Muchos atletas de alto rendimiento, consideran que no es tan difícil llegar al profesionalismo en su deporte, pero lo que en verdad es difícil es mantenerse y continuar siendo ese jugador de vital importancia para sus equipos.
Ese es el caso de Julio Teherán, lanzador abridor de los Bravos de Atlanta, quien ha logrado mantenerse en vigencia para su equipo.
La oportunidad de lograr su sueño llego en su natal Cartagena de Indias, Colombia donde, la historia de su vida dio un rumbo drástico a temprana edad.
"Mi llegada fue a los 16 años gracias a mi tío quien es scout de los Bravos y le dijo al equipo que tenia un sobrino que tenia mucho talento y fue así como llegue a los Bravos de Atlanta".
Al llegar a la edad de 16 años a los Estados Unidos, el proceso de adaptación tomó tiempo. No es fácil llegar a un país solo, sin conocer la cultura y el idioma. Pero aunque lo que tenía que enfrentar Julio no iba a ser fácil, Julio estaba consciente que esta era una oportunidad única que tenia que aprovechar.
"Fue una de las cosas más duras que me tocó pasar. Era muy niño y desprenderme de mi familia fue algo duro, mas no difícil. Me acostumbré rápido porque quería conseguir mi sueño. Logré que eso pasara a un segundo plano y logré manejarlas bien," comenta Teherán.
Una de las cosas que hace Teherán para que el estar lejos de su familia no le afecte es enfocarse en que al terminar la temporada ira a su amada ciudad natal y podrá compartir con toda su familia y esto le ayuda a rendir mejor durante la temporada.
Si bien para Teherán, el haber logrado que el desprendimiento de su familia no le llegara a afectar para lograr su sueño, el proceso de entender y asimilar la dinámica del béisbol en Estados Unidos y el idioma sí fue un tema que tuvo que trabajar más. Pero todo esto no impidió que Teherán lograra lo que se trazó al llegar un día a la ciudad de Atlanta.
"Al principio, como era todos los días de entrenamiento y el tener una temporada larga fue difícil. No estaba acostumbrado a jugar todos los días. En nuestros países jugamos durante los fines de semana y entrenamos entre semana. Pero aquí, se juega y se entrena todos los días y fue algo muy duro. Aparte, el idioma al principio fue muy complicado para mí. Tenía muchos problemas, en especial si un entrenador quería dirigirse a mí. Fue algo muy difícil al principio. Pero aprendi el idioma, era una meta más personal, quería relacionarme mejor con mis compañeros y los entrenadores."
El haber salido de su país a temprana edad, no significó para Julio dejar su cultura atrás. Al tener en su sangre el Caribe, es sin duda un sinónimo de alegría y "buena energía" como el mismo dice. Aunque la temporada no ha sido la más óptima para el equipo, Julio tiene un sentido de orgullo de ser parte de la franquicia más vieja de la MLB y siempre quiere transmitir la alegría de su país, Colombia, en el camerino cada vez que entra al camerino y se alista para abrir el juego.
"Es un gran orgullo estar en una rotación de grandes lanzadores. Este equipo tiene mucha historia. Es un gran orgullo y un gran honor ser el número uno en la rotación... Siempre que voy a lanzar mis compañeros lo saben porque llego al estadio y pongo mi música. Siempre escucho vallenato y reggaeton. No solo quiero motivarme al poner música, también la pongo para que mi equipo se motive. Muchos de mis compañeros me expresan que les gusta cuando lanzo porque pongo música y cuando ellos entran al camerino sienten una energía diferente".
Todo atleta siempre tiene jugadores que ve como ejemplo e inspiración para lograr sus metas personales. Julio no fue la excepción y tuvo dos modelos que fueron una gran inspiración para perseguir su meta de llegar a las ligas mayores.
"Tenía de referentes, a Pedro Martinez, quien en ese entonces era un lanzador efectivo cada vez que lanzaba. Soñaba con ser como él y miraba a Edgar Renteria y Orlando Cabrera, siempre fueron unos ídolos, una gran motivación cuando era un niño y para muchos colombianos también".
Julio entiende que haber logrado llegar y mantenerse en una rotación de lanzadores tan exigente y tradicional como la de su equipo trae responsabilidades y muchas emociones. El ser un jugador que poco a poco está convirtiéndose en un referente en las Grandes Ligas y ser latino es algo que le causa muchas sensaciones.
"Es un gran orgullo estar en representación de los jugadores latinos en las ligas mayores y también representar a mi país. Creo que nuestra representación va a abrir puertas a las próximas generaciones de jugadores y es un orgullo que en el mejor béisbol del mundo nos estén reconociendo como parte fundamental".
La fama que trae una carrera como la que ha tenido hasta ahora Julio Teherán no es fácil de llevar y es por eso que el abridor colombiano tiene tres pilares que le ayudan a mantener el equilibrio para seguir siendo un gran atleta y también un ejemplo para los jóvenes que le ven y su hijo quien nació recientemente.
"Los tres pilares míos son mi familia, esa es mi base fundamental. Ellos son mi motivación para seguir. La responsabilidad, siempre que vengo a jugar asumo la responsabilidad de dar lo mejor de mí y finalmente, la alegría, es algo que no me deja desenfocarme. Esa alegría que tengo yo y que tenemos los jugadores hispanos acá es ese toque especial que hace de esta liga el mejor béisbol del mundo".
Ya terminó la temporada para los Bravos y Julio retornará a su amada Cartagena de Indias, su ciudad natal. Su viaje de regreso representa algo importante. Podrá dedicarle más tiempo a su hijo, el que quiere que crezca dominando los dos idiomas. La sonrisa y la energía son herencias que le dará Teherán a su hijo. Esa alegría y ese sabor caribeño que sentimos cada vez que Julio se encarama en la lomita para abrir un juego de los Bravos de Atlanta.
