BUENOS AIRES -- El comité ejecutivo de la AFA aprobó la confección de un padrón de hinchas que permitiría identificar a cada una de las miles de persona que concurren a la cancha.
Cada aficionado, según la nueva disposición que comenzaría a regir en 2010, contará con una credencial magnética (ya no se venderán entradas en los estadios) con su nombre, número de documento y huellas digitales.
La tarjeta supone un primer filtro. Quienes idearon el sistema están seguros de que aquellos barras con antecedentes judiciales preferirán no inscribirse y, gracias a la nueva tecnología, el fútbol por fin se librará de ellos. Porque sólo con este documento (¿expedido por la AFA? ¿por la policía? ¿por una empresa privada de seguridad y logística?) se podrá comprar la entrada a través de cajeros automáticos y por teléfono.
El drástico cambio de hábito para los hinchas ha sido presentado por la AFA como un significativo avance en la campaña contra la violencia. El vocero Ernesto Cherquis Bialo incluso se animó a decir que la propuesta favorece el regreso de las familias a la cancha (parece que hubo una época, que yo no recuerdo, en que las familias concurrían a la cancha como si se tratara de la misa dominical) y provocará un "cambio de mentalidad" en el público futbolero.
El proyecto, que cuenta con el respaldo experto de la Universidad Tecnológica Nacional, insufla entusiasmo en algunos. Pero como los detalles de su implementación aún no fueron revelados, es difícil pensar en los aportes reales de semejante acopio de información.
En principio, suena como una exigencia abusiva para los aficionados incorporarse a tal sistema de control nada más que para conseguir una entrada.
Por lo demás, de producirse hechos de violencia, de qué serviría el padrón sin la verificación visual de los responsables. Quiero decir: si una mano anónima le arroja un zapato viejo a un juez de línea y le produce un desmayo, no veo cómo el banco de datos podría contribuir a esclarecer el episodio. (¿O se tomarán las impresiones digitales del zapato como en un complejo crimen?)
Cuando hablan de "identificación", a lo que se refieren los defensores del padrón es a una reserva de información permanente, cuyos usos y destinos, dicho sea de paso, habría que ver cómo se supervisan.
Acaso funcione como un primer tamiz (los prontuariados), pero no ayudará demasiado a la prevención o castigo de conductas violentas, que no siempre provienen del corazón de la popular, donde se estima que se concentran los chicos malos que han pasado más de una noche en las comisarías.
Actualmente, se dispone de imágenes suficientes (cuando no de la comprobación presencial por parte de la policía) en algunos capítulos violentos. Pero rara vez hay intervención de los funcionarios uniformados con ánimo preventivo.
Aun cuando es evidente la responsabilidad de un espectador o de un grupo en acciones violentas o de peligro inminente (por caso, cuando los muchachos, enojados por un penal en contra, están por tirar abajo un alambrado), la policía tiende a disolver culpas "identificables" en una gresca inmanejable y más riesgosa, donde parecen moverse más cómodos.
En ocasiones (muchas) el problema no es la falta de tarjetas para separar la paja del trigo, sino las instrucciones de la policía.
Otro tema que el padrón no podrá resolver es el enfrentamiento de las bandas fuera de las tribunas. Un fenómeno más común que la pelea dentro de los estadios. Pero dirán que ése (la muerte en plazas, veredas o bailantas) no es un problema del fútbol.
Ya habrá más precisiones sobre el proyecto. Y sabremos si apenas cristaliza una fantasía de control absoluto propia de la ficción científica (indigestión de cine) u ofrece alguna ventaja concreta sin violar los derechos de nadie.
