La mirada de un uruguayo que vivió la despedida de Enzo Francescoli de River Plate

El 1° de agosto 1999, miles de hinchas del Millonario se reunieron en su casa para despedir al ídolo. Fotobaires.com

Cómo olvidarlo. Ahí estaba, sentado en la platea del viejo Estadio Monumental de Núñez. Ese que veía por un viejo televisor blanco y negro los domingos de noche cuando pasaban los compactos del fútbol argentino.

Ahí estaba, como un simple uruguayo rodeado de argentinos. Hasta que de pronto, como si fuera una marea, la gente se empezó a poner de pie. Me paré. Y ahí apareció por el túnel la figura de un hombre flaco, vestido con la misma camiseta blanca con una diagonal roja que lucían con orgullo los habitantes de la tribuna. La gente explotó en un aplauso. Inmenso.

Acompañado por sus hijos caminó a paso lento. Y desde todos los sectores surgió el grito que durante tantos años endulzó sus oídos: “¡uruguayo, uruguayo, uruguayo!”.

Era el 1º de agosto de 1999 cuando miles de hinchas de River Plate se reunieron en su casa para despedir al ídolo, el uruguayo Enzo Francescoli.

El Flaco, como se lo conocía cuando surgió por estas tierras para luego convertirse en Príncipe de algún relato, fiel a su estilo posó con sus compañeros de toda la vida para luego romper filas y levantar tímidamente las manos y saludar hasta con timidez al público que lo ovacionaba.

Peñarol fue el invitado a la fiesta. Pero antes de comenzar el último partido de Enzo con la banda roja en el pecho, el capitán de River tuvo un gesto inolvidable. De uruguayo a uruguayo. Caminó unos metros y fue a buscar fuera del campo de juego a Walter Gómez, aquel ídolo de la década del 50 que fue dueño de un canto que decía que la gente no comía para ver a Walter Gómez.

Enzo lo llevó a la mitad de la cancha para que Gómez diera el puntapié inicial en su último partido. Luego de ello, Francescoli lo acompañó abrazado, y antes de que se retirara de la cancha, lo abrazó y le dio un beso. Como un hijo a un padre.

El partido fue una anécdota. Francescoli se divirtió con sus amigos, la gente gozó por última vez de sus genialidades hasta que, sobre el final, ingresaron sus hijos Bruno y Marco que fueron corriendo al encuentro de su padre. Los Francescoli se dieron el gusto de sellar la despedida anotando un gol.

La fiesta había llegado a su fin. La carrera de Francescoli también. El ídolo millonario dio su última vuelta olímpica. La gente lo ovacionó de pie. Y en ese momento por mi memoria recorrieron las estrofas finales de la canción de Ignacio Copani en la que le pide y le suplica para verlo una vez más…

Quiero verte una vez más querido Enzo

por la risa que hasta en sueños multiplico,

por el canto y la alegría de los chicos

con su príncipe surcando el universo.

Quiero verte una vez más querido INMENZO.

Quiero verte una vez más, te lo suplico.