<
>

Bitácora rumbo a Rusia

ESPN Digital

Unos 10.082 kilómetros separan a la Ciudad de México de Roma. Justamente nuestro punto de partida y nuestro destino. Viajamos rumbo a Moscú y por ironías de la vida, la primera vez que pise la capital de Italia será en mi camino a Rusia 2018. Voy a una Copa del Mundo a la que el país transalpino no clasificó. Sí, la distancia del punto A al B se puede contar en metros, pero también en horas: las casi 12 que pasaremos en este avión hasta aterrizar en territorio ruso.

Llegaremos a las 2 y 30 de la madrugada –un dato que me actualiza el exfutbolista mexicano Jared Borgetti, que viaja conmigo. Somos parte del equipo de ESPN. Tenía la confusión –o ilusión- de que fuera a las 9:30 pm, pero me aclara “la leyenda”, como le digo a Jared, que esa es apenas la hora de salida de nuestro avión de Roma. Nada, llegar de madrugada, dormir en el hotel del aeropuerto y salir a las 11:30 am a Saranks, en donde se concentra la selección de Panamá. Seré la sombra del equipo durante todo el torneo. Toca olvidarme de mi pequeño plan de salir a conocer un poco de Moscú. Esperé toda mi vida por esto.

La distancia entre Italia y México puede, fácilmente, medirse en coincidencias. Porque el Tri comparte grupo con Suecia, la que dejó en el camino a la “azzurra” en aquel repechaje fatídico, que tuvo como consecuencia lágrimas en el “retiro” más amargo de Gigi Buffon. Si, entre comillas, porque luego volvió para un par de amistosos… con la increíble crítica de la prensa italiana incluida. Alguien que no tiene nada que probar. Cosas del fútbol. Tan increíble como absurdo que la historia de un campeón del mundo vaya a terminar así. Con una especie de puntos suspensivos. Unos que escribimos movidos más por el deseo que por la realidad. Veremos si el PSG… veremos si las ganas. Porque Buffon dejó claro en 2006 que no se mueve por la plata.

Mientras algunos cierran su historia, o por lo menos intentan, otros comienzan a escribirla. Es el caso de Panamá. Ayer veía una de las muchas imágenes del último partido de eliminatorias de Concacaf y recordaba las ironías de la vida. La “Marea Roja”, que lloró ante Estados Unidos en el proceso anterior, terminó clasificando en puestos directos a Rusia dejando fuera, justamente, a “los de Klinsmann” sin Klinsmann. Cosas del fútbol.

Es tiempo de Panamá mundialista. Por primera vez estaré de reportera, luego de dos mundiales en sede y uno a distancia. Así que supongo que ambos compartimos la emoción de ser primerizos. Curiosamente, mientras sobrevolamos el Golfo de México, en las pantallas de nuestro recorrido aparece Caracas. Pienso en cuánto ha rodado el balón desde aquella cobertura de 2010 en mi natal Venezuela. Cuanto crecí desde mi ida a Leipzig y Berlín en Alemania 2006, de mochilera, con menos de 100 Euros en los bolsillos. A veces la felicidad sólo cuesta 30. Aquella primera experiencia mundialista mientras estudiaba y trabajaba en Madrid fue el preámbulo de una copa que me marcó: Brasil 2014.

Las pantallas también señalan que faltan más de 9 horas de vuelo. Prefiero redondear el número hacia abajo, de los 9mil kilómetros que restan. Total, quién está contando. La computadora se cierra y se abre conforme van llegan llenos y se van vacíos cada uno de los 5 platos de nuestro menú a bordo. Se fue también mi intensión de no comer harina durante

todo el viaje. Con lo fatal que me cae, y lo bien que sabe. Supongo que me siento un poco en Roma y no puedo decir que no a la lasagna. Total, prefiero contar las horas al destino que las calorías. Prefiero contar la historia de Panamá mundialista, y la mía, mientras cruzamos el globo en avión. Rusia se ve cerca… muy a pesar de las 15 horas de vuelo.