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Disponibilidad sin "letras chiquitas"

ESPN Digital

Basándonos en esta disposición de “querer aportar” por parte de los jugadores, existen distintas categorías que sirven para poder catalogar a los futbolistas

Es bien sabido que el entrenador, como cualquier otro líder o responsable de un grupo, más allá de tener los conocimientos específicos de la materia, en el caso de futbol conocimientos tácticos, técnicos, físicos, para esencial de su éxito dependerá de la gestión y manejo de los recursos humanos. Los jugadores, la “materia prima” con la que el entrenador y su staff cuentan, es seleccionada por infinidad de motivos y mucha gente influye en ese proceso. Al final de cuentas el entrenador deberá asignarle a cada uno de los integrantes responsabilidades específicas, que idealmente deberían de ser acorde a las cualidades y jerarquía de cada jugador, para que así todos tengan claro por qué son parte y qué se espera de ellos. Todo esto, la comunicación, desde mi punto de vista, son los cimientos de una gestión de recursos eficiente.

Imagino un grupo de trabajo en el cual, desde antes de reunirse y gastar la mínima energía, todos los integrantes tengan claro la razón por la cual están ahí y qué será el mínimo aporte esperado. Esto se puede lograr en una plática, una llamada telefónica o incluso por escrito, no existe pretexto válido para evadir u obviar este proceso. Es importante realizarlo, y desde mi experiencia es realmente sencillo hacerlo al comienzo, ya que todos tienen disposición y la ilusión intacta, misma que, como responsables del proyecto, sabemos que una vez empiece a rodar el balón va a ser alterada.

Esta variación en cuanto al compromiso principalmente, por parte de los jugadores, es causado por la falta de participación en los compromisos oficiales, falta de minutos de juego. Parecería que el mensaje, de forma consiente u inconsciente, que el futbolista pretende dar es “mi compromiso con el equipo es directamente proporcional al tiempo que juegue”, o incluso algo más profundo y dañino: “antepongo mis propios objetivos a los del equipo”. Todo esto es normal, es humano hasta cierto punto y nunca me ha asustado, para cualquier entrenador con la mínima experiencia es fácilmente identificable, pero son solamente los líderes quienes asumen como desafío esta realidad y toman cartas en el asunto.

Basándonos en esta disposición de “querer aportar” por parte de los jugadores, existen distintas categorías que sirve tener identificadas para así poder catalogar (no limitar) a los futbolistas. Están los jugadores dispuestos a aportar y tienen los recursos para ello; es el modelo de jugador ideal para el entrenador, no dan problemas y alimentan nuestra idea. Parecidos a los anteriores, encontramos a los jugadores que tienen la disposición para aportar pero que por cualidades, jerarquía y creatividad tienen el ímpetu y recursos para mejorar la idea del entrenador; éstos muchas veces son etiquetados negativamente por entrenadores inseguros, ya que, consideran su afán por aportar algo extra como amenazante a su autoridad, en cambio un entrenador seguro de si mismo jamás descartaría a un elemento así.

En medio de la escala nos topamos con los futbolistas que más dolor de cabeza me dan: los que no se definen, los que un día si y uno no, los que su rendimiento esperado depende de si son titulares o entran de cambio, si se sienten bien o con mínima molestia, si juega su amigo, si el rival los presiona, si hay sol o lluvia, si desayunaron bien, etc. etc. El día que todo se alinea son los mejores del campo, pero basta con que algo, por más simple y a ojos de cualquiera intrascendente falle, para que su rendimiento se vaya al suelo.

Por último, los jugadores sin disposición. Con ellos es sencillo; en primer lugar, se le hace saber su falla (aunque sea evidente para la mayoría, para ellos es complicado notar y sobre todo aceptar), llámenle advertencia o amenaza, da igual, lo importante es que sepan que si no cambian no lo van a disfrutar. Si con sus acciones muestran compromiso, bienvenidos sean. Si su actitud continúa siendo negativa suelo dar una segunda oportunidad con mucho cariño y cambiando la estrategia. Una tercera oportunidad nunca. Se mata el perro y se acaba la rabia.

Gestión de recursos, toma de decisiones, nadie por encima del equipo. Todos están invitados, todos tienen la misma oportunidad. Quien no puede se le ayuda, quien no quiere se le desecha (cada quien a su estilo).