Los datos son contundentes: River perdió cinco partidos consecutivos por primera vez desde 1911, dos décadas antes del inicio del profesionalismo, y empezó un campeonato sumando cero de los primeros nueve puntos por segunda vez en su historia en Primera División.
Belgrano, con el aliciente de tratarse de una final, Aldosivi, en otra (inesperada y prematura) eliminación, y luego Barracas Central, Gimnasia y Rosario Central, por un Torneo Clausura que da oportunidades pero en el que ya dio demasiada ventaja. El denominador común es claro: derrotas y más derrotas.
El Monumental, donde el Canalla se quedó con la victoria por un gol en contra de Otamendi, explotó contra todos como nunca en la era Coudet: marcó la cancha en la previa, chifló al DT en el 'aplausómetro', silbó en el entretiempo, puso el grito en el cielo cuando el equipo no reaccionaba y apuntó directamente contra la dirigencia en los minutos finales.
"Que se vayan todos" y "la comisión se va a la p*" fueron los últimos cánticos de una noche en la que los futbolistas, algunos nuevos, otros juveniles, fueron quizás los que pasaron más desapercibidos, pero donde la gente expresó toda su bronca por una racha que parece ser un bucle sin salida.
River no habló... una vez más
En la previa del partido, trascendió que el Chacho Coudet no iba a hablar en conferencia de prensa y que los jugadores tampoco iban a declarar, ni antes ni después del partido, para "priorizar el trabajo en silencio".
Luego de la anterior presentación, contra Gimnasia en La Plata, el DT había reconocido que "nunca le había costado tanto hacer jugar a un equipo", reclamando también nuevos refuerzos. El viernes se aseguró a Tobías Andrada, ahora parece estar al caer Thiago Almada, pero el equipo que volvió a mostrar una imagen insípida.
Quizás fue el partido del semestre en el que el Millonario más intentó y mostró. Pero no alcanza. Y menos en River.
Coudet eligió un XI muy ofensivo, con Pereyra, Freitas, Colidio y Borré, y el local salió a buscarlo de entrada, pero también sufrió mucho en el retroceso. Así llegó el gol en contra de Otamendi, tras un centro de Campaz, y luego a River le costó muchísimo generar juego para empatar.
Tampoco ligó, porque en el segundo tiempo tuvo chances, pero Ledesma o su propia ineficacia lo privaron del 1 a 1, y terminó jugándosela con centros al área o remates de afuera.
Está claro que el hincha, a esta altura, no se conforma con autocrítica de los referentes. Tampoco con Coudet diciendo que en River no es suficiente ganar, sino que hay que hacerlo bien.
Durante sus primeros meses, renovadores después de que Marcelo Gallardo no le encontrara la vuelta al equipo y finalizara su segundo ciclo en el club, ganó mucho. Ligaba, tenía energía y aprovechaba su jerarquía, fórmula con la que sumó muchos puntos, tanto en el ámbito local como el internacional, y quedó a minutos de salir campeón.
Pero ese River de Coudet parecía una burbuja que iba a explotar cuando las cosas no salieran. Y la decisión de la dirigencia de marginar a 15 futbolistas, primero festejada por una parte de la hinchada, terminó siendo una condena.
El famoso container, que de a poco se va vaciando pero todavía no concretó ninguna venta, profundiza los males de un equipo que no puede completar un banco de suplentes y no encuentra respuestas en la cancha.
A fines de 2025 y a comienzos de 2026, el River de Gallardo igualaba o superaba rachas negativas de hacía un siglo. Parecía difícil volver tan rápido a esas marcas, pero el equipo de Coudet está de nuevo a la deriva, necesitado de un resultado que lo saque del pozo en el que se encuentra.
Los próximos dos partidos fuera de casa (Tigre e Independiente Santa Fe) pueden ser, en caso de encontrarle la vuelta, un alivio, antes de volver a jugar en el Monumental (Argentinos, la vuelta con Santa Fe y Vélez).
Pero River, para revivir, tiene que volver a hablar. Al menos en la cancha.
