Con la efervescencia de la redonda todavía a flor de piel, la provincia de Santiago del Estero se alista para cambiar a la ovalada. Tras el furor del fútbol, ahora será el turno de Los Pumas de escribir una página dorada en el norte argentino.
El sábado se perfila como una parada brava para ambos bandos. Los Pumas reciben a una de las grandes potencias del hemisferio norte, mientras que Inglaterra deberá revalidar sus credenciales no solo ante los 15 argentinos en cancha, sino contra una atmósfera ensordecedora. En la previa de la tarde santiagueña, la tensión en el aire anticipa que el clima en las tribunas será de todo menos amigable.
Todavía retumba con fuerza el eco del triunfo por 2-1 ante Inglaterra en el Mundial que le permite al equipo de Lionel Scaloni llegar a una nueva final. Sin embargo, la pasión no da tregua: esta vez, la ovalada reclama su protagonismo. Como pocas veces se ha visto, el clásico ante Inglaterra tendrá su correlato en el rugby y la temperatura social ha ido subiendo de tono, contagiando tanto a la ciudad de Santiago del Estero como al público que colmará el estadio para alentar a los dirigidos por Felipe Contepomi.
“Sinceramente se van a tener que preparar para algún insulto y alguno que sepa inglés seguro algo les va a decir”, cuenta Enrique, un fanático que viajó especialmente desde Chaco y hace guardia en la puerta del hotel con la ilusión de conseguir una foto con sus ídolos. El chaqueño añade picante a la previa: “Vi algunos videos de los ingleses que le hacían gestos a los argentinos cuando pasaban por el Obelisco en Buenos Aires, desde la ventana del colectivo. Abucheo seguro van a tener”.
Dentro del hotel, sin embargo, la perspectiva es más cauta y reina la diplomacia de los anfitriones. “Hay que ser respetuosos”, desliza una de las conserjes detrás del mostrador, mientras sus compañeros asienten en silencio. Se priorizan los buenos modales ante un rival que, si bien arrastra una rivalidad histórica indudable, no suele despertar los desbordes pasionales del fútbol. Con este contraste de sensaciones, se espera un marco imponente en el Madre de Ciudades para las 16:10, hora señalada para el kick-off.
“El recibimiento va a ser abucheo, silbidos, el clima más hostil posible”, vaticina Matías, vecino de la ciudad anfitriona, quien visualiza el estadio convertido en una auténtica caldera donde el público local “se va a hacer sentir”.
El seleccionado inglés desembarcó el jueves en la provincia y este viernes realizará el tradicional reconocimiento del campo de juego para ajustar los últimos detalles. El mismo ritual cumplirán Los Pumas, conscientes de que la clave del partido pasará por una concentración extrema y un margen de error reducido a cero para poder adueñarse de la victoria.
Poco a poco, el ritual del rugby se adueña del norte. Las camisetas celestes y blancas empiezan a verse en los alrededores del hotel en busca de una firma o una selfie salvadora. Los amantes del deporte se preparan para un fin de semana a puras pulsaciones: el sábado con la garra y el tacle de Los Pumas, y el domingo con la gran final futbolística ante España. Dos pasiones, dos disciplinas, pero un solo grito unificado bajo el mismo sentimiento celeste y blanco.
