Boca atraviesa una levantada futbolística después de un comienzo irregular y empieza a mostrar una versión más dinámica, con mayor circulación, amplitud y movilidad en el mediocampo. El equipo de Arruabarrena todavía tiene aspectos por corregir, pero llega a una seguidilla decisiva con la ilusión de competir en todos los frentes.
Una evolución que no fue de un partido para otro
El crecimiento de Boca no se explica solamente por los últimos resultados. El equipo atravesó diferentes momentos durante este semestre y la evolución futbolística fue apareciendo de manera progresiva, incluso en partidos en los que el resultado no terminó de acompañar.
Una de las primeras señales se pudo observar ante Sarmiento de Junín por la Copa Argentina. El Xeneize consiguió avanzar, pero más allá de la clasificación, comenzó a mostrar algunas herramientas que luego se profundizarían. Algo similar ocurrió en la ida ante O'Higgins, donde el equipo tuvo pasajes interesantes y logró competir mejor desde el juego.
Sin embargo, la goleada sufrida ante Riestra, en el arranque del Torneo Clausura, volvió a exponer los problemas que todavía arrastraba el equipo. Y la vuelta ante O'Higgins dejó otra muestra de que la evolución todavía no era lineal: Boca consiguió la clasificación, pero tuvo una presentación futbolística muy pobre. A partir de ahí comenzó otra etapa.
El Clausura evidenció las distintas caras de Boca
Con el inicio del torneo, el equipo empezó a mostrar una versión más reconocible, aunque todavía con altibajos. Ante Newell's en Rosario, Boca tuvo dos caras: por momentos logró imponer condiciones y generar situaciones, pero también sufrió desconexiones que le impidieron controlar completamente el partido.
Frente a Estudiantes apareció una versión más sólida. El equipo consiguió manejar mejor los tiempos, tuvo mayor equilibrio y encontró una estructura que le permitió controlar el encuentro.
Luego llegó Vélez, en una presentación que dejó una de las mejores sensaciones desde lo futbolístico. El Xeneize jugó bien, encontró espacios, generó situaciones y tuvo una circulación más fluida, aunque volvió a aparecer uno de los problemas que todavía debe resolver: la falta de eficacia para transformar su juego en goles.
Y ante Deportivo Recoleta volvió a quedar expuesta otra virtud: la capacidad de reacción. El equipo de la Ribera empezó perdiendo, pero logró cambiar el desarrollo y terminó dando vuelta el partido. Más allá del resultado, el valor estuvo en que el equipo encontró respuestas desde el juego para sobreponerse a la adversidad.
Las virtudes de Boca: más amplitud, movilidad y gol desde el mediocampo
Una de las principales modificaciones está relacionada con el posicionamiento de Boca en la cancha. El equipo busca ocupar mejor los espacios, abrir el campo y utilizar las bandas para generar líneas de pase y liberar zonas en el centro.
La intención no pasa simplemente por tener más la pelota. Boca intenta que la circulación sea más rápida, vertical y punzante. Que la pelota viaje con velocidad y que los movimientos de los jugadores acompañen esa circulación.
En ese funcionamiento, el mediocampo adquirió otra dinámica. Las apariciones de Flores y Aranda aportaron movilidad y conexión, mientras que Paredes y Delgado continúan siendo el eje sobre el que se sostiene la estructura. También ganó protagonismo Santiago Ascacíbar, que además de aportar equilibrio y recorrido, comenzó a tener una incidencia decisiva en el área rival.
El Ruso es un hombre clave en el equipo de Rodolfo Arruabarrena. Otra vez marcó y convirtió por cuarto partido consecutivo, esta vez ante Deportivo Recoleta en el triunfo por 3-1 en la ida de los octavos de final de la CONMEBOL Sudamericana 2026. El mediocampista llegó así a siete goles en 2026 y se convirtió, junto a Miguel Merentiel, en el máximo goleador del equipo en el año.
Su aparición goleadora adquiere todavía más valor dentro de un equipo que sigue teniendo dificultades para encontrar eficacia y no cuenta con un 9 que se haya consolidado como referencia ofensiva. Ante el conjunto paraguayo, Boca generó cerca de 40 intentos y tuvo cuatro remates que terminaron en los palos, pero necesitó que un mediocampista volviera a aparecer para abrir el camino de la remontada. Así como Delgado terminó marcando la ventaja.
Arruabarrena y una estructura que empieza a consolidarse
El crecimiento también tiene que ver con las decisiones del entrenador. Arruabarrena encontró nuevas variantes y, a partir de ellas, el equipo comenzó a parecerse más al equipo que pretende construir.
Una de las claves estuvo en la inclusión de Flores, una de las joyas que tiene Boca, incluso después de la incorporación de Villa, quien hasta el momento tuvo poca participación y no consiguió mostrar demasiado. La aparición del juvenil le dio al equipo otra dinámica, especialmente por su capacidad para moverse, asociarse y encontrar espacios.
También cambió el rol de Aranda. El futbolista comenzó a recostarse más hacia el centro y, en algunos momentos, hacia la izquierda, lo que generó una asociación completamente diferente. Ya no se trata solamente de ocupar una posición determinada, sino de intercambiar lugares y generar conexiones que dificulten las referencias del rival.
A esto se suma la participación de los laterales. Blanco y Lozano tienen una incidencia cada vez mayor en la construcción ofensiva, mientras que Gorosito también aportó cuando tuvo la posibilidad de jugar. La llegada de los laterales permite que Boca pueda ampliar la cancha y, al mismo tiempo, liberar espacios para que otros futbolistas se muevan por dentro.
El dinamismo que adquirió el Xeneize está explicado, en buena medida, por las características de los jugadores que componen esta nueva estructura. Pero también por la manera en la que se distribuyen. Paredes funciona como el eje, el futbolista que ordena y le da sentido a la circulación, mientras que Delgado aparece como una "rueda de auxilio", capaz de cubrir espacios, recuperar, acompañar los ataques y hasta llegar al gol.
Ese último aspecto también se repite con Ascacíbar. El mediocampista dejó de ser solamente una pieza de equilibrio para convertirse en una amenaza más en el área rival.
En definitiva, el orden del equipo no significa que los jugadores tengan que permanecer fijos en sus posiciones. Por el contrario, una de las virtudes que empieza a mostrar Boca es justamente la capacidad para desordenarse cuando ataca. Los laterales avanzan, los mediocampistas aparecen en posiciones ofensivas.
La diferencia con respecto a la versión que se vio en algunos tramos del semestre está en que ahora existe una idea que empieza a repetirse independientemente del rival: amplitud en el campo, movilidad de todos los jugadores, conexiones en el mediocampo y una circulación que busca ser más veloz.
Esa evolución también fue reconocida por los propios jugadores. En ese sentido, Leandro Paredes destacó el impacto que tuvo la llegada de Arruabarrena en la mentalidad del plantel y en la manera de afrontar los partidos: “El Vasco (Arruabarrena) nos cambió la mentalidad. La idea de juego, jugar a lo que queremos, a proponer todo el tiempo, a ser protagonistas y creo que lo venimos haciendo muy bien. De menor a mayor, tenemos mucho por mejorar pero vamos por el buen camino”.
En la misma línea, Ascacíbar también se refirió, días atrás, al cambio que produjo la llegada del entrenador y resumió su impacto en una frase: “Nos cambió la cara a lo que veníamos, por lo menos a mí”.
Las palabras de ambos referentes permiten entender que el cambio no pasa únicamente por una cuestión táctica. La intención de Arruabarrena es que Boca asuma un rol más protagónico, con la pelota como herramienta para imponer condiciones y con una estructura que se repita más allá del rival.
Mayor contundencia y arco en cero, las cuentas pendientes
El crecimiento no significa que el equipo del Vasco haya resuelto todos sus problemas. La falta de eficacia continúa siendo una de las principales preocupaciones. El equipo puede construir mejores ataques y generar situaciones, pero todavía necesita convertir con mayor frecuencia.
En esa misma línea aparece la ausencia de un 9 de referencia, aunque la llegada de Enner Valencia pretende atacar esa falencia.
La otra cuestión pendiente está en la defensa. La búsqueda de los centrales todavía no parece estar definitivamente resuelta y el equipo necesita encontrar una pareja que le dé estabilidad y continuidad.
Son dos aspectos fundamentales para que esta evolución futbolística pueda traducirse en resultados importantes: generar más y, al mismo tiempo, conceder menos.
Una seguidilla que pondrá a prueba la evolución
El crecimiento de Boca tendrá una prueba inmediata. Al equipo de Arruabarrena se le viene una seguidilla de cinco partidos en apenas 19 días, con compromisos determinantes en las distintas competencias.
Primero deberá visitar a Platense. Después viajará a Paraguay para definir ante Recoleta la serie de octavos de final de la Copa Sudamericana. Posteriormente llegará una nueva visita, esta vez ante Racing, antes de recibir a Lanús por el campeonato.
El cierre de esta exigente seguidilla será ante Vélez, por los octavos de final de la Copa Argentina.
Será, entonces, el momento de comprobar si las señales que mostró el equipo en sus últimas presentaciones pueden transformarse en una verdadera regularidad. El equipo parece haber encontrado una manera más clara de jugar, pero ahora deberá sostenerla cuando lleguen el cansancio, la rotación y los partidos decisivos. Porque el Xeneize necesita competir en todos los frentes y demostrar que esta levantada no es solamente una buena racha, sino el comienzo de una versión más completa de Boca.
