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Mucho ruido, pocos mexas

¿El futbol mexicano crecería con más jugadores compitiendo en los mejores torneos de Europa, aunque lo hagan con equipos de segunda línea?

Esta semana comenzaron las fases de grupos de las tres competiciones de clubes en Europa. Lo primero es recordar, porque vale la pena y hasta se necesita hacerlo, que son, en efecto, tres torneos los que se juegan. Que no es sólo la Champions League y que cada semana no juegan únicamente el Real Madrid, el Barcelona, el Manchester City o el PSG.

Entre la Liga de Campeones, la Europa League y la Conference League hay 96 equipos europeos jugando la fase final. Son muchísimos más si contamos las fases previas de cada competencia. Y entre esos 96 clubes, sólo hay siete futbolistas mexicanos. ¿Por qué?

Edson Álvarez, Jorge Sánchez, Hirving Lozano y, con suerte, Jesús Corona juegan la Champions League. Digo lo de la suerte en el caso del Tecatito, porque para como van las cosas, cuando vuelva de la lesión es probable que el Sevilla esté ya en la Europa League. Torneo que disputan Erik Gutiérrez, Andrés Guardado y Santiago Giménez.

Cuando hablamos del futbol europeo, al menos desde México, nos solemos enfocar siempre en las cuatro grandes ligas (Inglaterra, España, Italia y Alemania) y recientemente hemos tenido la “bondad” de incluir a la francesa por lo que representa y ahora presume el PSG. Holanda y Portugal de vez en cuando nos hacen ojitos porque ha sido una buena vía de acceso para el jugador mexicano. Pero en general, se les ve por debajo del hombro.

Lo demás pareciera que no existe y, que al lado de nuestra Liga MX, no tiene nada que hacer o, en el mejor de los casos, muy poco que aportar. Aquí hago un primer alto para reconocer debatible este punto. He dicho muchas veces y en varios espacios que el futbol mexicano, medido desde su liga únicamente, es uno de los 10 mejores en el mundo. Lo creo de verdad.

Pero entonces, ¿qué es mejor? ¿Jugar en una “buena” liga, o estar en otra tal vez con menos nivel pero que ofrece mayor roce? Si hoy se anunciara que Fulano Pérez será nuevo jugador del Copenhague, seguramente cuestionaríamos mucho qué tiene que ir a hacer un futbolista mexicano a la liga danesa. El asunto es que el cambio de aires le permitiría a Fulano, además de conocer otra liga y afrontar otro tipo de retos, rozarse durante la fase de grupos con equipos como el Manchester City, el Borussia Dortmund o el Sevilla.

Y si a ese mismo futbolista su agente le dijera, “oye, también tenemos una oferta para ir al Viktoria Plzen en República Checa”, los pelos del jugador, de los aficionados y de la prensa en México se pondrían de puntas. Mucho mejor jugar y competir en México con equipos como América, Tigres, Rayados, Pachuca, Santos o Cruz Azul que hacerlo ante Hradec Kralove, Slovan Liberec o Zbrojovka Brno. Esa sería, con seguridad, la respuesta generalizada del entorno mexicano. Y cuidado, podría haber muchos elementos para debatir e, incluso, para ganar el debate. Pero entonces alguien podría decir, “piensa que los checos van a jugar Champions contra el Barça, el Inter y el Bayern, ¿seguro no te animas?”.

En un futbol cada vez más capitalista, la realidad económica no puede ocultarse. México y sus equipos no viven de la venta de sus jugadores. Generan suficiente dinero para, además de tener una buena liga como sigo creyendo, tener una bastante rica. Hasta ahora los clubes no han estado dispuestos a “abaratar” su producto para colocarlo en ligas y equipos de segundo plano -de bombos 3 o 4- en términos de sorteos europeos.

La pregunta es, ¿deberían hacerlo? ¿serviría de algo? ¿el futbol mexicano crecería con más jugadores compitiendo en los mejores torneos de Europa, aunque lo hagan con equipos de segunda línea? Valdría la pena detenerse a pensarlo antes de responder.