Diferente. Sin dudas, como él mismo la definió, esta vuelta de Roger Federer al circuito profesional es distinta que la de hace cuatro años, hasta aquí el único antecedente de un parate importante. Aquella vez, el suizo regresó a pleno y ganó el Abierto de Australia 2017. Ahora, expresó que sus expectativas de resultados son bajas.
Se dice que la buena técnica ayuda a jugar más tiempo sin problemas físicos, colabora en ese sentido, más allá de la calidad de un jugador y su aporte estético. Y vaya si esto lo sabe perfectamente Federer. La variedad, la versatilidad y el tenis completo del diestro de Basilea le permitieron brillar y sumar millones y millones de fans, obvio ganar y acumular récords y también padecer escasas lesiones.
Desde su inserción en el profesionalismo, allá por 1998, en su último año como junior, el suizo padeció dos cortes abruptos en su trayectoria a causa de inconvenientes físicos. Primero fue una lesión en la espalda, que lo marginó de la gira profesional en la segunda mitad de 2016, tras sufrir un accidente familiar, y ahora retorna en Doha con 39 años y medio y tras una inactividad de casi 14 meses tras dos operaciones en la rodilla derecha (artroscopía).
En su primera salida grande del tour, cortó una racha en 2016 de 65 Grand Slam jugados seguidos (se mantiene como récord) y la pérdida de puntos por sus bajas de los torneos lo llevó a salir por única vez, por unos meses, del Top 10 del ranking de la ATP. Y tras seis meses volvió a full en Melbourne, para llevarse el título y nada menos que en una finalísima de película ante su archirrival, el español Rafael Nadal.
Retornó entonces en el Abierto de Australia, fue sumando rodaje, eliminó a tres Top 10 en ese momento, como el checo Tomas Berdych, el japonés Kei Nishikori y el suizo Stan Wawrinka, hasta que remontó una desventaja de 1-3 en el quinto set contra Nadal en el duelo decisivo, llevándose cinco games seguidos y así el partido. Se recuerda aún el festejo con desahogo de Federer tras el punto final.
Así, el suizo cortó una racha de cuatro años y medio, desde Wimbledon 2012, sin poder ganar un Grand Slam. Logró su 18° Major, después llegó a 20, cifra igualada en 2020 por Nadal. Y volvió a ser Top 10. La clave fue que Federer se soltó, estuvo más agresivo y aprovechó el aporte clave de su entrenador flamante, el croata Ivan Ljubicic, para lanzarse muchísimo con su revés de una mano, al punto que sorprendió a todos y principalmente al propio Nadal, al que dejó parado en numerosas oportunidades.
Esa inyección anímica y tenística le permitió explotar a fondo su propuesta agresiva, atacó más y rindió como pocas veces. Por eso, todos, especialmente sus fanáticos, jamás olvidarán ese regreso, que fue soñado y a la vez impensado. De hecho, en 2017 se adjudicó siete títulos y le ganó los cuatro choques a Nadal, tres en finales. Ahora, siendo N°6 del ranking, con otra edad y tras más de una temporada inactivo, el panorama es diferente.
"Espero sentirme bien de la rodilla. Mis expectativas de resultados son bajas", admitió Federer en Doha, donde retorna en un certamen ATP 250, el nivel inferior dentro del circuito mayor. Por eso, por la lesión en la rodilla y su parate, se presume otra situación. Así y todos, muchos ya sostienen que se decidió volver ahora es porque realmente podrá jugar en buen nivel.
