La gema de Mercedes comenzó a rendir frutos: firmó su segundo triunfo consecutivo, cortó una racha de 73 años sin italianos enhebrando éxitos en fila y se fue de Suzuka como líder del Mundial.
Cuanto Marco Antonelli nació en 1964, ya hacía 11 años que un italiano no enhebraba dos triunfos en fila en Fórmula 1. El último había sido Alberto Ascari, el único italiano campeón de F1 por cierto, cuando venció consecutivamente en los Grandes Premios de Países Bajos y Bélgica en la temporada 1953. Marco, apasionado por el automovilismo y piloto, nunca pudo celebrar dos éxitos seguidos de un compatriota en la máxima categoría del automovilismo. Pero la racha se cortó 73 años después gracias a su hijo, Andrea Kimi Antonelli, quien se quedó con el GP de Japón de manera aplastante.
Antonelli tiene todos los condimentos para convertirse en ídolo. Carismático, con ese toque latino especial, simpático y humano, tanto que lloró como un niño en China después de conseguir su primera victoria. Es que se trata de un niño: tiene 19 años y apenas acaba de finalizar la escuela, porque se lo prometió a su mamá. Era la condición, pista con estudios, no quedaba otra. Si a todo eso se le agrega triunfos, el camino a la idolatría no conocerá de trabas.
No la tuvo fácil Kimi. Después de conseguir la pole position en el sábado de Suzuka, todo se complicó en la largada de la carrera porque se quedó casi parado. Le patinaron las cubiertas traseras, su unidad de potencia no cargó bien y cayó al sexto lugar. Lo importante fue que no se desesperó. Respiró hondo y fue por la recuperación.
Antonelli superó a Lewis Hamilton en la segunda vuelta, justamente al piloto que reemplazó en Mercedes. En la 12ª pasó al campeón, Lando Norris y cuatro giros después fue por Charles Leclerc. El ritmo del boloñés era imponente. Adelante estaban Oscar Piastri, líder desde el inicio, y George Russell, su compañero en las Flechas de Plata. Y llegó el golpe de suerte. Porque el australiano paró en la vuelta 19 y Russell en la 22. No bien retornó a la pista el inglés llegó el tremendo accidente de Oliver Bearaman, que obligó al ingreso del auto de seguridad. Y se terminó el pleito: Antonelli paró como líder, volvió adelante y se encaminó al éxito.
Antes del relanzamiento, con Antonelli seguido por Piastri y Russell, llegó el insólito mensaje de radio del inglés pidiendo que el italiano le devolviera la posición. Inédito el pedido el británico, quien, para empezar, debía pasar al australiano de McLaren. Para colmo, hasta perdió con Norris. Russell estaba fuera de combate, como todos los demás, porque Kimi imprimió un ritmo arrollador y se fue en punta para ganar con 13 segundos de ventaja sobre Piastri.
"En la carrera tuve una salida terrible, solo necesito revisar qué pasó, pero luego tuve suerte con el coche de seguridad para ponerme adelante y el ritmo fue increíble. Fue un segundo stint realmente bueno. Me sentí muy bien con el coche y estoy muy satisfecho con eso”, dijo Antonelli, quien avisó que usará el parón de abril (se cancelaron las carreras de Baréin y Arabia Saudita) para trabajar con el embrague y evitar que se repita lo de la largada de Suzuka.
Con su triunfo, el joven piloto de Mercedes saltó a la punta del Mundial y se convirtió en el líder más joven de la historia. Otra marca más para el italiano, quien ahora pude pensar en cortar con una sequía de 73 años sin títulos de un italiano, desde Ascari, el mismo que había sido el último en hilvanar dos éxitos. De hecho, Ascari es el único piloto italiano que fue campeón, increíblemente en un país que tiene nada menos que a Ferrari, la única escudería con presencia perfecta en todas las temporadas. Pero Antonelli pone paños fríos: “Me siento muy bien, pero es demasiado pronto para pensar en el campeonato, pero vamos por buen camino".
