El Santiago Bernabeú rindió tributo a los reyes de Europa

MADRID -- "Este año no vamos a hablar todos. Pero tenemos que darle el paso a nuestro gran Zinedine Zidane", dijo el capitán Sergio Ramos.

Y habló Zidane.

"Es gracias a vosotros porque habéis creído. Queremos muchos más títulos, gracias a todos". Después el manteo de sus hombres. Conscientes todos, de estar cerrando un año de ensueño: el Doblete, Liga y Champions, además de un Mundial de Clubes y la Supercopa de Europa. La fiesta que había iniciado cuatro horas antes culminaba con dos minutos de fuegos artificiales y un paseo por el campo del equipo y sus familiares.

Las luces se apagaron en el Santiago Bernabéu a las 10:30. Los reyes de Europa acababan de llegar a casa y dejaban atrás el traje para enfundarse en el uniforme blanco después los actos protocolarios con las autoridades de la capital española y celebrar en la Fuente Cibeles con los miles de aficionados que desde primera hora de la tarde empezaron a acercarse a su mítico punto de encuentro.

Y antes de levantar las bufandas a grito de "campeones, campeones" un recuerdo al enemigo público número uno de los merengues. “¡Piqué, ca...ón, saluda al campeón!”. Ese grito que Dani Carvajal tuvo a bien legitimar como exaltación del madridismo hace dos semanas, cuando celebraba ante la diosa frigia la Liga número 33 del Real Madrid.

Aquella vez habían postergado el festejo grande, el del estadio. Con la confianza y fe de ganar también la Champions

Desfiló antes que nadie, Zinedine Zidane. Con una sonrisa de oreja a oreja y el estadio se le entregó de nuevo.

Uno a uno fueron apareciendo los jugadores. Isco, el consentido, escuchó corear su nombre. Igual que Pepe a modo de despedida y Keylor Navas, que aún dos veces campeón de Champions League se le pone en entredicho. Casemiro, recién rapado, se llevó una estruendosa ovación; y también Gareth Bale, que aunque ha tenido una tortuosa temporada, su gente sabe lo que vale.

Cristiano, por supuesto, fue el más celebrado. "¡Iuuuu!" y cántico sin música de fondo, para mayor dramatismo.

A todos se les recibió como héroes; hasta el tercer portero Rubén Yáñez. No a Fabio Coentrao. Él simplemente no estaba presente. No fue porque tenga las horas contadas en el club -- como Pepe y James Rodríguez-- o por su presencia casi testimonial en el equipo. Faltó a la fiesta al encontrarse indispuesto.

Sergio Ramos fue el último en salir. Envuelto dos banderas, la de España y la de Andalucía, y con una corona desató la locura.

“Un orgullo. Muchas gracias por hacernos creer. ¡Hala Madrid!”, dijo el capitán Ramos.

Cristiano Ronaldo quiso dar un discurso. No pudo. La gente lo interrumpió al grito de "Cristiano Balón de Oro!". Y claro. Se tuvo que unir. Pidió cariño y cariño tuvo.

Volvió a escucharse el recuerdo al defensa catalán. Pero esta vez los de Zidane se contuvieron. Seis de ellos lo verán pasado mañana en la concentración de la selección nacional.