Cuáles son las virtudes de Boca para soñar con los tres títulos

Boca atraviesa un gran presente futbolístico después de un comienzo irregular y muestra una versión más dinámica, con mayor circulación, amplitud y movilidad en el mediocampo. A esas virtudes les agregó temple para atravesar los momentos adversos y la capacidad de encontrar respuestas también desde el banco, herramientas que le permitieron mantenerse en carrera en todas las competencias. El equipo de Arruabarrena llega así a una etapa decisiva con la posibilidad de competir en todos los frentes.

Boca y una evolución que no fue de un partido para otro

El crecimiento de Boca no se explica solamente por los últimos resultados. El equipo atravesó diferentes momentos durante este semestre y la evolución futbolística fue apareciendo de manera progresiva, incluso en partidos en los que el resultado no terminó de acompañar.

Con el inicio del torneo, el equipo empezó a mostrar una versión más reconocible, aunque todavía con altibajos. Ante Newell's en Rosario, Boca tuvo dos caras: por momentos logró imponer condiciones y generar situaciones, pero también sufrió desconexiones que le impidieron controlar completamente el partido.

Frente a Estudiantes apareció una versión más sólida. El equipo consiguió manejar mejor los tiempos, tuvo mayor equilibrio y encontró una estructura que le permitió controlar el encuentro.

Luego llegó Vélez, en una presentación que dejó una de las mejores sensaciones desde lo futbolístico. El Xeneize jugó bien, encontró espacios, generó situaciones y tuvo una circulación más fluida, aunque volvió a aparecer uno de los problemas que todavía debe resolver: la falta de eficacia para transformar su juego en goles.

Ante Deportivo Recoleta volvió a quedar expuesta otra virtud: la capacidad de reacción. En la ida de los octavos de final de la Copa Sudamericana, el equipo de la Ribera empezó perdiendo, pero logró cambiar el desarrollo y terminó dando vuelta el partido. Más allá del resultado, el valor estuvo en que el equipo encontró respuestas desde el juego para sobreponerse a la adversidad.

Luego llegó la vuelta en Paraguay, donde Boca mostró una de las versiones más contundentes de este proceso. El equipo goleó 4-0, cerró la serie con un 7-1 global y avanzó a los cuartos de final de la CONMEBOL Sudamericana. A partir de allí, el Xeneize comenzó a sumar otros recursos: más contundencia, mayor temple para atravesar los momentos adversos y respuestas desde el banco. Eliminó a Sao Paulo en los cuartos de la Sudamericana, venció a San Lorenzo en el Torneo Clausura y, ante Racing, remontó un 0-2 con tres goles de Enner Valencia para meterse en las semifinales de la Copa Argentina. Así, Boca llegó a la etapa decisiva del semestre con vida en las tres competencias y con una estructura que ya no depende solamente de su funcionamiento inicial.

Las virtudes de Boca: más amplitud, movilidad y gol desde el mediocampo

Una de las principales modificaciones está relacionada con el posicionamiento de Boca en la cancha. El equipo busca ocupar mejor los espacios, abrir el campo y utilizar las bandas para generar líneas de pase y liberar zonas en el centro.

La intención no pasa simplemente por tener más la pelota. Boca intenta que la circulación sea más rápida, vertical y punzante. Que la pelota viaje con velocidad y que los movimientos de los jugadores acompañen esa circulación.

En ese funcionamiento, el mediocampo adquirió otra dinámica. Flores, pese a no haber jugado el último partido, y Delgado aportaron movilidad y conexión, mientras que Paredes, ahora baja por lesión, continúa siendo uno de los ejes sobre los que se sostiene la estructura. También ganó protagonismo Santiago Ascacíbar, que además de aportar equilibrio y recorrido, comenzó a tener una incidencia decisiva en el área rival.

La lesión de Tomás Aranda también obligó a Boca a encontrar alternativas. El mediocampista era uno de los futbolistas que aportaba juego, movilidad y conexión en esa estructura, pero su ausencia no llevó al equipo a repetir siempre la misma fórmula. En algunos partidos apareció Velasco para ocupar ese espacio y darle otra característica al funcionamiento, mientras que en otros Arruabarrena modificó el esquema y buscó diferentes sociedades. Con variantes de nombres y de estructura, Boca logró sobreponerse a la ausencia de un futbolista que le daba juego y sostener una idea que fue encontrando nuevos caminos a lo largo del semestre.

Arruabarrena y una estructura que se consolidó

El crecimiento también tiene que ver con las decisiones del entrenador. Arruabarrena encontró nuevas variantes y, a partir de ellas, el equipo comenzó a parecerse más al equipo que pretende construir.

Una de las claves estuvo en la inclusión de Flores, una de las joyas que tiene Boca, incluso después de la incorporación de Villa, quien hasta el momento tuvo poca participación. La aparición del juvenil le dio al equipo otra dinámica, especialmente por su capacidad para moverse, asociarse y encontrar espacios.

A esto se suma la participación de los laterales. Blanco y Lozano tienen una incidencia cada vez mayor en la construcción ofensiva, mientras que Gorosito también aportó cuando tuvo la posibilidad de jugar. La llegada de los laterales permite que Boca pueda ampliar la cancha y, al mismo tiempo, liberar espacios para que otros futbolistas se muevan por dentro.

El dinamismo que adquirió el Xeneize está explicado, en buena medida, por las características de los jugadores que componen esta nueva estructura. Pero también por la manera en la que se distribuyen. Paredes funciona como el eje, el futbolista que ordena y le da sentido a la circulación, mientras que Delgado aparece como una "rueda de auxilio", capaz de cubrir espacios, recuperar, acompañar los ataques y hasta llegar al gol.

Ese último aspecto también se repite con Ascacíbar. El mediocampista dejó de ser solamente una pieza de equilibrio para convertirse en una amenaza más en el área rival.

En definitiva, el orden del equipo no significa que los jugadores tengan que permanecer fijos en sus posiciones. Por el contrario, una de las virtudes que empieza a mostrar Boca es justamente la capacidad para desordenarse cuando ataca. Los laterales avanzan, los mediocampistas aparecen en posiciones ofensivas y los jugadores de ataque intercambian posiciones para generar espacios.

La diferencia con respecto a la versión que se vio en algunos tramos del semestre está en que ahora existe una idea que empieza a repetirse independientemente del rival: amplitud en el campo, movilidad de todos los jugadores, conexiones en el mediocampo y una circulación que busca ser más veloz.

Esa evolución también fue reconocida por los propios jugadores. En ese sentido, Leandro Paredes destacó el impacto que tuvo la llegada de Arruabarrena en la mentalidad del plantel y en la manera de afrontar los partidos: “El Vasco (Arruabarrena) nos cambió la mentalidad. La idea de juego, jugar a lo que queremos, a proponer todo el tiempo, a ser protagonistas y creo que lo venimos haciendo muy bien. De menor a mayor, tenemos mucho por mejorar pero vamos por el buen camino”.

En la misma línea, Ascacíbar también se refirió, días atrás, al cambio que produjo la llegada del entrenador y resumió su impacto en una frase: “Nos cambió la cara a lo que veníamos, por lo menos a mí”.

Las palabras de ambos referentes permiten entender que el cambio no pasa únicamente por una cuestión táctica. La intención de Arruabarrena es que Boca asuma un rol más protagónico, con la pelota como herramienta para imponer condiciones y con una estructura que se repita más allá del rival.

El banco también empezó a darle respuestas a Arruabarrena

Otro de los aspectos que aparecen como consecuencia de la evolución de Boca es la respuesta de los futbolistas que ingresan desde el banco. Durante buena parte del semestre, las variantes no habían conseguido tener un impacto sostenido en los partidos. En las últimas presentaciones, en cambio, Arruabarrena empezó a encontrar soluciones también entre los suplentes.

El caso más contundente apareció ante Racing, por los cuartos de final de la Copa Argentina. Boca perdía 2-0 cuando Enner Valencia ingresó a los 56 minutos y el delantero ecuatoriano terminó siendo decisivo: marcó a los 72 y 80 minutos y volvió a convertir en el tiempo agregado para completar su triplete y darle al Xeneize el triunfo por 3-2. Los tres goles llegaron después de su ingreso y permitieron que Boca pasara de estar dos goles abajo a meterse en las semifinales.

Pero Valencia no fue el único que apareció desde el banco. Carlos Palacios también ingresó ante la Academia y tuvo una participación determinante en la remontada. El chileno entró a los 70 minutos, cuando Boca todavía estaba en desventaja, y terminó asistiendo a Valencia en el tercer gol, el que definió la clasificación de manera agónica.

La aparición de Palacios también tiene un significado particular dentro de su propio proceso. Después de las lesiones que le impidieron tener continuidad, el mediocampista viene aprovechando sus minutos y dejando mejores sensaciones en sus últimas presentaciones. Ante los de Avellaneda, esa evolución se tradujo además en una intervención directa en el gol que selló el pase a semifinales.

De esta manera, Arruabarrena empieza a contar con más alternativas para modificar los partidos durante su desarrollo. Valencia aportó goles, Palacios encontró espacios y participó directamente del tanto de la clasificación, y el banco comenzó a convertirse en una fuente de respuestas en momentos en los que el equipo necesitaba cambiar el desarrollo.

La diferencia no está solamente en la cantidad de variantes, sino en el impacto que pueden tener cuando el partido exige una respuesta diferente. Frente a Racing, Boca encontró desde el banco los tres goles que necesitaba para transformar un 0-2 en un 3-2 en el tramo final.

La reacción ante Racing y otra prueba superada

La remontada ante Racing también permite poner en contexto una de las situaciones que Boca atravesó durante el ciclo de Arruabarrena. Antes del duelo por la Copa Argentina, el equipo había comenzado perdiendo en cinco partidos: ante Deportivo Riestra, Vélez, Deportivo Recoleta, Platense y Racing por el Torneo Clausura. En esos encuentros consiguió una victoria, tres empates y una derrota.

El antecedente más cercano había sido justamente ante la Academia, por el campeonato local, cuando Boca comenzó abajo en el marcador y terminó igualando 1-1. Pero en Rosario la situación fue diferente: Racing llegó a sacar dos goles de ventaja y el Xeneize no solo consiguió igualar, sino que completó la remontada con el tercer tanto de Enner Valencia en el tiempo agregado.

De esta manera, el partido por los cuartos de final de la Copa Argentina se convirtió en la sexta ocasión en la que Boca comenzó perdiendo durante el ciclo de Arruabarrena y la segunda en la que logró dar vuelta completamente el resultado. La anterior había sido ante Deportivo Recoleta, cuando pasó de un 0-1 a un 3-1 por la Copa Sudamericana.

La diferencia estuvo también en la magnitud de la reacción: esta vez Boca levantó un 0-2, encontró tres goles en el segundo tiempo y consiguió la clasificación en el último tramo del partido. La remontada ante Racing se suma así a un proceso en el que el equipo fue incorporando respuestas frente a escenarios adversos.

El crecimiento deberá sostenerse en la etapa decisiva

La clasificación frente a Sao Paulo, el triunfo ante San Lorenzo y la remontada frente a Racing forman parte de una misma secuencia, aunque cada partido mostró una característica diferente. Boca logró ser contundente, competir en el plano internacional, sostenerse en el torneo local y reaccionar cuando quedó en desventaja.

Pero el proceso no está terminado. El equipo todavía tiene aspectos por corregir, especialmente en la eficacia y en la estabilidad defensiva. También deberá afrontar las ausencias que fueron apareciendo durante el semestre y sostener una estructura que tuvo que modificarse después de la lesión de Aranda y las diferentes bajas.

En ese contexto, la aparición de futbolistas que llegan desde el banco representa una nueva herramienta para Arruabarrena. Valencia encontró elgol, Palacios aportó juego y otros jugadores comienzan a sumar minutos para ampliar las posibilidades del entrenador.

El cambio, entonces, no se explica solamente por los resultados. Boca empieza a tener más recursos para jugar, para reaccionar y para modificar los partidos. La circulación es más dinámica, los laterales tienen mucha participación, los mediocampistas llegan al área, los jugadores de ataque intercambian posiciones y las variantes comienzan a ofrecer soluciones.

Porque Boca ya dio señales de que puede jugar mejor, generar más, reaccionar ante la adversidad y ser contundente. Ahora deberá sostener ese crecimiento en regularidad mientras avanza en los tres frentes que todavía tiene por delante.