Apenas se despejó la sorpresa porque Cabo Verde había conseguido la clasificación a su primer Mundial, a muchos futboleros argentinos -sobre todo a los de más de 50 años- les vino de inmediato un nombre a la cabeza: Adriano Custodio Mendes. De paso recordado por el fútbol local como habilidoso volante, sobre todo en Estudiantes de La Plata, logró por aquellos días de la década del 80 transformarse en símbolo de ese archipiélago que prácticamente acababa de nacer como país.
“Hasta hoy, Cabo Verde tenía como única historia la de su independencia. Ahora tiene algo más para contar”, expresó recientemente con satisfacción en una nota con Radio Universidad Nacional de La Plata, al hablar de la fiesta que generó la clasificación a la Copa del Mundo. Cosas del destino: además de estar ligado para siempre a Argentina, también tiene un vínculo, aunque menos conocido, con Uruguay, uno de los rivales que tendrá Cabo Verde en la fase de grupos.
Cuando Custodio Mendes empezó a usar la gloriosa casaca de Estudiantes de La Plata, la mayoría de quienes se enteraron de su lugar de procedencia recién se percataron en ese momento de que Cabo Verde había dejado de ser una colonia. De hecho, su nacionalidad original era la portuguesa, ya que nació en 1961 en la isla de San Vicente, y para cuando se reconoció la independencia en 1975 él ya era un adolescente.
Se fue de Cabo Verde huyendo de una trágica historia familiar: quedó huérfano cuando apenas tenía 8 años. Debió esperar cuatro años más en Portugal, adonde tuvo que ir desde su archipiélago natal para tramitar su pasaporte y viajar finalmente a Argentina, país en el que lo esperaba su hermana.
Su primera experiencia en las divisiones juveniles estuvo ligada a Gimnasia, precisamente el gran rival de Estudiantes. Pero fue apenas un breve paso por la séptima división antes de recalar en el Pincha, con el que quedó identificado y donde todavía hoy, a los 64 años, trabaja como entrenador. Debutó en 1981 y se convirtió de ese modo en el primer futbolista africano en disputar partidos oficiales en Argentina. Al poco tiempo llegó Carlos Bilardo para dirigir a aquel plantel que se consagraría campeón del Metropolitano en 1982. El Narigón valoraba las condiciones de Custodio pero veía a la vez que no iba a tener lugar en aquel equipo con grandes nombres de mitad de cancha para adelante.
Custodio Mendes, de Cabo Verde a Uruguay
“Bilardo nos decía a Sabella, a Ponce y a mí que no fuésemos al choque, porque nosotros teníamos que enfocarnos en pensar y jugar. Lo tuve un semestre nomás, y me recomendó que me fuera a jugar a Uruguay para tener continuidad”, contó Custodio Mendes en una entrevista en 2023 con el canal TN. Se abrió entonces la puerta para que en el segundo semestre de 1982 pasara a préstamo a Danubio, como parte de la compra del pase de Luis Malvárez a ese club.
Al caboverdiano, que unos años antes había atravesado el Atlántico cuando todavía era un niño, le tocó ahora cruzar el Río de la Plata. Se encontró con un campeonato diferente del argentino. Al este del río Uruguay, a diferencia de la gran paridad que se vivía en el torneo argentino, las posibilidades de gloria, salvo una rareza extrema, apenas se dividían de forma muy marcada entre Peñarol, que ese año ganaría su cuarta Copa Libertadores, y Nacional.
A Adriano le tocó remar desde el humilde pero orgulloso Danubio, un equipo con fama justificada de formar buenos juveniles pero con un poderío económico muy distante del de los dos grandes. Aquel plantel al que llegó tenía buen potencial, con dos excelentes pero muy jóvenes arqueros como Jorge Seré y Javier Zeoli, que llegarían al seleccionado; Carlos Berrueta, compañero de Enzo Francescoli en el Sudamericano juvenil de 1981 y que años más tarde jugaría en River; y sobre todo un chico de apenas 16 años con un destino de crack tan marcado que ya era titular: Ruben Sosa.
Ese equipo con mucho talento pero que necesitaba todavía un tiempo de maduración finalizó séptimo en el campeonato, que previsiblemente quedó en manos de uno de los grandes. Esta vez fue Peñarol. A Adriano le alcanzó ese breve paso para dejar un recuerdo grato en los hinchas del equipo franjeado.
De Estudiantes al mundo
A la vuelta del préstamo, Custodio Mendes tuvo una nueva oportunidad en Estudiantes. Quedó de ese ciclo, en el que tuvo como entrenador a Eduardo Manera, un golazo para vencer 2-1 a San Lorenzo en Vélez, que en buena medida frustró las chances de un título para el Ciclón.
Después vino una larga travesía por diferentes clubes de Argentina y del exterior. Estuvo en Bolivia, Paraguay, Chile, Venezuela y, en uno de sus últimos pasos, en Honduras. El cierre no estuvo a la altura de todo lo bueno que había construido en su carrera: en un Torneo Regional, agredió a un árbitro y recibió una larga suspensión que cerró cualquier puerta a un regreso.
“Yo soy argentino, mis hijos son argentinos, mi vida está acá. Cabo Verde me dio la vida, es mi sangre, pero yo me crie en la Argentina. Por eso siempre digo que soy más argentino que caboverdiano”, sostuvo el año pasado en una entrevista con La Nación, en la que de todas maneras mostró que parte de su corazón también está en aquel archipiélago que lo vio nacer.
“Allá todos juegan bien, aunque muchos no tienen ni para comprarse una pelota. Y ahora llegaron a un Mundial. Me hubiese encantado estar allá para vivirlo con ellos”, contó Custodio Mendes. Pero de alguna manera, aunque lo vea por televisión, él y su legado de buen fútbol estarán ahí cuando Cabo Verde debute en el Mundial el 15 de junio ante España, en Atlanta.
