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Diez horas y 48 mil brazadas permiten a Patricia Guerra cumplir reto

El mar no tuvo piedad y se convirtió en un reto más, físico y mental, de Patricia Guerra, quien requirió de casi tres horas más de las ocho planeadas para nadar de Cozumel a la Riviera Maya.

Guerra inició su travesía a las 6 de la mañana y 10 horas 45 minutos y 52 segundos después tocó tierra en Playa de Inah en Punta Venado, a aproximadamente 20 kilómetros de distancia de la meta presupuestada en Mayakobá, situación ocasionada por los impredecibles cambios de corriente.

“Es una gran lección de siempre estar abiertos, fluyendo en este canal de la vida y aceptando lo que viene. El reto era Cozumel-Rivera Maya y ahí está”, comentó al concluir la travesía.

No fue la arena la que recibió a Guerra, sino piedras y arrecife que posaron como último reto hasta que se levantó y alzó los brazos para concretar el reto ante la vista de una juez.

Con sus cerca de 48 mil brazadas la nadadora recaudó fondos para 200 mil niños en las guarderías del IMSS, quienes se verán favorecidos por un programa para combatir la obesidad.

Su entrenadora, la experimentada atleta Nora Toledano, recalcó las complicaciones a las que se enfrentaron al saber que la marea, contrario a sus entrenamientos, no solo no las ayudó, sino que es convirtió en un reto más, así como las cuatro tormentas que presenciaron durante el recorrido.

“Esperábamos una corriente que nos aventara más al norte… una corriente que teníamos estudiada de dos a tres nudos, al final tuvimos .5 de corriente más la velocidad de Paty… siempre el mar tiene la última palabra y hay que estar dispuestas a fluir con él”, explicó.

Toledano además reveló que contaban con suficiente abastecimiento para nutrir a Guerra por 12 horas por lo que ya contemplaban improvisar en caso de ser necesario.

Mónica Ramírez, pacer de Guerra, entró al agua en cinco ocasiones por una hora cada una por indicación de Toledano y se encargó de motivarla y mantener su ritmo de 65 a 67 brazadas por minuto.

“(Fue) súper diferente, la verdad es que no pensamos terminar en otro lado… pero el mar no tiene nada predispuesto y lo que uno tiene que hacer cuando está en el mar es fluir.

“Fue una llegada difícil porque efectivamente había unos arrecifes, la piedra era como picosa, (tenía) el tema de cuidarla que no hubiera corales, erizos… Ya venía cansada y luego de la posición horizontal a vertical cuidar que no se mareara”, dijo.

Mientras que Ramírez niega la oportunidad de hacer un trayecto por sí sola ante la lealtad que tiene como pacer de Guerra, Toledano sigue su preparación para cruzar el último de su reto de los siete mares – el estrecho de Cook – y Guerra levanta la mano para este o cualquier otro reto con causa que es avecine.

“Siguen más sueños… sigue ya planear con este equipo la siguiente travesía, otra causa y seguir poniendo el nombre de este país en alto”, respondió.