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La Champions League hizo a Mourinho y Mourinho hizo la Champions League. ¿Podrá ganarla otra vez?

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¿Es fantástico trabajar con Mourinho? José Morais cree que si (1:32)

El ahora DT del Jeonbuk Hyundai Motors, quien fuera la mano derecha de José Mourinho durante muchos años, asegura que el portugués es un ejemplo para cualquier entrenador por sus cualidades de liderazgo y dirección. (1:32)

La Champions League hizo a José Mourinho y, tal vez, para una generación de hinchas, José Mourinho también ayudó a hacer la Champions League. Durante la mayor parte de una década dominó la narrativa en torno a este torneo como ningún otro DT. Desde su primer triunfo, con Porto, en 2004, hasta la última de sus tres derrotas consecutivas en semifinales con Real Madrid, en 2013, ¿cuántos de los momentos más memorables fueron suyos?

Primero vino la marcha por la línea de banda en Old Trafford, con los puños apretados y la cola de la chaqueta flameando detrás cuando corrió para celebrar el gol del empate de Costinha a los 92 minutos, que sellaría un famoso triunfo global por 3-2 sobre Manchester United. Por más impactante e inesperada que fuera esta victoria, la resistencia de un Inter diezmado en el Camp Nou siete años más tarde podría haber sido aún más asombrosa.

Incluso cuando sus equipos no ganaban, Mourinho igualmente capturaba nuestra atención. Se escondió en una canasta de ropa sucia para esquivar una suspensión, conjuró analogías para comparar los equipos de fútbol con omeletes e introdujo a la audiencia de habla inglesa a la frase "gol fantasma". En una nota más oscura, también hizo una falsa acusación contra un árbitro, Anders Frisk, asegurando que se había reunido con el DT de Barcelona, Frank Rijkaard, en su vestuario durante el entretiempo de un partido de octavos. Frisk luego recibió amenazas de muerte y se retiró. UEFA eventualmente emitió un comunicado absolviendo de responsabilidad a Mourinho por dicha decisión, pero no sería la última vez que desató indignación con acusaciones de conspiración.

Para bien o para mal, no podrías escribir la historia de la Champions League sin él en esta época. Fueron 10 años en los que Mourinho dirigió cuatro clubes diferentes y solamente tres veces no logró llegar a las semifinales.

Luego de levantar el trofeo con Porto, condujo a Chelsea a las semifinales dos veces en tres temporadas, sólo para perder por poco ante Liverpool en ambas oportunidades. Luego vino Inter. Bajo su dirección, se convirtió en el primer equipo en ganar el triplete de Champions, Serie A y Coppa Italia. Cuando Real Madrid contrató a Mourinho inmediatamente después de este triplete, fue presentado como una contratación infalible. Antes de Mourinho, la política de Madrid en el mercado bajo la dirección de Florentino Pérez a principios de la década del 2000 había quedado definida por el fichaje de superestrellas --los llamados galácticos-- como Luis Figo. Zinédine Zidane, David Beckham y el Ronaldo brasileño. "Este año", explicó el presidente, "el galáctico es Mourinho".

Debería haber sido una combinación celestial. Pérez y Mourinho compartían la misma prioridad: consagrarse campeones continentales una vez más. Aunque Madrid ya era el equipo más exitoso en la historia de la Copa de Europa, no ganaba desde 2002 y estaba a un campeonato de La Décima, la emblemática conquista número 10. Habiéndose convertido en el tercer DT de la historia en ganar el torneo con dos clubes diferentes, Mourinho vio la oportunidad de realzar su legado convirtiéndose en el primero en hacerlo con tres. La historia cuenta que cuando Pérez guio a Mourinho por el museo del club en el Santiago Bernabéu, se detuvo frente al trofeo y le confesó a su nuevo DT, "lo echo de menos". "Yo también", respondió Mourinho. "Y para mí, sólo han sido unos días".

Sin embargo, de alguna manera, nunca lograron hacerlo realidad, y hasta el día de hoy existen opiniones encontradas con respecto al ejercicio de Mourinho en Madrid.

Sus partidarios señalan que nada está garantizado en las competencias con fases de eliminación, y que el equipo antes había pasado seis años sin siquiera llegar a cuartos de final. Señalan que sólo cayó ante Bayern Munich por penales en 2012, y por un solo gol ante Borussia Dortmund un año más tarde. Sus detractores dicen que Madrid tuvo algunos cruces muy favorables camino a esas semifinales, y que sólo Manchester City gastó más en pases durante el mismo período. El hecho de que su sucesor, Carlo Ancelotti, ganara la Champions League en el primer intento, incluso con una paliza global de 5-0 sobre Bayern en la semifinal, tampoco lució bien para Mourinho.

No obstante, siempre fue parte de la conversación de Champions en Madrid; Mourinho prácticamente no ha tenido oportunidades de competir por el trofeo que más desea durante la década siguiente. Hubo una semifinal más, al principio de su segundo ciclo en Chelsea. Luego de un empate visitante sin goles ante Atlético de Madrid en el partido de ida, el equipo de Mourinho se puso 1-0 en la vuelta en Stamford Bridge, sólo para ceder el gol del empate justo antes del entretiempo y caer 3-1.

Las posteriores críticas de Mourinho a Eden Hazard, quien no logró marcar a Juanfran en la jugada del gol del empate de Atlético, quizá hayan sido el punto de inflexión. Chelsea ganó la Premier League la temporada siguiente, pero la relación del DT con Hazard se deterioró y sus compañeros han observado que el belga empezó a perder de vista sus mejores cualidades, forzando pases malos en un esfuerzo por apaciguar a su DT, cuando antes habría llevado la pelota adelante él mismo.

Todo lo anterior, da lugar a una narrativa mayor con respecto a Mourinho, que se ha convertido en una persona demasiado ególatra, demasiado dispuesto a lanzar a sus propios jugadores debajo del autobús en las etapas avanzadas de su carrera. En Porto, Inter y durante su primer mandato en Chelsea, había sido percibido como un entrenador que protegía a sus equipos al atraer hacia él mismo la atención de los medios, con sus conferencias de prensa con actitud altanera y sus teorías conspirativas como métodos de distracción. Ahora estaba dejando que otros fuesen los chivos expiatorios de los fracasos de este equipo. Si la pelea con Hazard había sido perjudicial, la escandalosa decisión de criticar a la doctora del equipo, Eva Carneiro, seguida de un empate con Swansea terminaron haciendo que su posición en el equipo fuese inviable. En Manchester United, a Paul Pogba lo terminó dejando solo, y el ciclo se repitió.

Lo cierto es que esa no era una nueva estrategia. Mourinho ha tenido peleas con sus jugadores durante toda su carrera, y por lo general con las grandes estrellas. En su primera temporada en Porto, suspendió a su primer arquero, Vitor Baía, en todas las actividades del club durante un mes después de una discusión. En 2010, camino al triplete en Inter, Mario Balotelli fue desairado públicamente. La diferencia fue que, en ese momento, la forma de transmitir el mensaje funcionó.

En Porto, los jugadores vieron que un entrenador joven estaba preparado para tomar definiciones duras. En Inter, a un escuadrón al que le habían pedido una actitud de auto sacrificio se le volvió a confirmar que no se iban a hacer excepciones, incluso si eso significaba dañar el potencial valor de venta de un jugador que era visto como un gran activo para la mayoría.

Hay muchas razones por las que una treta similar quizá no haya funcionado tan bien en Manchester, Londres o Madrid. Las relaciones humanas son complicadas, se podrían escribir un sinfín de artículos acerca del estado psicológico de cada equipo. Quizá todo eso termine siendo una distracción, de todas maneras. ¿Será que la manera en la que Mourinho maneja sus relaciones humanas ha sido lo que lo ha perjudicado, o será que sus tácticas simplemente están desactualizadas?

En momentos de mayo éxito, se burlaba de los idealistas del fútbol. "Hay muchos poetas en el fútbol", dijo después de ganar la Europa League con Manchester United en 2017, "pero los poetas no ganan títulos". Por su parte Jonathan Wilson, autor de "Inverting The Pyramid", ha argumentado que, en un determinado momento, Mourinho se convirtió en un poeta, demasiado apegado a su propia creencia de que el trabajo duro y la disciplina defensiva podían superar cualquier cuestión. Puede que Mourinho haya tenido razón en algún momento, pero el fútbol ha avanzado.

A principios de 2010, estaba compitiendo con Pep Guardiola, Barcelona y el tiki taka. Hoy en día, el rey de Europa es Liverpool con el furioso "fútbol heavy metal" de Jürgen Klopp. Tiempos diferentes, requieren de soluciones diferentes.

Nada de lo anterior implica que la ventana de Mourinho para alcanzar la victoria en la Champions League esté necesariamente cerrada. Es difícil para cualquier entrenador permanecer en la cima del juego a lo largo de diferentes décadas - hay una razón por la que tan pocos lo han logrado - pero no imposible.

Mourinho no siempre ha sido una persona dogmática. En Porto e Inter, así como en su primer período en Chelsea, demostró ser muy flexible tácticamente hablando. O tal vez las estrategias también son una maniobra de distracción. ¿El ingrediente secreto en cada una de esas situaciones ha sido en realidad otra cosa? En ese entonces, Mourinho siempre parecía una persona que se estaba divirtiendo.

En una entrevista con la Gazzetta dello Sport la semana pasada, a Mourinho le preguntaron acerca de la decisión de dejar Inter por Madrid en el verano de 2010. Habló abiertamente acerca de la ambición, del hecho de que había rechazado dos veces las ofertas del club español y del deseo de lograr algo sin precedentes, ganar la Champions League con un tercer club diferente de un país diferente. Pero dejar Inter seguía siendo difícil. Según Mourinho, el propietario del club, Massimo Moratti, le dijo después de la victoria de semifinal ante Barcelona que ellos no se iban a interponer en su camino, que después de semejante performance él no les debía nada. En efecto, el club italiano le concedió el "derecho de hacer lo que quería. Pero el derecho de ser feliz no es algo que se pueda dar. De hecho, estuve más feliz en Milán que en Madrid.

El vínculo de Mourinho con ese equipo de Inter es digno de tener en cuenta. El equipo ganador de la Champions League todavía tiene un grupo de WhatsApp y los jugadores han comentado que el viejo entrenador es el miembro más activo. Es un detalle cautivador, pero también revelador. Es difícil imaginar una relación tan cercana con sus equipos de Manchester o Madrid.

La unidad y el sentido de un propósito compartido, por lo general son citados en Inter como los ingredientes claves de su éxito sin precedentes de 2010. El tiempo dirá si Mourinho puede lograr algo similar en Tottenham, o donde sea que su recorrido lo lleve. Ya ha dejado su marca en la competencia más prestigiosa del fútbol europeo. Pero, al menos para él, la historia todavía no ha llegado a su fin.