Qatar habrá de convertirse en torno a su contexto histórico, social y político, en el Mundial de la Vergüenza.
En pocos días, a partir del 20 de noviembre y hasta el 18 de diciembre, el mundo entero dirigirá su mirada y sus corazones a la máxima celebración futbolística del planeta. La 22ª edición de la Copa Mundial de la FIFA tendrá verificativo en Qatar, país del medio Oriente que ha estado en el ojo del huracán por la constante, reiterada y flagrante violación de Derechos Humanos que han sufrido miles de seres humanos.
Diversas Organizaciones No Gubernamentales han levantado la voz para denunciar los abusos y explotación que han padecido trabajadores provenientes de diversos países al construir los estadios que albergarán los 64 partidos del Mundial de este año. Una de ellas, Amnistía Internacional, ha puesto sobre la mesa cifras espeluznantes que reflejan la manera en que han sido tratados los migrantes contratados al levantar los recintos donde veremos a los anfitriones y a las mejores treinta y una selecciones nacionales de fútbol.
Dicho organismo detectó, por ejemplo, ocho formas de explotación que sufrieron muchos trabajadores procedentes de Bangladesh, India, Nepal, Sri Lanka y Pakistán, quienes estuvieron asignados a la construcción de un solo estadio, el “Jalifa”, y en la llamada “Aspire Zone”, también conocida como “Doha Sports City”, un complejo deportivo de 250 hectáreas ubicado en el distrito Baaya, en Doha. Éstas son:
Elevadas comisiones de contratación. Deplorables condiciones de vida. Mentiras entre el salario ofrecido y el efectivamente pagado. Retraso en el pago de salarios. Imposibilidad de salir de sus zonas de trabajo por no contar o renovar el permiso de residencia. Imposibilidad para salir del país o cambiar de trabajo. Amenazas de los empleadores. Sometimiento a trabajos forzosos
Más del 90% de la mano de obra que se empleó para construir las sedes mundialistas en Qatar se obtuvo de los migrantes, quienes tuvieron que pagar entre USD$500.00 y USD$4,300.00 a las agencias de contratación para obtener el trabajo el cual, muchas veces, según la ONG referida, se desarrolló sufriendo con alguna, varias o de plano todas las formas de explotación arriba enumeradas. Cabe mencionar que han sido las propias empresas de construcción las que han incumplido el propio derecho laboral de Qatar. La gravedad de este punto es que ha sido con la complacencia de las autoridades locales, mismas que desde siempre han negado públicamente la violación de derechos humanos en su territorio, lo cual es absolutamente evidente.
Temperaturas de hasta 50 grados centígrados durante el trabajo; jornadas interminables; escasas medidas de seguridad; muy pocos días de descanso y otros aspectos que ya señalamos, han tenido una consecuencia por demás lógica pero absolutamente inadmisible. La verdadera tragedia que ensombrece al país que organizará la inminente Copa del Mundo de este año se expresa en la increíble y terrorífica cifra de 6,500 muertes que reveló el diario británico “The Guardian” con datos comprobados por la propia Amnistía Internacional. Ante este escándalo, el gobierno local se limitó en su momento atribuir dicha cantidad de fallecimientos a las altamente sospechosas “causas naturales” o a “insuficiencias cardiacas”.
Las expresiones de condena se han multiplicado por doquier y hasta la selección nacional de Dinamarca se ha manifestado al respecto a través de la vestimenta que utilizará en suelo mundialista. “La camiseta lleva un mensaje consigo. No queremos ser visibles durante un torneo que ha costado la vida de miles de personas. Apoyamos a la selección danesa en todo momento, pero eso no es lo mismo que apoyar a Qatar como nación anfitriona”, afirmó la marca deportiva Hummel en sus redes sociales. Asimismo, una carta abierta conjunta a Gianni Infantino, presidente de la FIFA, fue emitida por diversos organismos internacionales protectores de derechos humanos con la finalidad de que el máximo organismo rector del balompié mundial establezca un programa integral que garantice que todos los abusos laborales a los que esta organización contribuyó sean debidamente remediados y se reserven los recursos financieros necesarios para ello.
¿De qué manera se remediarán las vidas de al menos seis mil quinientas personas? ¿Cómo se borrarán de las mentes y de los cuerpos de muchísimos migrantes todas y cada una de las violaciones que sufrieron ante la necesidad de encontrar un trabajo remunerado que les permitiese llevarles ropa, vestido y sustento a sus familias? ¿Qué debemos sentir, pensar y expresar los aficionados, medios de comunicación, jugadores, técnicos, dirigentes y todos aquellos involucrados, directa o indirectamente, con el fútbol ante semejantes hechos? ¿Tenemos motivos para alegrarnos y disfrutar de este evento que esperamos denodadamente cada cuatro años?
No me cabe duda. Qatar habrá de convertirse en torno a su contexto histórico, social y político, en el Mundial de la Vergüenza. Del plano deportivo no es momento de hablar, pero vaya que la pelota se ha manchado, y mucho.
