Uruguay y España jugarán uno de los partidos más atractivos de la fase de grupos del Mundial 2026, torneo que se podrá ver por el Plan Premium de Disney+ (solo para Sudamérica), y que tendrá su atractivo en el cruce entre dos equipos intensos y de buen pie, que curiosamente contrarían la identidad histórica de cada uno.
Claro: el fútbol no nació en este siglo. Y ambas selecciones acarrean una tradición que de alguna forma se fue diluyendo con las innovaciones del deporte a nivel mundial.
España llega mejor, no es muy discutible. Ya tiene un perfil más marcado a nivel estilístico y que viene trabajando hace varios años. Recién desde el 2004 con Luis Aragonés y el surgimiento de Guardiola en Barcelona se halló en el tiki-taka y enterró de manera definitiva a la vieja conocida Furia Española. Con algunos matices, la Roja -hasta hace poco conocida como La Furia Roja y a la que ni el nombre le quedó, es una máquina de producir futbolistas exquisitos en técnica que tienen el sistema en la cabeza. No fue casualidad que desde esa transición ganaron por fin tres Euros (2008, 2012 y 2024), su primera Copa del Mundo (2010) y una UEFA Nations League (2023).
El caso de Uruguay es distinto porque todavía no se ha logrado hallar en ese conflicto en el que lo viejo termina de morir y lo nuevo no termina de nacer, por lo cual con Bielsa hoy la Celeste tiene un equipo que está algo disociado de la relación con el público futbolero uruguayo.
Uruguay: 2010 y qué pasó después
Uruguay tiene una curiosidad y es que con el mismo entrenador que estuvo desde 2007 a 2022 empezó una búsqueda de aggiornarse -involuntaria o no- y de encarar una transición que España ya había hecho.
El país que siempre se caracterizó por formar delanteros y zagueros de primer nivel fue encausando esa formación y se encontró de repente con volantes completos. Ya iba dejando de ser opción el juego directo, el apostar a los duelos que ganaban arriba y abajo sus piezas clave, y Óscar Washington Tabárez empezaba a meter mano en el equipo buscando darle juego desde ahí.
Primero fue, por ejemplo, buscando ubicar a Nicolás Lodeiro en la mitad de la cancha junto a un volante de corte más defensivo para forzarlo a ser un mediocampista "mixto" (qué lejana aparece esa palabra hoy, ¿no?). Luego surgió Lucas Torreira, empezó a ser una realidad Federico Valverde y Rodrigo Bentancur por su exploción en Europa. Poco tiempo después, el Manuel Ugarte con proyección de Fénix escalaba en el fútbol portugués y de un día para el otro pasaba a PSG. Además, Giorgian De Arrascaeta se hacía ídolo de Flamengo.
Sin embargo, Uruguay fue perdiendo en los puestos que históricamente lo destacaron. Después de Suárez y Cavani, solo quedó Darwin Núñez en la élite. En la zaga, Ronald Araújo y José María Giménez (algo relegado en Atlético de Madrid y también en Uruguay), y la transición incompleta está dada por la carencia de extremos desnivelantes: Bielsa potenció a Maxi Araújo, que en poco tiempo pasó de Toluca al Sporting, pero no le sobran opciones como sí las tiene España.
Hoy, Uruguay se tornó un equipo que perdió identidad porque todavía no encontró su nueva piel y queda expuesto por ejemplo cuando mantiene la pelota de más o es muy poco incisivo. Como si le faltara una pieza para arrancar.
También el equipo tiene mucha menos agresividad que años atrás. Por el VAR, pero no solo; es una transformación que Tabárez ya había encarado.
El Maestro, en su momento, expresó en una entrevista en Hablemos de Fútbol en ESPN el cambio. "A los uruguayos antes nos trataban de animales, eso me preocupó mucho. Fue una época en donde le dábamos rienda suelta a la impotencia y eso nos daba malos resultados".
Por supuesto que la postura no era inocente: Uruguay ya había perdido partidos importantes por bajas por indisciplina, como los octavos con Colombia en Brasil 2014 después de la mordida de Suárez, y además el fair-play se imponía cada vez más como criterio de desempate en torneos.
España encontró su identidad y ganó su primera estrella
Para los más jóvenes es difícil no pensar en España como nación y tener en la cabeza una imagen de cómo juega, aunque esto no siempre fue así.
Desde 1920 a 2008, aproximadamente, el equipo español se caracterizaba, al igual que el uruguayo, por ser un combinado muy aguerrido y temperamental.
Así nació el apodo de La Furia española, por una jugada de José María Belauste en los Juegos Olímpicos de Amberes de 1920 en los que el equipo español sería subcampeón.
En un duelo con Suecia, el delantero le pidió la pelota a su compañero. “¡Sabino, a mí el pelotón, que los arrollo!”. Así fue: Belauste se llevó a todos puestos e igualó, y apenas después Acedo selló la remontada ante los suecos. Pero, además, el apodo tiene una connotación bélica porque rememora el saqueo de Amberes, una sublevación de soldados españoles en la ciudad porque terminó con diez mil muertos y que sembró el terreno para la independencia de los Países Bajos tiempo después.
De ese grito vendría una etapa sin grandes éxitos para La Roja. En esos Juegos Olímpicos terminaron segundos. Apenas una Euro en 1964 fue lo que ganaron y otra en la que terminaron segundos (1984) y un cuarto puesto en 1950, Mundial que curiosamente ganaría Uruguay.
Que el camino de una selección histórica que jamás había sido campeona del mundo debía cambiar se caía de maduro. Así llegó Aragonés en 2004, y pese a la temprana eliminación de Alemania 2006 en octavos de final, siguió en el cargo.
Las eliminatorias rumbo a la Euro 2008 comenzaron con cimbronazos y dudas, con caídas ante Irlanda del Norte y Suecia. Hasta que llegó el partido bisagra: Inglaterra en Old Trafford. La Roja se impuso por 1-0 y comenzó una racha histórica de 35 partidos invicta.
El 13 de octubre de 2007 enfrentaba a Dinamarca -rival directo- en Aarhus, y sería un partido para el recuerdo. España formó en aquella jornada con Casillas, Sergio Ramos, Marchena, Albiol, Capdevila; Joaquín, Xavi, Albelda, Iniesta; Cesc y Tamudo y cuando ganaba 1-0 hizo el segundo para el definitivo 2-0 con una sucesión de toques ejemplar. Según rememora el periodista Manuel Bruña en el suplemento Historias de cien años de la Selección (Mundo Deportivo), la jugada constó de un minuto y 15 segundos de posesión, 65 toques de balón, 28 pases, nueve jugadores participando en la acción y un remate magistral de Sergio Ramos, que para muchos es considerado como el gol más bonito de la selección en toda su historia.
La conquista le bajó la persiana a las críticas que recibía Aragonés por no convocar a Raúl, y Guardiola además pateaba el tablero en Barcelona y proveía no solo de materia prima a La Roja, sino también de futbolistas adaptados al modelo de Aragonés. La selección y el fútbol español se retroalimentaban.
Además, Aragonés rebautizó a España como La Roja y dejó atrás el apodo de La Furia Roja. Señal más clara, imposible.
El resto fue historia: España ganó aquella Euro 2008, obtuvo su primera estrella en Sudáfrica 2010 y se metió por fin en un lugar privilegiado en la historia del fútbol.
Uruguay vs. España, un cruce prometedor en el Mundial 2026
Curiosamente, España es un rival imposible para la Celeste, que nunca le pudo ganar en la historia.
Jugaron en diez oportunidades, en los que La Roja se impuso en cinco (dos a nivel oficial) y se registraron cinco empates (uno oficial).
Diego Lugano, excapitán celeste, blanqueó lo que todo uruguayo pensaba. “Me quería matar, porque el jueves había dicho que el único que no quería era España (...) Es una piedra en el zapato para nosotros, por su forma de jugar. Siempre lo sentí como un fútbol que nos cae mal".
El antecedente más doloroso y recordado es la caída en el Mundial de Italia 90' que fue decisiva para que Uruguay quedara eliminado en fase de grupos, con el penal errado de Ruben Sosa y el empate sin goles en el debut en Udine.
También es recordado un duelo bastante reciente de estilos, en la Copa Confederaciones 2013, quizás el partido en el que Uruguay se vio más superado en el ciclo Tabárez. El resultado no lo explicita, porque fue apenas 2-1 en favor de La Roja, pero el equipo uruguayo no la vio en ese partido. El descuento, de hecho, fue una genialidad de Suárez de tiro libre. Y el equipo de Vicente Del Bosque tuvo un 75.2% de posesión contra apenas 24.8%.
Guillermo Varela, lateral uruguayo, evocó a la nostalgia al palpitar el duelo contra Lamine Yamal. "Él sabe que a los uruguayos nos gusta jugar fuerte, así que va a tener que ir preparado, va a tener que meter la patita también", vaticinó.
Lo cierto es que ese imaginario colectivo cruje. Hace tiempo que Uruguay no es ese equipo y esa idiosincrasia parece haber quedado en el pasado, tal como quedó la española.
