BARCELONA -- El Barcelona debía elegir a un nuevo presidente el 24 de enero... Pero no podrá hacerlo hasta, en caso de no surgir más complicaciones, el 7 de marzo. La pandemia del coronavirus, las afectaciones que la alarma sanitaria está causando en todo el mundo y de las que Catalunya no ha permanecido al margen, provocaron que la junta gestora dirigida por Carles Tusquets, de acuerdo con el gobierno catalán, decidiera suspender la jornada de votación prevista, aplazarla seis semanas, y, de esta manera, seguir con una interinidad que en poco o nada beneficia al club.
De entrada se descartó la posibilidad de acudir al mercado de invierno, después de que en la reunión que mantuvo Tusquets con los candidatos a la presidencia (Joan Laporta, Víctor Font y Toni Freixa) estos se mostrasen contrarios a que la gestora negociara el fichaje del central Eric García y/o del delantero Memphis Depay, entendiendo que debe ser el ganador de las elecciones el que tome la decisión cuando acceda al mando. Y aunque en la situación actual nada puede descartarse absolutamente, hoy por hoy se contempla como más probable que Ronald Koeman deba acabar la temporada con la actual plantilla.
El Barça atraviesa su peor crisis económica, se asegura, de los últimos 60 años. Desde que la construcción del Camp Nou en 1957 dirigiera al club a un colapso financiero que provocó una caída deportiva sin precedentes (enlazó hasta 14 años sin ganar la Liga) no se había visto cosa igual. Y el futuro inmediato, a la vista de las cuentas, amenaza con repetir aquellos años oscuros que el nuevo presidente que surja de las urnas deberá evitar a toda costa.
Estas seis semanas de aplazamiento en las elecciones no son una buena noticia deportiva para un club cuya imagen de desgobierno sacude todos los rincones del Camp Nou, la Ciudad Deportiva y los despachos ejecutivos, donde nadie sabe a ciencia cierta qué ocurrirá con el nuevo presidente. Quien está a salvo, quien debe empezar a empaquetar sus cosas, quien cambiará de rol... Todo está en el aire dentro del club y todo se mueve a velocidad de vértigo fuera, en las oficinas de los tres candidatos que se trabaja a toda prisa por tener listo un proyecto a todos los niveles que convenza a los socios primero... Y solucione los problemas del Barça después.
"Hay mucho que hacer y poco tiempo para hacerlo”, explicó a ESPN Deportes una fuente del club, admitiendo la urgencia a la que deberá hacer frente el nuevo mandatario. "Tenemos un plan de choque preparado, un plan para los primeros cien días de gobierno”, relata Víctor Font cuando se le pregunta, mientras Laporta asegura tener "preparado todo lo necesario" para recuperar al Barça a corto plazo, y Toni Freixa sostiene que su equipo directivo ya tiene "listas las medidas a tomar desde el primer momento".
INTENCIONES Y NECESIDADES
Un análisis frío y alejado de la pasión que rodea siempre a un club deportivo, y más de la grandeza del Barcelona, coloca en el primer lugar de las necesidades solucionar la gravísima crisis económica que sacude a la entidad. Con una deuda neta cercana a los 500 millones de euros, que desde la candidatura de Font se cifra alrededor de los 800 y aumenta hasta los 1,300 en los parámetros de Laporta debido a los costes del Espai Barça, recuperar financieramente al club es vital. Y hacerlo además con urgencia si se quiere mantener su status de grandeza en el concierto internacional.
"Tenemos un plan de negocio para demostrar que podemos mantener el modelo actual y ser competitivos. Habrá que reestructurar los gastos y refinanciar la deuda a corto plazo, para evitar tener que vender jugadores, porque no queremos ser un club vendedor. Hace falta un equipo de trabajo solvente que pueda renegociar la deuda con los bancos”, afirmó Font cuando presentó su proyecto económico, con un discurso tan lleno de buenas intenciones como vago y sin especificar qué es exactamente su plan de negocio.
Hay que rebajar una masa salarial de una plantilla disparada por encima de los 500 millones de euros aunque en su primera decisión la gestora de Tusquets cerró el acuerdo iniciado por la directiva de Bartomeu con los jugadores reduciendo 172 millones... que no fue otra cosa que diferir los pagos en los años venideros. "Una patada hacia adelante porque es dinero que se deberá pagar igualmente”, resolvió una persona de la candidatura de Laporta, avisando que la situación económica "es gravísima porque en la actual situación sanitaria, con el campo cerrado, las tiendas, el museo... lo que viene en los próximos meses no va a ser de ninguna ayuda".
EL FUTBOL
Este terremoto financiero que sacude al Barça se proyecta de manera indiscutible hacia un vestuario que en los últimos quince años fue la envidia de todo el mundo. Si la llegada de Laporta a la presidencia del club en 2003 dio paso a la mejor etapa de la historia, alcanzando el cenit bajo la dirección deportiva de Pep Guardiola, hoy apenas quedan los últimos resquicios de una época triunfal que demanda la toma de decisiones drásticas con una renovación que no puede retrasarse.
Lionel Messi, principalmente, Gerard Piqué, Sergio Busquets y Jordi Alba representan los últimos representantes de aquel equipo triunfador al que se debe encontrar sucesión. Y que más allá de los Ansu Fati, Frenkie de Jong, Pedri o Ronald Araújo, está a la espera de concretar con nombres que ilusionen y, a la vez, sean convenientes para que el futbol mantenga, o devuelva, al Barça al primer plano del escenario.
Ronaldinho fue, en 2003, la punta de lanza del renacer azulgrana pero en 2021 no se adivina la posibilidad de entrar en el mercado con un fichaje estratégico (llámese Erling Haaland o Kylian Mbappé) que recupere el tono general.
El nuevo presidente deberá hacer juegos malabares para encajar las necesidades económicas con las deportivas, trasladar un discurso tan creíble como ilusionante y trabajar a toda prisa para evitar que este presente sombrío desemboque en un futuro desolador.
Aquel círculo virtuoso que puso en marcha Laporta hace 18 años se entiende hoy tan necesario como urgente en un Barça necesitado de recuperar la autoestima a partir del nuevo gobierno que le dirija a partir del mes de marzo. La temporada se puede salvar con mejor o peor nota pero, y en eso todos los candidatos están de acuerdo, el principal reto es sentar las bases de un club que a partir de 2022 esté en disposición de volver a mirar a los ojos a cualquier rival de Europa.
