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David Benavídez: El lado humano del 'Monstruo Mexicano'

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El enojo y los malos momentos que moldearon al 'Monstruo' Benavidez (2:10)

La relación de David Benavidez con su padre fue complicada, pero cimentó el éxito del boxeador mexicoamericano. (2:10)

Entre un pasado marcado por el caos y una vida familiar que lo transformó, Benavídez revela su lado más humano antes de enfrentar a "Zurdo" Ramírez.


DICEN QUE UN MONSTRUO reconoce a otro monstruo. Tal vez fue por eso que la primera vez que Mike Tyson vio pelear a David Benavídez lo bautizó como 'El Monstruo Mexicano'. ¿Y quién es capaz de quitarse un apodo impuesto por una leyenda como él?

Hay muchos tipos de monstruos en David Benavídez. El que se transforma cuando tiene a un oponente sobre el ring, el que se alimenta del sudor en los entrenamientos, el que alberga las memorias de una infancia arrebatada y una adolescencia tormentosa. Y el que finalmente aprendió a domarlo en su adultez.

David se prepara para enfrentar el 2 de mayo a Gilberto 'El Zurdo' Ramírez por los títulos de peso crucero de la AMB y la OMB en lo que será el combate más importante de su carrera, pero hace años decidió no volver a sacrificar tiempo con sus hijos. Acostumbraba a aislarse solo con su equipo de trabajo y enfocarse a plenitud en los campamentos durante meses, pero desde el nacimiento de su primer hijo (Anthony) se dio cuenta que no quería ser un padre ausente. Quería verlo crecer y estar junto a su esposa compartiendo las sonrisas y los llantos, los abrazos y los dolores de cabeza. Luego llegó Khloe y, por último, Gabriel.

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Benavídez reveló por qué vía ganaría a Canelo, Bivol, Beterbiev y Opetaia

El boxeador pronosticó sobre los resultados ante los contendientes en su categoría.

Más allá del lujo

ES MEDIODÍA EN Southwest Ranches, Florida. Y el sol parece condenar al infierno a sus residentes. A lo lejos se ve un Rolls Royce Phantom negro. "Ese debe ser Benavídez", murmura alguien en el pequeño gimnasio que está a unas 3 millas de la casa del boxeador. Benavídez no maneja, lo hace uno de sus primos. Él va sentado en el asiento trasero revisando su celular junto a su hijo Anthony.

El campeón cuida todos los detalles para la entrevista. Viste un jersey 'Bringback' de Adidas Original color verde con el nombre de México en frente. En su cuello cuelgan dos cadenas de oro y una de ellas tiene a la Virgen de Guadalupe rodeada de pequeños diamantes. En su muñeca un Rolex Presidente bañado en oro le da la hora. Del maletero saca su bolso LV valorado en 2,500 dólares, mientras Anthony usa vestimenta de boxeador con un cinturón a pequeña escala de campeón del CMB.

Aunque se ve como "el chico malo", saluda a todos a su alrededor y platica como si nos conociera de años; su hermano, el excampeón mundial José Benavídez Jr., y su papá don José llegan en otro vehículo para unirse al entrenamiento.

A simple vista, David parece vivir para el dinero. No es así. Él sabe lo que es vivir en pobreza, desear algo y no tenerlo. "A muchos peleadores se les va el hambre cuando llega el dinero", confiesa y, asegura, que aprendió cómo apagar esa ambición desde que hizo el primer millón en su primera pelea de campeonato, cuando derrotó en Las Vegas a Ronald Gavril.

Para aprender a manejar el dinero primero hay que volverse loco. "No es malo hacer mucho dinero, el problema es lo que haces después que agarras el dinero", añade. Benavídez se compró todo lo que nunca tuvo: ropa de marcas costosas, fue a los restaurantes más caros, adquirió autos deportivos y vivió 'la vida loca'. "Gracias a Dios, eso ya se acabó".

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¿Qué opina Benavidez acerca del 'Canelo'?

El peleador de origen mexicano mantiene el objetivo de enfrentarse a Saúl Canelo Álvarez.

Forjado a golpes

SUENA MÚSICA RANCHERA en todo el gimnasio. Benavídez denota que su afinidad por México y el sentimiento azteca corre por sus venas, a pesar de haber nacido en Phoenix, Arizona. Por eso se esforzó en aprender español con 15 años. "Me siento orgulloso de poder expresar cómo me siento con el público mexicano".

Mientras hace 'mascoteo' el sonido de los golpes resuena en todo el recinto. Está desatando toda su furia con la mirada de su papá y su hermano supervisando cada combinación. Aunque desde la distancia se observa a una familia muy cercana y llena de automatismos tanto en el ring como fuera, no siempre fue así.

Benavídez pasó dos décadas molesto con su padre por haberle robado la infancia y la adolescencia. Crecieron en un régimen estricto en los entrenamientos. Su vida giraba en torno al boxeo. Desayunaban boxeo, almorzaban boxeo y cenaban boxeo. Su papá quedó tan traumado de una infancia marcada por la pobreza y abusos que debía a toda costa enseñarles a sus hijos cómo defenderse. "Le tenía miedo a la gente y estaba enojado con Dios", recuerda don José.

Don José se preguntaba quién los cuidaría si él no estuviera, y se dijo desde ese entonces que debía hacerlos "fuertes". De ahí en adelante pasó de ser un padre cariñoso a uno exigente, como si sus hijos fueran soldados preparándose para la guerra.

A pesar de que esas heridas ya sanaron, los recuerdos quedaron hechos cicatrices en la memoria del peleador. No se olvida cuando en Middle School sufrió bullying en Phoenix. Apenas tenía 12 años. Se había quedado con su mamá tras la separación de sus padres y estaba alejado del boxeo, mientras su papá se dedicaba en California a entrenar a su hermano mayor, José.

Pensaba aliviado: "por fin ya no voy a entrenar".

Pesaba 170 libras y la comida se había convertido en un refugio. "Devoraba McDonald's y Taco Bell y comía hasta cinco veces al día. Llegué a pesar 250 libras". Aquel fue su escape y también su condena.

En el colegio le comenzaron a llamar "gordo" de forma despectiva y ahí reflexionó: "Me puedo ir a entrenar con mi papá y perder peso o quedarme aquí y llegar a las 400 libras". Se fue... y pasó cuatro años sin ver a su mamá.

El caos ha sido su compañero a lo largo de su carrera. Su hermano fue baleado en la pierna, un tío muy cercano falleció para su primera pelea de campeonato, perdió a su abuela y no pudo estar en sus últimos momentos "por culpa del boxeo". A esa época David la llama "tiempo oscuro". Más tarde, perdió su cinturón por dar positivo a sustancias que coincidían con cocaína y, tras recuperar el cetro, volvió a perderlo por no marcar la categoría.

"Sentía mucha tristeza en mi vida, pero también no podía mostrar nada porque tenía que entrenar. Yo era campeón del mundo y tenía que pelear. Como tenía que esconder eso, era la única manera para hacerlo. Era una parte muy difícil en mi vida que todavía no lo he superado, pero yo soy un hombre, yo cometí un error. Me equivoqué y pagué por equivocarme", admite sin aferrarse a las excusas. "No soy la única persona que ha pasado por cosas así... La gente aprecia cuando cometes un error y no dices mentiras. Soy humano".

El nacimiento de Anthony cambió para siempre su perspectiva de la vida. Entendió a don José y, una conversación profunda entre padre e hijo sanó las heridas. "Le agradecí a mi papá por hacerme un guerrero... ahora que estoy mayor lo entiendo".

Ese fue el punto de inflexión. Quiere ser un ejemplo y por eso también le abrió su corazón a Dios. "Yo nunca era espiritual, pero ahora rezo todos los días. Eso me ayudó a sacarme de los malos caminos. Cuando me preguntan qué le puedo decir al Benavídez de hace 10 o 15 años, no le digo nada, porque tuve que pasar por eso para llegar a ser quién soy".

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David Benavídez no teme subir de peso ni al 'Zurdo' Ramírez

El boxeador decidió tomar el riesgo de subir de división para medirse a Gilberto Ramírez.

Su verdadera victoria

SE APROXIMAN LAS 4 de la tarde y la segunda sesión de entrenamiento está por terminar. Benavídez nos invita a su casa, una de las cinco que tiene, la cual fue adquirida hace un año, pero es en la que pasa más tiempo con su esposa e hijos.

La casa tiene 3,500 pies cuadrados, cuatro cuartos, cuatro baños, gimnasio y piscina. Pero su lado favorito es el patio, un gran espacio de tres acres. Es ahí donde medita por las mañanas y toma el sol. Nada muy poco, prefiere sentir la brisa y el viento que golpee su rostro, mientras mira al vacío.

Hay un caos, sin embargo, es uno diferente. Dentro de la casa mandan los niños. Gritan, lloran, dejan los juguetes tirados en el piso y todos quieren la atención de mamá y papá.

"Esto es lo que me hace feliz", dice mientras se reúne en el comedor previo a devorar un salmón con arroz y ensalada. Abraza a su hijo menor (Gabriel) y comienza a darle besos en la cabeza.

Ese es otro Benavidez. Se desprendió de las prendas de valor, lo que realmente vale en ese momento es el amor de sus hijos y su esposa. Solamente dejó una cadena con un símbolo de la flor de la vida. En la mesa además de su esposa e hijos está su hermano, su papá y su primo. Toman agua y conversan de temas cotidianos.

Y un tema recurrente es 'El Zurdo' Ramírez. Ya sabe cómo lo va a derrotar, entiende el tipo de combate que le conviene y es más que evidente que no siente presión y, si la siente, la sabe ocultar muy bien. "Es como si entrara en otra dimensión", señala su hermano José, pero no, es simplemente su transformación al 'Monstruo Mexicano', el mismo que nadie ha podido doblegar en 31 intentos.