Tocó el cielo con las manos en el Torneo Metropolitano y ya sueña con la elite: "Hasta que no fue realidad no lo creía"

Mia Bannon, la defensora de Regatas Bella Vista logró el ascenso a la Primera División ante Tristán Suárez. ESPN.com

Hay hitos deportivos que nacen de la convicción más profunda, de esa certeza íntima que desafía cualquier pronóstico previo. Para el Club de Regatas de Bella Vista, el ascenso a la Primera División del Torneo Metropolitano no representa únicamente un salto de categoría: es la coronación de un proyecto de club, de una mística forjada a base de trabajo silencioso y de un plantel que hizo del sufrimiento y la entrega su bandera innegociable.

En el corazón de esa estructura se encuentra Mía Bannon. Dueña de un temperamento firme dentro de la cancha y una sensibilidad a flor de piel a la hora de dimensionar lo logrado, la defensora repasó los recovecos íntimos de una campaña inolvidable que quedará grabada a fuego en la historia de la institución.

La fe inquebrantable y el motor de la épica

Al evocar la previa de aquellos partidos bisagra que terminaron por inclinar la balanza, Mía transmite la vibración exacta de lo que se vivía en el vestuario: "La verdad que en el fondo estábamos seguras porque era seguir hasta el final, sufrir hasta el final, meter huevos hasta el final y de alguna manera se tenía que dar. Confiábamos en nosotras, en cada una, en el equipo, en el plan. A nosotras nos agarraba piel de gallina de tan solo pensar que dependía de nosotras; era puro huevo, corazón y sucedió, así que ahora estamos festejando y gritando".

Esa dinámica de entrega absoluta se tradujo en una lectura táctica y emocional del esfuerzo colectivo, donde la fatiga individual quedaba supeditada al rendimiento de la estructura: "Antes de arrancar el partido dijimos que si no salía una, tenía que estar la próxima, y si no salía la próxima, seguir y seguir hasta el final, sabiendo que de alguna manera se iba a dar. Yo creo que es una locura; nunca se me hubiese ocurrido, o sea, me lo imaginaba, pero hasta que no se hizo realidad no lo terminaba de creer".

El desafío de la elite y el latido de un club gigante

Con la euforia del ascenso ya consumada, la mirada empieza a posarse inevitablemente en lo que vendrá. El salto a la máxima categoría del hockey metropolitano exigirá un plus físico, táctico y mental, pero en Regatas la respuesta ante la exigencia nunca se negocia. Lejos de atemorizarse por el calibre de los rivales que asoman en el horizonte de la Primera "A", la defensora abraza el porvenir con una sonrisa y una enorme confianza en el grupo humano: "Y yo creo que va a ser un desafío que estamos todas contentas y con ganas de enfrentar. Nos vamos a preparar de la mejor manera posible, pero sobre todo estamos felices del equipo que formamos y del grupo humano que somos".

El logro, por supuesto, no pertenece únicamente a las jugadoras que pisan el sintético fin de semana tras fin de semana. Es el correlato de una marea marrón y celeste que contagia desde las tribunas, acompañando cada escalón de este crecimiento institucional: "Yo creo que es un club muy gigante y no hubiésemos llegado hasta acá sin todo el apoyo y el aliento desde el día uno, un apoyo que te contagia y es una locura total, algo para vivirlo y festejarlo. Esto es una pasión inmensa; ahora a descansar un poco y a prepararse de nuevo". Regatas de Bella Vista ya es de Primera. A base de corazón, defensa firme y una identidad inquebrantable, Mía Bannon y sus compañeras escribieron la página más hermosa de su historia.