Ohtani y deGrom: ¿Dos cirugías Tommy John, éxito o fracaso?

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Brazos de mil millones de dólares (8:06)

La reconstrucción del ligamento colateral cubital ya es un estándar en MLB, ¿dos cirugías, un pitcher, resulta un exceso?


El fallecimiento de Tommy John el pasado 15 de agosto volvió a colocar bajo la lupa la cirugía que cambió la vida de generaciones de pitchers. La reconstrucción del ligamento colateral cubital (UCL) se ha convertido en un estándar en MLB. Con la primera intervención, la tendencia es clara: la mayoría vuelve, muchos incluso mejoran. Con la segunda, el margen de seguridad desaparece. Ahí el espectro va desde el relanzamiento absoluto hasta el colapso definitivo.

Shohei Ohtani y Jacob deGrom representan el lado más luminoso de ese escenario. Ambos han pasado dos veces por el quirófano y continúan en la conversación de la élite. Su punto en común: la primera Tommy John no sólo no los frenó, sino que fue el punto de partida de sus versiones más dominantes. Su punto de choque: el modo en que la segunda cirugía reconfigura el rol y la forma de aportar valor en el diamante.

El primer corte en Ohtani llegó en octubre de 2018. Como novato con Los Ángeles Angels, antes de operarse, lanzó 51.2 entradas con 3.31 de efectividad, 10.97 ponches por nueve innings y 3.83 bases por bolas por cada nueve. Prometedor, pero con un uso extremadamente controlado. Tras perder la loma en 2019 y mantenerse sólo como bateador designado, regresó de lleno como "two-way player” (jugador de dos vías) en 2021, ganó su primer MVP de la Liga Americana y, para 2022, alcanzó su techo como lanzador: 166 entradas, 2.33 de ERA, WHIP de 1.01, 11.87 K/9 y 2.39 BB/9. La primera cirugía lo empujó a convertirse en un as establecido.

La segunda intervención, a finales de 2023 (con refuerzo interno del ligamento), obligó a un cambio inmediato de enfoque. En 2024, ya con Los Ángeles Dodgers, Ohtani se limitó al rol de bateador designado, sin subir al montículo, pero pegó 50 cuadrangulares. Su valor siguió siendo de superestrella, sólo que concentrado en la caja de bateo mientras su programa de lanzador avanzaba con extrema cautela y pequeños contratiempos.

Para la temporada 2025, el japonés tuvo sus primeros coqueteos con el montículo, ya recuperado de la segunda Tommy John. Abrió 14 juegos y sólo en dos de ellos tuvo decisión (1-1). Estableció efectividad de 2.87 y WHIP de 1.04 en 47 innings de trabajo en los que sumó 62 ponches y concedió nueve bases por bolas. El calentamiento hacia el calendario 2026 en el que regresó a su nivel selecto hasta que una inflamación recurrente en la rodilla izquierda, que es la de apoyo para lanzar, lo ha vuelto a relegar de la loma. Antes de este contratiempo, Ohtani presumía marca de 8-2 en 14 aperturas, ERA de 1.79, WHIP de 0.95 y 95 ponches en 85.2 entradas, aunque ha concedido 26 pasaportes.

Su caso confirma que una segunda Tommy John puede ser un segundo aire para una carrera.

Jacob deGrom vivió la primera pasada por quirófano mucho antes de su debut en Grandes Ligas. Operado en octubre de 2010, sus únicas referencias previas eran universitarias: 4.48 de efectividad en Stetson, 41.1 entradas, 8.71 K/9 y una recta en torno a 91–93 mph. Las referencias no apuntaban a un futuro Cy Young. Tras la rehabilitación, debutó en 2014, ganó el Novato del Año de la Liga Nacional y, ya en 2018, entregó una temporada histórica con los New York Mets: 217 entradas, 1.70 de ERA, WHIP de 0.91, 11.16 K/9, 1.78 BB/9 y una recta promedio de 97.7 mph. Sin 'versión MLB' previa a la cirugía como referencia, su pico posterior definió el estándar moderno de dominio.

La segunda Tommy John para deGrom llegó en junio de 2023, ya con los Texas Rangers y con dos Cy Young en su hoja de servicios. Tras un breve regreso a finales de 2024 (10.2 innings), retomó ritmo completo en 2025 con una línea que habla por sí sola: 172.2 entradas y 2.97 de efectividad. Es decir, carga cercana a 180 innings, ERA por debajo de 3.00 y rol inequívoco como número uno de la rotación. A diferencia de Ohtani, deGrom no tiene un 'plan B' desde el bat; su valor sigue dependiendo del brazo reconstruido… y, aun con dos cirugías, ese brazo mantiene calibre de as.

El contraste se vuelve evidente cuando se observan otros nombres para quienes la segunda Tommy John fue el principio del fin. Jarrod Parker venía de dos campañas muy sólidas con Oakland: 13–8, 3.47 ERA en 2012; 12–8, 3.97 ERA en 2013. Perfilado como pilar de rotación a los 24 años, la segunda cirugía derivó en nuevas fracturas en el codo durante la rehabilitación. Nunca volvió a lanzar en Grandes Ligas. Su curva ascendente se cortó en seco.

Josh Johnson ilustra el mismo lado oscuro con un perfil aún más alto. Entre 2006 y 2010 firmó una efectividad de 3.09 y en 2010, con ERA de 2.30, se metió de lleno en la conversación por el Cy Young. Después de la segunda Tommy John, su rendimiento se desplomó: 4.52 de efectividad entre 2012 y 2013. Perdió el estatus de as, encadenó nuevos problemas físicos, necesitó una tercera cirugía y terminó en el retiro sin cumplir la proyección de dominador de largo plazo que sus primeros años sugerían.

El caso de Mike Clevinger añade otro ejemplo de cómo la segunda cirugía puede erosionar, sin borrar por completo, un perfil de alto nivel. Entre 2017 y 2019, el derecho registró una efectividad combinada de 2.96, números de abridor frontal en cualquier rotación. Tras su segunda Tommy John, el regreso no estuvo a la altura de ese pico: su ERA se movió a 4.03, lejos del dominio previo y más cerca de un abridor de media rotación que de un as consolidado.

Daniel Hudson completa el cuadro de daños colaterales. En 2011, con Arizona, ganó 16 juegos con 3.49 de efectividad y se proyectaba como pieza central de la rotación. Dos desgarros del UCL en un lapso de dos años prácticamente acabaron con el plan de cumplir ese rol: sólo 12 juegos entre 2012 y 2014. Para prolongar su carrera, tuvo que reinventarse como relevista de uso breve y alta presión, lejos del volumen y de la responsabilidad de un abridor de cabecera que su talento había prometido.

Tomando el conjunto de casos, el patrón es nítido. La primera Tommy John, en la gran mayoría de los escenarios, permite volver y, a veces, volver mejor: más velocidad, más ponches, mejor control y temporadas de calibre histórico, como las de Ohtani y deGrom tras sus primeras operaciones. La segunda cirugía, en cambio, abre un terreno inestable donde conviven extremos: desde estrellas que mantienen o redefinen su impacto en la élite, hasta carreras como las de Parker, Johnson, Clevinger o Hudson, que nunca recuperan su techo previo o se ven obligadas a cambiar de rol.

La conclusión es categórica: la cirugía Tommy John sigue siendo una herramienta poderosa y, en muchos casos, un punto de inflexión positivo en la carrera de un lanzador. Pero una doble reconstrucción del UCL no garantiza nada. Puede sostener a un as, desplazar el valor de un jugador hacia otro rol o acelerar una despedida. En ese segundo viaje al quirófano, la estadística dice que ya no se trata de cuánto puede mejorar un brazo, sino de si ese brazo podrá seguir siendo parte de la conversación.

¿Shohei Ohtani y Jacob deGrom? Bueno, ellos son un caso aparte.