Nota publicada originalmente el 17 de septiembre de 2015
GUADALAJARA -- Alrededor de ocho mil kilómetros de distancia separan Guadalajara de la pequeña ciudad de Azul, en la provincia argentina de Buenos Aires. Sin embargo el futbol ha acortado ese trecho para uno de los hijos más ilustres del pueblo azuleño: Matías Almeyda, nacido ahí un 21 de diciembre de 1973. Desde sus primeros días como técnico de Chivas, el ‘Pelado’ busca impregnar su esencia de esfuerzo permanente, algo que le hizo destacar desde futbolista en Argentina y Europa.
El miércoles, durante su primera práctica con el Rebaño, Almeyda mostró algunos destellos de su personalidad, así como de su origen humilde. Matías salió a la cancha y de inmediato reunió al grupo bajo un árbol. Hasta ahí todo dentro del guión. Fue hasta el final del entrenamiento que se salió de la norma para un director técnico de Chivas.
Llegaron los jardineros de Verde Valle y de inmediato Almeyda se presentó saludando de mano con una sonrisa en el rostro, les hizo un par de acotaciones sobre la calidad del pasto, que todavía seguía drenando el agua de la fuerte lluvia que azotó la tarde tapatía. Tras cerrar la conversación, el ‘Pelado’ comenzó a levantar junto a los utileros los tapetes que se habían utilizado para ejercicios, apenas antes de abandonar el campo “Fausto Prieto” y dirigirse rumbo al vestidor.
Esos pequeños detalles, son los que sacan a relucir la personalidad del ídolo de River Plate, un gaucho que nació pobre y que disfrutó su infancia jugando al futbol y bailando música folklórica con su familia en Azul. El vestidor de Verde Valle, es prácticamente del tamaño de la casa en la que creció Almeyda. Dos cuartos, uno para sus padres y otro para él y sus dos hermanas mayores.
“Si pasamos por un quiosco, no me pidan que les compre golosinas, porque no tenemos plata. Si llego a tener, se las voy a ofrecer yo”, recordó Almeyda que su padre les advertía, esto durante una entrevista publicada en la revista El Gráfico de Argentina en 2012. En medio de la austeridad llegó incluso a levantar chicles del piso para ponerlos en su boca.
Amigo personal de Diego Armando Maradona y uno de los futbolistas predilectos de Marcelo Bielsa, Almeyda ha vivido de todo en su vida. Desde la felicidad de ganar una Libertadores con River Plate, hasta fracasar con Sevilla y perder la categoría en su primer año europeo. Lazio, Parma e Inter de Milán vieron sus mejores años en la Serie A de Italia, mientras que con la albiceleste pudo jugar dos Copas del Mundo en Francia 1998 y Corea-Japón 2002.
Cuando de la pobreza había pasado a ídolo, llegó el retiro y con él una tremenda depresión de la cual solo su amado futbol, la familia, medicamentos y terapia pudieron sacarlo. Matías regresó a las canchas con River y sufrió el golpe más fuerte de su carrera al descender, sin embargo de inmediato se convirtió en entrenador para regresarlos de la Segunda División.
Hoy más maduro, busca demostrar en el Guadalajara que ese chico modesto de Azul, puede triunfar en el exterior como técnico, tal como hizo de futbolista. El problema es que no hay tiempo que perder y el ‘Pelado’ deberá apelar a los futbolistas que ya tiene en Chivas, así como a su filosofía para hacer grupos: “Si tú no te saludas bien con tu compañero, después no te juegas el pellejo por él en la cancha”.
