A pura fe y corazón, Los Matreros mantiene la esperanza de quedarse en el URBA Top 14 y despide a uno de sus gigantes

El cielo sobre Castelar parecía jugar su propio partido: una tarde plomiza y de llovizna intermitente amenazaba con empapar los ánimos, pero la luz del sol se abría paso de a ratos entre las nubes cargadas. En la cancha, Los Matreros calcó ese escenario. Cuando la urgencia del descenso golpeaba la puerta con furia, el equipo sacó a relucir esa cuota de coraje guardada en las entrañas para firmar un triunfazo 23-7 ante La Plata por el URBA Top 14 Copa Macro. Y justo cuando el silbato final decretó el éxito, una ráfaga de sol cruzó el firmamento e hizo emerger un arcoíris fugaz sobre La Base: un guiño del clima para un grupo que todavía se niega a bajar los brazos.

“Es algo que nos debíamos desde principio de año”, aseguró el hooker Boris Cec, una de las grandes figuras de la tarde y autor de un try. El local fue el claro dueño de las acciones, dominó la obtención, marcó el ritmo del juego y no le dejó resquicio ni margen de reacción al Canario. “Me llevo las ganas que pusimos a lo largo de todo el encuentro; en ningún momento dejamos de ir para adelante”, completó el primera línea rojiblanco.

A falta de una fecha, el panorama matemático y anímico sigue abierto. Matreros suma 36 puntos y en el capítulo final deberá visitar a Belgrano en Virrey del Pino. La casa del Marrón será escenario de una jornada dramática donde la atención estará dividida entre la cancha y las pantallas de los celulares. La Plata (37) recibirá a Regatas, mientras que Buenos Aires (40) afrontará una riesgosa excursión a Boulogne para medirse con el SIC. Las cuentas son claras: los del Oeste necesitan ganar y esperar tropiezos de uno de sus rivales directos en la pelea encarnizada por la permanencia.

“Fue un año de conocer la categoría, hay una diferencia importante entre Primera y Top 14 y estamos experimentándolo”, analizó el apertura Juan Morales. Para Cec, la campaña se traduce en un camino de conocimiento constante: “lo construimos durante todo el año, dijimos que queríamos ser competitivos en todos los partidos y lo estamos siendo, es aprendizaje y construcción durante todo el año”. En esa misma línea, el capitán Santiago Villarino aportó su mirada: “los equipos están mucho más preparados a nivel jugadores, a nivel infraestructura, pero nosotros tenemos algo muy importante que es la garra y el corazón y por eso estamos luchando hasta el día de hoy”.

Sabiendo que no hay mañana, el vestuario rojiblanco irradia optimismo. “Nos queremos quedar y vamos a darlo todo para lograrlo”, ratificó Cec. "Lo que nosotros podemos controlar”, dice el capitán Villarino, “es el partido con Belgrano y vamos a jugar a lo que nos trajo hasta acá y poder dejarlo todo en la cancha." .

La última función de "Bariloche" Zeiss

Cuando el partido concluyó y la efervescencia de los abrazos invadió la cancha, en un costado de la línea de cal se vivió un momento suspendido en el tiempo. El pilar Juan Pablo Zeiss detuvo su marcha, miró hacia un lado y otro, y recorrió con la vista cada rincón de La Base: el ingoal, la tribuna lateral, los bancos de suplentes, la confitería, la cancha de hockey. Un último escaneo de un lugar que fue parte de su vida. A los 37 años, el ex Puma con recorrido internacional disputó su último encuentro en la casa del club que lo cobijó cuando llegó desde su Bariloche natal —origen que le valió el apodo grabado a fuego en el rugby porteño—.

Con los ojos vidriosos por la emoción y el corazón afilado por los recuerdos, Zeiss dejó sus impresiones en su despedida como local: “Veo un camino larguísimo recorrido y de muchísimo crecimiento. Miro hacia atrás y solo me sale agradecer: al club que me recibió con los brazos abiertos desde el primer minuto cuando vine del Sur, y a toda la gente espectacular con la que me crucé. Solo me queda mucho agradecimiento”. Para el choque decisivo ante Belgrano, el experimentado pilar lo tiene en claro: “Tenemos que aferrarnos más que nunca a nuestras fortalezas”.

En Matreros se respira rugby, pero sobre todo se respira vida: emociones disímiles donde conviven la angustia del descenso y la gloria de la pertenencia. En Castelar hubo tiempo para festejar, apretar los dientes y alimentar la ilusión. “Demostramos que estamos a la altura de jugar acá”, sintetizó Morales. Porque mientras quede una batalla, en el Oeste habrá agite. Y si el destino exige un milagro el próximo sábado, este grupo ya demostró que sabe caminar bajo la tormenta hasta hacer salir el sol.