Nueva controversia fuera de las pistas alrededor del piloto argentino, pues el equipo Alpine reitera que los fans deben ser respetuosos
Franco Colapinto tiene la mayor responsabilidad por el incidente con Pierre Gasly y Lando Norris en el GP de Azerbaiyán. Eso no está en duda y el propio Franco lo admitió. Norris tiene todo el derecho del mundo a estar enojado por la situación, pero pedir una suspensión para el argentino no solo parece desproporcionado. De hecho ya se disculpó.
Lando fue “beneficiado” de un incidente similar en Austria 2025 cuando Kimi Antonelli no calculó bien la frenada de la curva 3 y se llevó por delante a Max Verstappen quien en ese momento peleaba el campeonato con el mismo Norris y Oscar Piastri, en aquel momento Max no salió a pedir castigo extra para el italiano, Lando tampoco obviamente.
Ayer pasó igual, Verstappen dice que son situaciones de carrera, al igual que George Russell e Isack Hadjar, todos caen en la misma línea de referirse al incidente como cosas que pasan y no mienten, Colapinto no es el primero ni será el último que se va en la frenada de la 1 en Baku. Oscar Piastri compañero de equipo de Norris lo demostró unas vueltas después, sólo y en mejor posición que el argentino.
Podemos argumentar que Norris habló en el calor del momento. Gasly también acababa de quedar fuera de la carrera por el error de su compañero y, sin embargo, su reacción fue muy distinta.
Colapinto frenó demasiado tarde en T1 después de la relanzada, golpeó a Gasly y el Alpine de su compañero terminó contra Norris. Cero puntos para Alpine mientras Visa Cash App aumenta su ventaja en la tabla de constructores.
Eso no evitó que las redes de Norris se llenaran de insultos después de sus declaraciones. La discusión alcanzó tal dimensión que Alpine publicó un comunicado condenando el “odio y abuso” que apareció después del GP de Azerbaiyán.
El problema es que una parte de la fanaticada del argentino parece no entender que, si este tipo de episodios continúa repitiéndose alrededor de Franco, lo que hacen pensando que lo están “defendiendo” puede terminar perjudicándolo.
El problema que crece alrededor de Colapinto
Cuando Franco todavía era reserva de Alpine y se discutía cuándo podría reemplazar a Jack Doohan, el australiano ya recibía ataques de algunos seguidores del argentino. Luego de su democión a reserva se hizo público que algunas amenazas llegaron mucho más lejos que unos cuantos insultos en Instagram.
Franco Colapinto ha intentado ponerle freno a ese comportamiento. Cuando Yuki Tsunoda recibió ataques después de un incidente entre ambos en Imola en 2025, pidió públicamente respeto para el japonés. Días después volvió sobre el tema y explicó que intentaba “calmar” a los seguidores sobre los que podía tener alguna influencia.
Pero el problema continuó después de que Franco consiguió definitivamente el asiento.
Madrid dejó el ejemplo más reciente antes de Bakú. Franco Colapinto alcanzó a Gasly en las últimas vueltas con su compañero utilizando neumáticos viejos y todavía pendiente de una parada. Franco pidió insistentemente por radio intercambiar posiciones, Gasly permaneció delante y una parte de la afición interpretó que el francés había ignorado una orden del equipo.
El dato es que la orden nunca llegó, un claro ejemplo de un error de comunicación del equipo, pero la fanaticada entendió que Gasly no quería entregar la posición y los ataques post Madrid llegaron hasta su pareja y miembros de su familia.
Como siempre, Franco volvió a salir a condenar y pedir calma de sus fanáticos, Flavio Briatore hasta amenazó con no dejar que el piloto hablara con la prensa argentina pero dos semanas después llegamos a Bakú y de una vez Alpine tuvo que sacar un comunicado condenando los ataques en redes sociales.
Para entender por qué estas situaciones pueden terminar siendo un dolor de cabeza para el mismo Colapinto, no hace falta ir muy lejos, ni salirse del deporte, el ejemplo lo tenemos con otro piloto argentino que hace par de años estaba en IndyCar: Agustín Canapino.
El precedente que dejó Canapino
La fanaticada argentina tiene un precedente muy reciente para pensar que todos esos comentarios y ataques se quedan en las pantallas de los celulares cuando te vas a dormir.
Théo Pourchaire chocó a Agustín Canapino durante el GP de IndyCar en Detroit de 2024 y fue sancionado por ello. Después recibió insultos y amenazas de muerte de algunos seguidores del argentino. Era además el tercer episodio de este tipo relacionado con la fanaticada de Canapino en aproximadamente 14 meses, después de situaciones anteriores con su entonces compañero Callum Ilott.
Canapino condenó el abuso, pero al mismo tiempo cuestionó públicamente la existencia de las amenazas porque aseguró no haber visto ninguna y dio like y repost a publicaciones que se burlaban de la situación. Arrow McLaren confirmó que tenía capturas de las amenazas recibidas por Pourchaire y que algunas habían sido compartidas con Juncos Hollinger.
La discusión dejó entonces de pertenecer exclusivamente a las redes sociales.
McLaren terminó con efecto inmediato su alianza comercial con Juncos Hollinger y Canapino no participó en la siguiente carrera en Road America mientras su equipo le concedió un "permiso para ausentarse".
Eso no significa que sus fanáticos le costaran a Canapino su carrera en IndyCar. No existe una confirmación que permita llegar hasta ahí. Pero tampoco hace falta hacerlo para entender la dimensión que había alcanzado el problema: una polémica que comenzó con el accidente entre dos pilotos terminó involucrando a sus equipos, rompió una alianza comercial y dejó a Canapino fuera de la siguiente carrera.
Meses después, Canapino y Juncos terminaron su relación y el argentino salió de IndyCar en plena temporada. Vincular directamente ambas cosas sería asumir más de lo que sabemos, pero el episodio con Pourchaire ya había demostrado que lo que ocurría alrededor de su fanaticada podía producir consecuencias que iban mucho más allá de unos comentarios en redes.
Esto tampoco significa que Colapinto vaya camino a repetir su historia. Franco, además, desde el primer día ha reaccionado de una manera diferente y ha condenado repetidamente los ataques contra otros pilotos.
Lo que ocurrió con Canapino demuestra hasta dónde puede llegar el problema cuando lo que hacen los fanáticos empieza a afectar directamente al piloto y al equipo.
Los fans de un piloto es parte del paquete, para bien y para mal
Pocos pilotos de la parrilla tienen detrás algo comparable a lo que Colapinto moviliza en Argentina. Sus seguidores viajan, consumen contenido, generan audiencias y convierten prácticamente cualquier cosa relacionada con Franco en conversación. Para un piloto que todavía intenta establecerse en Fórmula 1, tener un país detrás debería ser un activo enorme.
También forma parte de lo que recibe un equipo cuando contrata a un piloto.
La F1 no funciona únicamente con el cronómetro. Los equipos representan marcas, venden espacio a patrocinadores y dedican recursos a controlar la imagen que proyectan. Un piloto puede aportar rendimiento, pero también mercado, exposición y una comunidad que lo acompaña. En el caso de Colapinto, esa comunidad es probablemente una de las más movilizadas de toda la parrilla.
El riesgo aparece si cada incidente relacionado con Franco termina convertido en un problema de relaciones públicas para el equipo.
Doohan recibió ataques cuando ocupaba el asiento que muchos querían para Colapinto. Gasly y su familia los recibieron después de Madrid por una orden de equipo que nunca existió. Ahora Norris se convirtió en objetivo después de criticar a Franco por un accidente cuya responsabilidad el propio Colapinto aceptó.
No existe evidencia de que un equipo grande haya descartado o vaya a descartar a Colapinto por el comportamiento de algunos de sus seguidores. Pero si Franco aspira eventualmente a dar el salto a uno de ellos, tampoco parece razonable pensar que convertir cada controversia deportiva en una crisis que obliga a pilotos y equipos a gestionar amenazas pueda añadir valor a su candidatura.
Ahí está quizá la lección más importante que dejó Canapino
Los fanáticos de Colapinto han demostrado cuánto pueden aportar a la carrera de un piloto argentino, pero también deben entender que todo lo que hacen alrededor de Franco termina, de una forma u otra, asociado a él.
Franco ya les ha pedido varias veces que paren. Quizá la mejor manera de defenderlo sea empezar por hacerle caso.
