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Cataluña le exige al Barcelona

BARCELONA -- Cerca de dos millones de personas se manifestaron el jueves en la ciudad de Barcelona reclamando el derecho a votar por la independencia de Cataluña. Ahí acudió el presidente del FC Barcelona Josep Maria Bartomeu y ahí estaban, que se haya visto, futbolistas referentes como Piqué o Xavi. El Barça juega mañana en el Camp Nou ante el Athletic de Bilbao y la resaca del 11 de septiembre lo arrastra todo.

Lo hace porque mañana el equipo de Luis Enrique vestirá la que hasta octubre es su segunda equipación: la de las 'cuatro barras' que simboliza la bandera de Catalunya. Habrá un mosaico y el club, a su manera, se posicionará al lado del sentir cada vez más mayoritario entre la sociedad catalana.

El Barcelona transita desde hace tiempo haciendo equilibrios entre la normalidad y las demandas. Hubo un tiempo, cada vez más lejano, en que el club abanderó el sentimiento catalanista y estuvo, silencioso pero firme, al frente de algo que en la actualidad le ha sobrepasado.

El Camp Nou fue hace ya 40 años, el primer lugar, el primer escenario, en que pudieron verse ondear al viento cientos de banderas catalanas cuando en la calle estaban prohibidas. 'Visca el Barça i Visca Catalunya' fue un grito que hizo historia y que multiplicó el carácter catalanista del club.

'Som més que un club' (Somos más que un club) fue un lema que se instaló en el imaginario azulgrana en paralelo a sus éxitos o fracasos deportivos y que convirtió al Barça, a ojos de toda España, en el portador de esa catalanidad no siempre entendida en el resto del país.

En el presente, sin embargo, existe la sensación de que al Barcelona oficial le ha sobrepasado esa realidad. Cuando en los últimos años el sentimiento catalán ha alcanzado su cénit y se ha convertido en fervor independentista, la oficialidad del club ha quedado para muchos en un peligroso fuera de juego.

Joan Laporta, presidente entre 2003 y 2010, jamás ocultó su sentimiento personal favorable a una independencia de Cataluña que ni Sandro Rosell ni Josep Maria Bartomeu han seguido. La junta actual prefiere mantener la equidistancia en la medida de lo posible y cataloga al club como un ente aglutinador, un club global en el que cualquier ideología tiene cabida.

El Barça, como entidad, acude cada 11 de septiembre a depositar un ramo de flores a los pies del monumento de Rafael de Casanovas, considerado uno de los héroes de la defensa de la ciudad hace 300 años, pero más allá de ese papel institucional y de actuaciones de cara a la galería (mañana vestirá la camiseta cuatribarrada) se mantiene al margen en la medida de lo posible.

El ejemplo más claro de todo ello ha ocurrido en este último año, cuando a través de las organizaciones independentistas, y con el propio apoyo de las instituciones nacionales de Catalunya, se dio luz a un documento llamado 'Pacto por el derecho a decidir' al que se sumaron millares de personas y centenares de entidades de cualquier condición.

El FC Barcelona, como club, se ha mantenido en un incómodo silencio y el vicepresidente Vilarrubí, acosado ayer por los medios en este tema, se limitó a asegurar que no había razón para sumarse a algo que ya se había hecho a través de la asamblea de compromisarios del club.

Club catalán o club global, la personalidad del Barça está hoy en boca de todos. Curiosamente en algunos estadios de España sigue siendo recibido con antipatía por representar ese sentimiento catalanista a la vez que en la propia Cataluña sus propios aficionados demandan a sus gestores un posicionamiento firme que no se contempla.

Mañana visita el Camp Nou el Athletic de Bilbao, curiosamente uno de los grandes exponentes del nacionalismo vasco. Más allá del resultado, el estadio, seguro, será una fiesta catalanista y volverán a atronar los gritos de 'Independencia' en las gradas. Esos gritos que han sido incluidos en la última edición del juego 'FIFA' y que han motivado toda clase de reproches en el resto de España.

Este es el presente social y humano del FC Barcelona. Seguido por millones de hinchas alrededor del mundo, en casa, en Cataluña, vive una realidad incómoda. La inmensa mayoría de sus fieles más próximos le exigen un paso inequivoco en favor de la demanda de la sociedad catalana por ese derecho a decidir una independencia de España que ya no se contempla tan utópica.

Y la junta sigue haciendo equilibrios cada vez más difíciles.