ORLANDO -- Thierry Henry está frustrado. Hace una mueca. Extiende las manos para dar énfasis, con las palmas arriba. Es una imagen que el mundo ha visto antes.
Desde el inicio de sus 20 años de carrera como jugador, que incluyó ciclos en algunos de los clubes más importantes del mundo, Henry fue muy exigente con sus compañeros, con los periodistas que lo cubrían, y hasta con sus técnicos. Y no tenía reparos en manifestar su frustración con quienes no estuvieran a la altura, no se esforzaran lo suficiente o, como sucedió una vez, no arrimaran su silla después de una conferencia de prensa.
Respondiera con una palabra o con un gesto, nunca era difícil interpretar lo que estaba pensando. Resumía una narrativa entera con un movimiento de sus manos o sus ojos. "Podía marcar un gol increíble, y luego enojarse en seguida con alguien por no pasar la pelota correctamente", dice Dennis Bergkamp, quien jugó junto a Henry en Arsenal. "Él era así".
Esta mañana de enero, Henry está sentado en el lobby de un complejo genérico en las afueras de Orlando. Pronto sacará a trabajar a su equipo durante un campo de entrenamiento de pretemporada. Pero de momento, el nuevo entrenador de Montreal Impact está ganando impulso en su diatriba contra los cuadros de eliminación que usan las ligas de los grandes deportes de América del Norte para definir a sus campeones. Le resultan absurdos.
"Puedes ganar 33 de 38 partidos, y luego te topas con un equipo en una pequeña racha y pierdes", dice, elevando el tono de voz. "Y eso es todo. Un partido y estás fuera".
Escupe una palabra que desprecia como pocas: "Es azar".
Henry vivió exactamente esa decepción con los New York Red Bulls, donde pasó las últimas cuatro temporadas y media de su carrera. En 2013, los Red Bulls tuvieron la mejor marca de la temporada regular de la MLS. Luego perdieron inmediatamente su serie de semifinales de conferencia contra Houston, el último equipo de la tabla. No fue justo, pero era el sistema. "Las reglas son así", dice.
Lo mismo va para la estructura que permite que los equipos jueguen la temporada regular en piloto automático y despierten cuando comienzan los playoffs. O peor, que los equipos pierdan todos los partidos y al año siguiente vuelvan a participar, en lugar de ser descendidos como en casi todas las ligas del mundo.
"¿Qué pasa si pierdes?", pregunta. "¡Nada! No pasa nada. Sigues en la MLS, o en la NBA o la NFL, o lo que sea. Las reglas te lo dejan pasar. No habría que dejar pasar nada. En Europa, es inaceptable. Nunca pasaría. No debería pasar".
Suspira. "Pero uno debe saber dónde está", agrega.
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Hace poco más de un año, Henry estaba en Mónaco, terminando un ciclo como entrenador que fue tan breve (tres meses) como decepcionante. Ahora está de vuelta en la MLS, intentando rehabilitar su reputación mientras dirige con un marco de referencia claramente diferente. Henry ganó casi todo lo que un jugador puede ganar, pero Impact ha sido el modelo de una franquicia mediocre, con apenas tres clasificaciones a los playoffs en ocho temporadas de MLS, y siete entrenadores distintos en dicho lapso.
La tarea de Henry es clara. Si logra hacer un trabajo sólido durante un par de años, podrá poner distancia entre Mónaco y su próximo trabajo. "Podría ponerlo nuevamente en la escalera de la dirección en Europa", dice Craig Burley, ex internacional escocés y actual comentarista de ESPN.
Parece bastante sencillo. Pero, ¿podrá Henry hacerlo sin frustrarse demasiado?
HENRY ESTABA EN SU CASA DE LONDRES EL PASADO MES DE NOVIEMBRE cuando el presidente de Impact, Kevin Gilmore, lo llamó para hablar sobre la posibilidad de que se convirtiera en el próximo DT del equipo. Al principio, la idea de que Henry regresara a la MLS resultaba sorprendente. Había sido un jugador ejemplar con los Red Bulls, pero solía darse aires de alguien acostumbrado a jugar con mejores compañeros. "Porque lo estaba", dice el mediocampista de Nashville SC Dax McCarty, quien estuvo en ese equipo de Red Bulls.
Henry jugó en Barcelona con Lionel Messi, Andrés Iniesta y Xavi. Jugó en Arsenal con Bergkamp y Freddie Ljungberg. Jugó, aunque sea brevemente, con Alessandro Del Piero en Juventus, y en aquel fantástico seleccionado francés del Mundial de 1998 con Zinédine Zidane, Patrick Vieira, Marcel Desailly y Didier Deschamps. Henry hasta les hablaba con dureza de vez en cuando si no estaban a la altura.
En New York tuvo a Rooney, pero a John Rooney, el hermano de Wayne, quien había venido de Macclesfield Town. En lugar de Frank Rijkaard o Ashley Cole atrás, estaba Teddy Schneider, quien había jugado cuatro años en Princeton. Jonny Steele, quien había jugado con los Syracuse Salty Dogs, los Puerto Rico Islanders y Ballymena United, deambulaba en el mediocampo.
"Estás con jugadores que no te encuentran cuando te tienen que encontrar", dice Lloyd Sam, quien también jugó en ese equipo de Red Bulls, y antes de eso en Leeds y en varios clubes ingleses. "Él tenía un estándar. Siempre me preguntaba, 'Lloyd, ¿eso fue de alto nivel?'"
Pero el tiempo puede cambiar la perspectiva. Y los debuts desastrosos en la dirección, también. Mónaco, uno de los clubes más ricos de Francia, había llegado a la semifinal de la Champions League en 2017. Henry llegó en octubre de 2018. Para el siguiente mes de enero ya se había ido, después de haber ganado apenas dos de 12 partidos de liga y cuatro de 19 en total. El desastre no pasó desapercibido. "No me llamó mucha gente después de eso", reconoce Henry.
Tan intransigente, Henry igualmente parecía ser alguien que podía tener éxito como DT. ¿Pero qué club estaría dispuesto a arriesgarse? Resultó ser que Montreal Impact. "Cuando alguien finalmente llama, tienes que atender", dice Henry. "Se presentó Montreal, así que evalué la situación. En primer lugar, fue una decisión futbolística".
Traducción: Era un trabajo. Y no vino nada mal que la ciudad en sí --de habla francesa, sofisticada, arquitectónicamente distinguida-- le recordara a la París donde creció o a la ciudad de Londres donde decidió instalarse. "La cultura", agrega. "Los restaurantes. La diversidad. El aspecto. La forma de vida".
Para Impact, Henry era un nombre famoso que inyectaría interés en un equipo que ni siquiera ha llegado a los playoffs de la MLS en las últimas tres temporadas. "Obviamente, desde el punto de vista del marketing, Thierry tiene mucho sentido", dice Gilmore, quien no habría entrevistado a otros candidatos. Con excepción del plantel completo de los Canadiens de la NHL, Henry instantáneamente pasa a ser la figura deportiva más reconocida de la ciudad. "Y habla francés", agrega Olivier Renard, director deportivo de Impact. "Eso es muy importante en Montreal. En la MLS, no es algo fácil de encontrar".
Pero Henry dejó algo muy en claro: A pesar de lo que ocurrió en Mónaco, estaba decidido a dirigir a Impact de la misma manera que lo habría hecho en Europa. "Todos los partidos deberían ser importantes", dice ahora. "Tengo una visión clara de eso. Una visión clara de lo que quiero hacer. Una visión clara de cómo debería jugar nuestro equipo. Necesito tiempo para implementarlo, pero no voy a cambiarla pase lo que pase.
"Porque", agregó ominosamente, "es importante morir con tus convicciones".
ENTRE LOS FUTBOLISTAS DESTACADOS DE LA GENERACIÓN DE HENRY, Zidane, de 47 años, ha marcado un estándar imposible como DT en Real Madrid. Podría decirse que nadie más ganará la Champions League en su primera temporada a cargo de un club de primera, y nuevamente al año siguiente, y el siguiente.
¿Quién le sigue? Tal vez Vieira, otro francés, de 43 años, un año mayor que Henry. Vieira ganó 40 y perdió 28 (con 22 empates) como DT de NYCFC. Actualmente gana más de lo que pierde en la Ligue 1 con OGC Niza, que no es una potencia tradicional. O Giovanni van Bronckhorst, neerlandés de 45 años, quien ganó dos copas y una Eredivisie con Feyenoord. (Está dirigiendo en China, pero seguramente volverá a Europa tarde o temprano).
Frank Lampard, de 41 años, tuvo tan buenos resultados en su primera campaña con Derby County la temporada pasada que fue contratado para dirigir Chelsea, siguiendo los pasos de José Mourinho y Carlo Ancelotti. David Beckham y Ronaldo, ambos un poco mayores que Henry, podrían haber dirigido, pero optaron por ser propietarios.
Y luego está Henry. Se retiró en 2014 y anunció su intención de dirigir, preferiblemente en Arsenal. "Un sueño hecho realidad", dijo, ambicioso. Entendió que necesitaba credenciales, así que empezó trabajando en las inferiores de Arsenal. Cuando Roberto Martínez fue contratado para dirigir el seleccionado belga en 2016, Henry se prendió como segundo asistente, lo que básicamente significaba dirigir a los delanteros.
Por lo visto, Henry fue una figura útil para Bélgica. No tenía problema en decirles a jugadores importantes con personalidades fuertes, como Eden Hazard y Romelu Lukaku, exactamente lo que pensaba, y tenía suficiente credibilidad para que lo escucharan. Sin embargo, a diferencia de Martínez, no firmó por otros cuatro años cuando Bélgica terminó el Mundial tercero. "Él quería ser entrenador en jefe", dice Bergkamp.
Ese mes de octubre, Mónaco de pronto despidió a Leonardo Jardim y contrató a Henry, quien había arrancado allí su carrera en primera un cuarto de siglo antes. "Conocía el club", dice Bergkamp. "Sabía exactamente lo que significaba estar ahí".
Durante su carrera como jugador, Henry tuvo la fortuna de jugar bajo la dirección de algunos de los mejores técnicos del mundo. Pep Guardiola se encuentra primero en la lista, pero también están Ancelotti, Wenger, Aime Jacquet y el subestimado Jean Tigana.
"Arsene fue un entrenador que me hizo pensar en muchos temas", dice Henry. "Pep me hizo pensar tácticamente. Tigana me enseñó a manejar a los jugadores jóvenes".
Henry jugó brevemente para Ancelotti, "pero era un DT de jugadores". Y de Jacquet aprendió a ser terco. "Él tenía una visión", dice Henry. "Y pasara lo que pasara, nadie lo iba a hacer cambiar".
Henry veía el estilo que estaba creando como una combinación de todos. "Aprendes de todos, tomas algo de cada uno y lo haces propio". Se presentó en Mónaco perfectamente organizado, con todos sus archivos y planes de entrenamiento. "Era evidente que había aprendido mucho de muy buenos entrenadores", dice Benny Henrichs, defensor de Mónaco. Henrichs percibía la estrategia. "Sabíamos exactamente lo que teníamos que hacer en todo momento", explica. "Nos daba tácticas muy evolucionadas en cada partido. Y las sesiones de entrenamiento siempre eran muy intensas. Pero sufrimos muchas lesiones, y teníamos muchos jugadores jóvenes. Fue una situación difícil".
En la primavera de 2017, Mónaco cerró una racha de cuatro años desde su ascenso con su primer título de la Ligue 1 desde 2000 y llegó a las semifinales de la Champions League. Un poco más de un año después, las expectativas siguen altas. El equipo venía de un segundo lugar detrás de Paris Saint-Germain. Estaba jugando en la Champions League una vez más. Pero de ese equipo de 2016-17, Kylian Mbappé, Bernardo Silva, Fabinho, Thomas Lemar y Benjamin Mendy se habían ido para cuando llegó Henry. Mbappé fue vendido a PSG por una suma de alrededor de $200 millones.
La anterior suma era una con la que el propietario, Dmitry Rybolovlev, iba a poder comprar muchas obras de arte para sumar a su colección que incluía obras de Picasso, Gauguin, Matisse, Rodin y Modigliani. Pero para lo que no sirvió fue para sumar jugadores que reemplazaran a los que se habían marchado. Después de que las lesiones dejaron diezmado al escuadrón, Henry se comenzó a impacientar, quizá con razón. Sólo él parecía saber el poco tiempo que tenía.
Henry usó a sus jugadores fuera de sus posiciones. Abandonó todas las pretensiones en el ataque y se concentró en conservar la posesión. Además, se convirtió en una persona cada vez más irritable. "La p... de tu abuela", le dijo al lateral de Estrasburgo, Kenny Lala, quien se habrá quedado pensando dónde se había ido la leyenda del fútbol que él había adorado de más chico. Al mismo tiempo, Rybolovlev había quedado involucrado en una investigación de un conocido caso de fraude llamado Bouvier Affair. El propietario no había sido acusado de ningún delito, pero eso sumó a la sensación general de distracción.
Cuando finalmente llegaron los refuerzos de la mano de Cesc Fábregas y otros jugadores en enero de 2019 ya era demasiado tarde. Después de que una derrota dejó a Mónaco fuera de la Copa de Francia, Henry amenazó con pasar a varios integrantes del primer equipo directo a la reserva. Estos últimos se quejaron ante la dirigencia, lo que significó que la mitad del equipo o Henry se iban a tener que marchar.
No fue una decisión difícil de tomar.
"Nos sorprendió porque habíamos tenido una buena sesión de entrenamiento el día anterior", dijo Henrichs. "Pero por otro lado tampoco nos sorprendió porque los resultados no eran buenos". Henry se marchó con clase y distinción. Agradeció a Mónaco por la oportunidad. Estuvo de acuerdo en que los resultados no habían sido satisfactorios. No se quejó - al menos no públicamente. "Aprendí mucho", dice ahora. "Siempre digo que ganas o aprendes".
También dejó atrás un grupo de jugadores que sintieron que él apenas estaba comenzando a marcar una diferencia. "Era su primer club", dice Henrichs. "Creo que él esperaba algo completamente diferente. Si le das un poco de tiempo y un buen equipo, creo que él demostrará que puede ser bueno. Dile que regrese a Europa. Me encantaría volver a jugar para él".
Sin embargo, Henrichs (y casi todos los demás) jugaron mejor bajo el mando de Jardim, que fue recontratado para reemplazar a Henry. Mónaco enfrentaba el descenso, anteúltimo en la liga, cuando Henry fue despedido. El club salió de la zona de descenso y se quedó en la Ligue 1. Con Jardim esta temporada, el equipo está en la mitad de la tabla. A veces los seguidores se deben preguntar si Henry realmente estuvo allí al mando. ¿O esos tres meses sólo habían sido un mal sueño?
PARECÍA RARO, incluso para los miembros de Impact que viajaron con él, pero cuando das la vuelta por atrás de ese resort en Orlando, pasando la pileta y la cancha de golf, te encuentras con dos canchas de fútbol enormes. La mañana siguiente, Henry está parado en una de ellas, un hombre aguantando un defensor.
En la vida real, el defensor es un delantero, Anthony Jackson-Hamel. Los brazos de Henry están abiertos. Mueve los pies lo suficiente como para hacer que Jackson-Hamel no pueda mantener el equilibrio, sobre los talones, cae hacia atrás. Durante medio minuto, Henry de 43 años mantiene la posición contra alguien que es prácticamente de su mismo tamaño, pero una década y media más joven. Podría haberlo hecho durante cinco minutos, puedes experimentar la sensación, pero se entendió la idea.
Henry es un entrenador activo. En Mónaco, se paraba en el medio del arco con la pelota y desafiaba a los más jóvenes para que se la quitaran. "No podían, obviamente", dice Heinrichs. Ahora enseña sus técnicas a sus delanteros, esperando mejorar un ataque que no incluyó a ninguno de los 30 goleadores top - o ni siquiera alguno que haya logrado marcar en dobles dígitos - y un diferencial menos-13 que dejó a Impact languideciendo en el noveno lugar de la Conferencia Este. (Bajo el mando de Henry, el equipo de este año arrancó mejor: una victoria en casa contra New England y un empate ante Dallas).
Impact no tiene una verdadera historia de logros. No cuentan con un record ganador desde 2016. (E incluso en ese entonces, sólo contaron con una marca 15-13-6). Han pasado nombres importantes por el cargo de entrenador en jefe - el estadounidense, Jesse Marsch, que ahora está con Red Bull Salzburgo; Remi Garde, quien entrenó a Lyon y Aston Villa - pero nadie duró lo suficiente como para dejar una huella genuina. "Hemos sido un club sin una verdadera identidad o filosofía", dice Gilmore.
Ese es un parámetro que Henry está seguro que puede alcanzar. Si no puede lograr algo más, él promete que el mundo podrá ver su influencia. Su equipo va a correr y presionar. Logrará el éxito basándose en la intensidad y la ética de trabajo. "Esos son principios, no estrategias", comenta. "No cambian". En cuando al éxito competitivo, bueno, la vara esta baja. "La presión aquí no es como en Mónaco", dice Renard. "Estamos tratando de construir algo. Queremos tener el enfoque que deseamos y no lo vamos a cambiar después de dos o tres meses, sin importar la cantidad de partidos que ganemos".
Henry entiende eso. Al menos, lo comprende intelectualmente. Si le preguntas si Impact llegará a los playoffs te responderá con un movimiento de mano. "Tienes equipos que son exitosos de diferentes maneras", responde. Esto hace que comience a dar un sermón sobre otro tema.
Cuando camina por las calles de las ciudades estadounidenses, lo entristece ver que los fanáticos sólo usan camisetas de los clubes más grandes, de los que siempre ganan: Real Madrid y Manchester City, Barcelona y Juventus. "Es fácil usar esas camisetas", dice. "Lo que muestra verdaderamente entendimiento de este juego es usar una camiseta de Southampton. Si viera eso, me quedaría asombrado". Menciona a Sean Dyche en Burnley y Eddie Howe en Bournemouth. "Algunos dirán, '¡Ellos no ganaron nada!'", levanta el dedo. "¡No! Es éxito de una manera diferente".
Si uno de los jugadores jóvenes en Mónaco es convocado al seleccionado nacional, si aprendió algo bajo el mando de Henry que haya elevado el nivel de su juego, bueno, ¿eso no es crédito para él? "Es 'le has cambiado la vida a ese muchacho'", dice. Es una manera sensata de verlo.
Pero esperen. Este es Thierry Henry. Ha ganado La Liga y la Premier League, la Ligue 1 y la MLS Supporters' Shield. Ganó la FA Cup y la Copa del Rey. Ganó la Champions League, la Supercopa de Europa y la Euro. Ganó el Mundial. "Thierry es un ganador", dice Bergkamp. "Él sólo quiere ganar. Y eso es muy exigente para los que están a su alrededor". Bergkamp dice que él tuvo mucho éxito como compañero de Henry porque él se sentía igual. "Pero no era el caso de todos", comenta. "Si es demasiado para los demás, puede ser un problema".
Como jugador, Henry por lo general podía controlar su propio destino. "Él, literalmente, era el que lideraba el equipo a veces", agrega Sam. "Y es por eso que me preocupo por él ahora. Cuando eres entrenador, tu control termina cuando el equipo cruza la línea. Él no puede entrar para marcar el gol cuando su equipo necesita uno. Él va a tener que recostarse en sus jugadores".
Y tal como él ya lo habrá notado, no hay un Thierry Henry entre sus jugadores.
POR DEFINICIÓN, LOS AMISTOSOS SON AMIGABLES. Se supone que no importan. De todas maneras, después de ganar el primero con Henry como entrenador, Impact ni siquiera marcó un gol en los siguientes cuatro. Los perdió a todos. Fueron a Costa Rica y desperdiciaron una ventaja 2-0 ante Saprissa en el partido de ida de octavos de la Liga de Campeones de la CONCACAF.
¿Las ramificaciones? Uno esperaría que no existiesen. ¿Qué clase de trabajo ha aceptado Henry si algunos amistosos y un empate en territorio enemigo lejos de casa tienen grandes repercusiones?
Sin embargo, las heridas sanan lentamente. La naturaleza de un hombre no cambia. Y en Joey Saputo, Impact tiene un propietario impaciente cuya inclinación ha sido la de cambiar entrenadores primero y hacer preguntas después. Esa es una situación peligrosa para Henry, que no puede darse el lujo de volver a ser despedido en tan corto tiempo. "Si las cosas no salen bien", dice Burley, "es difícil verlo rearmarse en otro lado".
Saber algo así hace que uno se concentre. Regresando a Montreal para el partido de vuelta de la serie de la CONCACAF, que iba a ser seguido rápidamente por el primer partido de la temporada de la MLS contra New England, un partido que Impact terminó ganando, Henry canceló todas sus apariciones con los medios de prensa.
El partido de vuelta en Saprissa estuvo en duda. No el resultado, sino que se llevara a cabo el partido. Estaba pronosticada una tormenta de nieve la noche del juego, que se juagaba en el Stade Olympique de Montreal. Una de las características peculiares del lugar es que el techo se rompe con facilidad: 7,453 veces entre 2007 y 2017, según Canadian Broadcasting Corporation. Las instalaciones no son seguras con más de 3 pulgadas de nieve sobre las mismas.
Al final, el partido se jugó. El resultado sin goles probablemente no le sumó ningún adepto al Henry-ball, pero logró que Impact avanzara a la siguiente ronda. Unos pocos minutos después del partido, Henry llegó para enfrentar a los medios. Respondió preguntas en francés, inglés y español con una facilidad impresionante. (También lo hubiese podido hacer en italiano y catalán si hubiese sido necesario). Alguien preguntó si le sorprendió que, al necesitar goles para avanzar, Saprissa no mostró más inclinación hacia el ataque. Los labios de Henry se vieron temblorosos. Habló lentamente. "Hubo una táctica del otro lado para asegurarse de que no pudiesen entrar", respondió.
Después, alguien más le preguntó si había sido difícil jugar un partido tan importante, uno de eliminación, después de haber jugado amistosos, antes de que la temporada de la MLS arrancara. Fue una pregunta que demostró empatía por la situación de Henry. Pero como representante de este deporte, el auto designado guardián de su santidad, se ofendió ante el comentario. Se corrió hacia adelante con su silla.
"Así es el fútbol", dijo. "Tienes que conseguir los resultados. ¡Siempre! No importa donde estés. Pasó a la siguiente pregunta con un imperceptible movimiento de cabeza. Incluso algunos de los reporteros que todavía lo están conociendo tuvieron que sonreír. Todo estaba ben en el mundo del fútbol. Thierry Henry estaba molesto.
