BARCELONA -- Ansu Fati ya era considerado en el verano de 2019 una de las más firmes promesas de la cantera del Barcelona cuando, en julio, firmó una acuerdo inaudito para un jugador juvenil: Ampliación de contrato hasta 2022 y cláusula de 100 millones de euros. Nadie imaginó en aquel momento los hechos que se sucederían al comienzo de la nueva temporada. Y que lo catapultaron al plano de forma tan sorprendente como monumental.
Al cabo de tres años y medio de su eclosión, la realidad de Ansu Fati se debate entre la esperanza, la ilusión y el temor. Las lesiones, desde la primera que sufrió en noviembre de 2020, cortaron la progresión de un jugador con estrella indiscutible, que heredó la playera con el número 10 de Lionel Messi y fue llamado, considerado, el nuevo punto cardinal sobre el que debía asentarse el proyecto de futuro del Barça.
Hoy va recuperando sensaciones, vuelve a anotar goles cuando aparece en el campo como revulsivo pero le cuesta, a ojos de Xavi Hernández, hacerse con un puesto indiscutible en las alineaciones. Los más agoreros sospechan que no recuperará la chispa de sus primeros tiempos; en el Camp Nou, sin embargo, se impone la paciencia y la fe. Su constancia, innegociable, lo mantiene con las mismas ganas... Falta por ver si alcanzará ese nivel eléctrico que en el verano de 2019 lo convirtió en la estrella inesperada que fue.
LA APARICIÓN
El 5 de agosto de aquel 2019, en su primer entrenamiento tras las vacaciones, Messi sufrió durante la sesión preparatoria una lesión en el sóleo que lo apartó de la actividad hasta la segunda quincena de septiembre. El Barça debutó en la Liga el 16 de agosto en San Mamés, perdiendo ante el Athletic Club (1-0), y perdió a la media hora, lesionado, a Luis Suárez. Y al día siguiente se confirmó que Ousmane Dembélé sufría una rotura fibrilar en el bíceps femoral de la pierna izquierda.
De repente el juvenil Ansu Fati era reclamado por Ernesto Valverde, y en la segunda jornada, frente al Real Betis en el Camp Nou, debutó oficialmente, sustituyendo al también canterano Carles Pérez (hoy jugador del Braga) en la recta final de un partido que el Barça venció por 5-2. Aquel 25 de agosto se convirtió, con 16 años y 298 días, en el segundo jugador más joven, tras Vicente Martínez, en debutar con el primer equipo azulgrana, jornada que acabó con la imagen de Messi abrazándolo en los vestuarios...
LA REVOLUCIÓN
Una semana después, en Pamplona, marcó su primer gol frente a Osasuna, saliendo del banquillo y tardando solo cinco minutos en anotar para evitar la derrota, y en la cuarta fecha, ante el Valencia en el Camp Nou, se estrenó como titular... Marcando el 1-0 a los dos minutos de juego para confirmarse que había nacido una estrella.
Las lesiones de los cracks, de forma tan inesperada como obligada, le habían dado la oportunidad de hacerse ver. La tomó al vuelo y en un abrir y cerrar de ojos se convirtió en la mayor estrella emergente de un club necesitado de caras nuevas para acompañar los últimos años de Leo Messi, cuyo hermano Rodrigo, en aquel entonces, representaba al joven jugador.
A partir de ahí, y ya con los Messi, Suárez y Dembélé de vuelta al escenario, el protagonismo de Ansu no decreció. Al contrario, pasó a ser uno de los futbolistas más utilizados, a pesar de su juventud, por Valverde, convertido en el más joven del club en debutar en Champions (frente al Borussia Dortmund) y mejorándose en diciembre por primera vez el contrato firmado apenas cinco meses antes, con una cláusula que ascendía a 400 millones su precio de salida en cuanto firmara su primer contrato como profesional.
Un año después, en septiembre de 2020, Luis Enrique le dio el espaldarazo en la selección de España... Y al cabo de dos meses se produjo la primera alarma. Durante la goleada frente al Betis, el 7 de noviembre, sufrió una rotura del menisco de la rodilla izquierda que frenó, en seco, su progresión.
LA PESADILLA
A partir de ahí el día a día de Ansu se dividió entre la enfermería, la mesa de operaciones y el gimnasio. Jugó 10 partidos en la temporada 2020-21 y tras pasarse ocho meses de baja, que en un principio debían haber sido tres y que lo llevaron hasta tres veces a ser intervenido, en la campaña siguiente, la 2021-22, participó en solo 15 partidos, apenas cuatro como titular y totalizando 575 minutos en el terreno de juego, que le dieron para, sin embargo, anotar seis goles (uno cada 96 minutos).
Estancado de manera peligrosa por más que mediáticamente su figura se mantuviera en el primer plano, el joven delantero vio cómo el Barça iba reforzando la delantera con nuevos jugadores. La cesión de Adama Traoré, el primer fichaje de Ferran Torres, la renovación de Dembélé, la llegada de Raphinha, la incorporación estrella de Robert Lewandowski... Si el pasado curso se acabó para él en mayo, el nuevo, el que debía ser el del regreso indiscutible, daba la sensación de comenzar con más dudas que certezas.
EL REGRESO
"Con Ansu debemos ser cuidadosos. Tiene que ir cogiendo confianza pero en el club estamos seguros de él”, reveló al comenzar el curso Xavi Hernández, quien sabe bien (él lo sufrió en primera persona) de la dificultad de alcanzar el punto óptimo físico y mental después de una grave lesión.
Desde el inicio de temporada Ansu ha participado en los 27 partidos oficiales que ha disputado el Barça... Pero solamente ha sido titular en ocho y apenas ha totalizado dos. De los 2,490 minutos posibles ha permanecido en el campo 1,025, un 41 por ciento del total, y de los seis goles que ha marcado solo uno lo hizo saliendo en el once inicial (frente al Villarreal en octubre).
Mezcla apariciones fulgurantes, siendo decisivo al salir desde el banquillo con goles y jugadas eléctricas que invitan a pensar que su mejor momento está cercano con otras actuaciones alejadas de lo esperado. Innegociable en su capacidad de sacrificio y en el compromiso cuando está en el campo o en los entrenamientos, en el Barça se sigue confiando que aquel chaval que apareció de improviso siendo un juvenil, en el verano de 2019, alcance la consideración de jugador franquicia que de él se espera.
Pero el tiempo no espera y a cada partido que pasa sin que llegue esa explosión, a cada semana que transcurre sin que enlace dos o tres prtidos al máximo nivel, la duda permanece a su vera.
