y futbolístico que exigía el ascenso. Pero en Bayern Munich vieron algo distinto: un técnico que imponía condiciones y no dejaba que los resultados nublen su juicio, además de la posibilidad de que su estilo sea más adaptable con mejores jugadores a su disposición. El paso de un club descendido a una potencia sorprendió a propios y ajenos, pero el diario del lunes muestra que la apuesta fue la correcta, a medida que los bávaros recuperaron el monopolio de la Bundesliga y mejoraron notablemente el turbulento ambiente que caracterizó los años previos.

Kompany busca venganza ante Arteta

El formato de la Champions que comenzó en la 2024/25 implica que se repitan varios emparejamientos entre equipos de la cima de la pirámide europea con el paso de los años. Y por ese motivo ya sabemos lo que puede ocurrir cuando la fuerza imparable del Bayern de Kompany choca con el objeto inamovible representado por el Arsenal de Arteta.

Y luego de un comienzo fulgurante del anterior curso para los de Munich, los Gunners fueron capaces de frenarlos en seco con su efectividad en la pelota parada y un contraataque devastador y fluido, que terminó en victoria por 3-1 en Londres de la mano de los goles de Jurriën Timber, Noni Madueke y Gabriel Martinelli.

Pocas cosas cambiaron del lado alemán, todavía implacable cuando brillan todas sus piezas ofensivas, compuestas por el espectacular Michael Olise, Luis Díaz, Harry Kane y Serge Gnabry, como lo evidencian sus ¡30! goles en solo 8 encuentros. En cambio, Arteta encuentra hoy en día muy difícil sacarle brillo a las suyas, en particular tras la fecha FIFA. Es cierto que ganó 8 de los 9 partidos que lleva su temporada, pero Bukayo Saka, Kai Havertz, Viktor Gyökeres y Madueke atraviesan incómodos presentes en lo individual, le cuesta generar ocasiones colectivas de peligro y ya no ataca las jugadas de pizarrón con la misma eficiencia.

Restará por ver, entonces, si la incuestionable robustez defensiva de Arsenal, potenciada por las incorporaciones de Ezri Konsa y Bruno Guimaraes, será de nuevo suficiente para detener la apisonadora de los de Kompany. Lo cierto es que este choque de estilos de dos alumnos de Guardiola que tomaron caminos opuestos se presenta como una de las propuestas más interesantes del fútbol europeo actual.