METAIRIE -- El corredor de los New Orleans Saints, Khiry Robinson, confesó haber vivido un pasado tormentoso que incluyó múltiples casos de actividad criminal, tragedia familiar y un breve periodo en el que no tuvo hogar en un artículo publicado por The Advocate.
La historia de Robinson era desconocida públicamente, excepto por el hecho que tomó un camino a través de tres universidades pequeñas en Minnesota y Texas para llegar a la NFL. Sin embargo el corredor de segundo año habló del tema por primera vez.
Robinson señaló que el incidente que "cambió por completo mi vida" ocurrió cuando tenía 17 años de edad después que el disparo de una pistola de aire comprimido impactara a un niño de 11 años de edad en la cabeza y lo hiriera dentro de su casa.
Aunque Robinson insistió que no estaba ahí cuando ocurrió el incidente, aceptó que había estado disparando pistolas de aire en varios edificios con un grupo de personas la noche anterior. Y aceptó dos años de libertad condicional después de ser acusado por un gran jurado por el cargo de lesionar de manera imprudente a un niño.
Después de eso, el interés que había despertado Robinson en universidades como Baylor y Texas Tech desapareció.
Pero ese no fue el único obstáculo en la vida de Robinson. En su infancia, su padre pasaba tiempo constantemente en prisión. Y en un momento, Robinson y su madre, su hermano y dos hermanas vivían en su vehículo y en un albergue para desamparados.
A los 10 años de edad, la madre de Robinson fue apuñalada en seis ocasiones y estuvo a punto de ser asesinada por un hombre con el que había estado saliendo. A los 11 años de edad, cuando trataba de ganar algo de dinero para ayudar a su familia a salir adelante, Robinson fue arrestado por vender marihuana a sus compañeros, y tuvo que someterse a un programa de libertad condicional.
En la preparatoria, Robinson peleaba con alumnos e incluso con un maestro substituto y asistió a una escuela alternativa antes del incidente con la pistola de aire comprimido. Durante su estancia en la secundaria en Blinn, Texas, dijo que nuevamente vendió drogas y le dispararon en dos ocasiones distintas.
Incluso antes de su año final en la universidad en West Texas A&M, Robinson arrojó positivo por marihuana y peleó dentro del gimnasio con un compañero, incidentes que provocaron una suspensión de dos partidos en el 2012.
Robinson confesó que ese último incidente fue el que finalmente le hizo cambiar su camino, al darse cuenta que nunca tendría la oportunidad de buscar una carrera en el fútbol americano de otra manera. Terminó estableciendo el récord de la universidad para yardas terrestres, graduándose y eventualmente se ganó un lugar en la plantilla de los Saints tras una prueba de tres días.
"No quiero volver a nada de eso, no por lo que es, sino porque he pasado por eso", expresó Robinson. "Eso es lo que me motiva todos los días. Eso me hace levantar la cara y sonreír, porque podría estar en prisión, podría tener hambre. Lo que me motiva, es que no se supone que esté aquí".
El artículo también incluyó entrevistas con el entrenador en jefe de West Texas A&M, Don Carthel, y la madre de Robinson, Adalicia Terez Robinson-Lemons, a quien Robinson reconoció por siempre tratar de empujarlo en la dirección correcta.
Adalicia indicó, "Estaba tratando de mantenerlo fuera de prisión y que no terminara en una tumba. Y siempre se lo dije".
Y cuando le dijeron que Robinson se había convertido en un héroe para los aficionados de los Saints después de su acarreo de touchdown contra los Tampa Bay Buccaneers la semana pasada, respondió: "Bueno, ha sido uno en casa, también".
