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Facundo Callioni: sinónimo de resiliencia y ejemplo de perseverancia

Los Juegos Olímpicos de Río 2016 fueron una especie de premio para Facundo Callioni. Su historia que culminó con el oro empezó seis años atrás, y desde el 2010 hasta los Juegos tuvo varias lesiones en la espalda. Su historia no solo es de superación sino de optimismo y de siempre ir en la búsqueda de la recompensa del trabajo duro.

“En 2010 decidí operarme la espalda. Hacia dos años y medio aproximadamente que venía conviviendo con ese dolor, y estaba cada vez peor”. Después de seis meses de la primera intervención intentó volver a jugar, pero el dolor persistía. Fue así como visitó a otro especialista que le dijo que tenían que fijarle la última parte lumbar con tornillos, lo que significaba un año de recuperación.

Empezar de cero, una y otra vez

A fines del 2011 estaba volviendo a una cancha de hockey con la idea de llegar a los Juegos Olímpicos de 2012. Gracias a Jorge Lombi, en ese momento entrenador de Los Leones, que siempre lo tuvo en consideración, Facu viajó a Londres y pudo tener su debut olímpico. Los años que siguieron, a nivel personal estaba en un gran momento, física y mentalmente, hasta que empezó a tener la presión alta a meses del Mundial 2014.

Sin darle mucha importancia decidió seguir entrenándose y viajar a La Haya, pero días previos a que comience la competencia, los dolores de espalda eran muy fuertes y tenía 39° de fiebre. “Estaba con el Acha Peillat en la habitación, me pongo a elongar la espalda y de repente siento como que se explota algo y se me hincha”. Cuando lo llevaron al hospital lo dejaron internado y en la resonancia salió que tenía una infección interna muy cerca de donde le habían hecho la operación. Fue ahí que le dijeron que se perdía el Mundial. “En su momento no medí lo que me estaba pasando, pero me podía morir. Fue cuando me dijeron que no iba a poder jugar que cambié la mentalidad y me concentré en sentirme mejor”. Después estuvo aproximadamente tres meses recuperándose, sin poder jugar.

El 2015 fue un poco complicado, pero lo superó y empezó a preparase para los próximos Juegos. “Fue entorpecido, pero yo siempre tenía en la cabeza ir a Río porque sabía que podíamos hacer algo. Era mi objetivo desde que era chiquito, entonces hice todo para estar ahí. Tenía muy en claro que quería jugar en la selección y que quería ganar una medalla e intentar hacer lo mejor que pudiera de mi carrera deportiva, y nunca me puse a pensar si tenía que dejar porque ya era demasiado o porque había mucho riesgo”.

Le tocó tantas veces empezar de cero que iba a hacer hasta lo imposible para llegar y competir en Río. El haberlo vivido en Londres también fue una especie de motivación, porque quería volver a experimentar las energías que se manejan en esa competencia, independientemente del hockey. Poder disfrutar el deporte olímpico, y esa sensación que recorre el cuerpo cuando alguien tenía una medalla colgada en su cuello. “Todavía se me pone la piel de gallina cada vez que veo un momento así”, comentó.

Río y la posibilidad de cumplir su mayor sueño

10 años después, la emoción de ese momento sigue intacta. Con el recuerdo a flor de piel, siempre recuerda el esfuerzo que hicieron todos para llegar ahí. “Es un placer haber formado parte de ese equipo y estoy feliz de poder haberlo logrado después de todo lo que me pasó. Pude cerrar estando donde quería”.

Cada uno tenía un rol importante dentro de aquellos Leones que fueron a Brasil a conquistar el mundo, y sabían muy bien cuáles eran. Esa camada fue un equipo que tuvo mucho talento y varios líderes, y se acomodaban entre ellos para que cada uno pudiera ocupar el lugar que le tocaba. “El mío era el de trabajar, de siempre tirar para adelante y de acomodarme para que los otros pudieran jugar y explotar su potencial. Nadie se quiso poner adelante del otro o intentar brillar, nos ayudamos los unos a los otros para ganar”. Era un grupo donde hubo mucho sacrificio personal para poder darle lo mejor al equipo y poder colgarse la medalla de oro.

No haber “perdido el tiempo”. Eso es lo que temía Facu. Si bien el proceso y el camino es parte del aprendizaje y no una pérdida de tiempo, para él eso es una media verdad. “Los deportistas, sobre todo, queremos también el resultado, queremos estar. El camino recorrido es muy importante. Y el resultado, dónde llegas, y la recompensa, por suerte la tuve. Otros la tuvieron más fácil, pero estoy feliz y tranquilo de haberla conseguido”, finalizó Callioni.

FINAL DE LA PRIMERA PARTE.