El evento deportivo más visto de la historia no es una final de Europa Champions League, no es un Super Bowl ni tampoco la final de un mundial de fútbol. Créalo o no, ese privilegio corresponde a la inauguración de los Juegos Olímpicos de Beijing, místico ceremonial efectuado el 8 de agosto de 2008 y que mil millones de personas presenciaron por televisión.
El dato, reportado por varios medios, apenas es un botón de muestra de cuánto se le avecina a Brasil, puntualmente a Río de Janeiro, ciudad que dentro de exactamente 365 días acogerá la trigésimo primera edición de los Juegos Olímpicos.
Afortunadamente esta no será la primera vez para los organizadores que, encabezados por Carlos Arthur Nuzman, ya cuentan con habilidades desarrolladas en el montaje de este tipo de evento multideportivo, pues hace ocho años recibieron la XV versión de los Juegos Panamericanos.
Desde la designación de Río como sede olímpica, el 2 de octubre de 2009, el camino no ha sido a ciegas, en gran medida gracias a la justa celebrada entre el 12 y el 29 de julio de 2007.
Haciendo una analogía con lo sucedido en aquella justa, son elevadas las probabilidades de que los olímpicos sean exitosos. Si bien la justa continental no tuvo la perfección de un reloj suizo, la valoración general superó el sobresaliente.
Competencias de elevadísimo nivel, instalaciones funcionales -antes, durante y después de los Juegos-, un carril panamericano verdaderamente habilitado y el calor inigualable de los cariocas convirtieron a Río en una especie de Sambódromo donde se bailó a ritmo de remates, proyecciones, clavados y goles.
Pero sin querer buscarle las manchas al sol, aquellos Juegos no estuvieron exentos de polémicas.
Antes del comienzo existió enorme preocupación por la seguridad de las delegaciones. Por ello se habilitaron más de 15 mil agentes y 30 aeronaves para preservar el orden. Y es que una ola de violencia estremeció la ciudad a finales de 2006 y provocó la muerte de 19 personas, ocho de ellas quemadas con gasolina dentro de un autobús.
En consonancia, durante los Juegos era común tropezarse en cada esquina con policías equipados con armas semiautomáticas a la vista de todos. Era la explícita invitación a la cordura.
Donde si se violaron los protocolos fue en la ceremonia de inauguración. Apoteósica celebración, adornada de samba, que tuvo dos puntos oscuros. En ambos estuvo involucrado, involuntariamente, el entonces presidente de la nación sudamericana Luiz Inácio Lula da Silva.
Lula primero recibió abucheos atronadores al ser presentado en el místico estadio Maracaná. Y luego, Nuzman -abierto opositor del mandatario- rompió la norma al dejar oficialmente inaugurados los Juegos, privilegio que le correspondía al presidente del país.
A partir de ese momento, los organizadores se las agenciaron para corregir sobre la marcha y lidiar con situaciones complejas como la desaparición de los boxeadores cubanos Guillermo Rigondeaux (el atleta de mayor jerarquía de los juegos) y Erislandy Lara, la bronca entre los seleccionados masculinos de balonmano de Brasil y Argentina y la tumultuaria trifulca entre federativos brasileños y glorias deportivas cubanas en la competencia de judo.
Ocho años después, y a 365 días del inicio de los Juegos Olímpicos, Río vuelve a estar bajo lupa.
Ahora mismo reina cierta incertidumbre en el Comité Olímpico Internacional (COI) por la situación de los altos niveles de virus en las aguas de la bahía de Guanabara, la laguna Rodrigo de Freitas y la playa de Copacabana, escenarios de las pruebas de remo, canotaje, triatlón y natación a mar abierto. Incluso la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomendó al COI que se realice una prueba de virus a las aguas.
Pero el retraso en la construcción de algunas instalaciones y la situación de la contaminación de las aguas no son los únicos temas preocupantes, aún permanece latente el fantasma de las multitudinarias protestas que se sucedieron durante la Copa Confederaciones 2013.
Sin embargo, en el pasado Río y su gente supo enmendar el tiro sobre la marcha. Y no hay por qué pensar que en esta oportunidad no podrán lograrlo. Las enseñanzas acumuladas en Río 2007 pueden convertirse en factor clave para que los primeros Juegos Olímpicos en Sudamérica concluyan con el alemán Thomas Bach, presidente del COI, pronunciando la frase:"estos han sido los mejores juegos de la historia".
