Es cierto que Andrés Lillini llegó por casualidad a la dirección técnica de los Pumas, pues recibió la oportunidad de dirigir al primer equipo gracias a la intempestiva huida de Míchel, pero fue esa circunstancia la que abrió el camino a un proceso que hacía mucho no se vivía en el seno del Club Universidad.
Hoy, hay confianza en el Pedregal de que hay un proceso que entrega buenos resultados y que se recuperó la filosofía de jugar con jóvenes, forjados a fuego lento por este osado argentino, quien físicamente aparenta más de sus 47 años de edad, pero que hoy es el rostro que hace felices a los aficionados de Pumas.
Chivas es su siguiente rival. Llega en un momento de euforia (más allá de la derrota del miércoles ante Atlético de San Luis) por el pase a la Final de la Liga Campeones de Concacaf ante Seattle Sounders. Y con el Rebaño en plena transición tras la salida de Michel Leaño y la caída del cielo de Ricardo Cadena, quien ya ganó dos partidos consecutivos y maquilló el mal torneo del equipo rojiblanco.
Este choque de estilos también se presenta como una oportunidad para Lillini de demostrar que su proceso tiene valor, que el funcionamiento no depende de un jugador (como parece ocurrir en Chivas y varios clubes) y que más allá del resultado, Pumas puede pelear en ambos torneos.
Una Final y una Semifinal en dos años, con dolorosas derrotas, son las cartas de presentación de un entrenador con un perfil que parecía destinado a correr la suerte de la mayoría de los técnicos de la Liga MX.
Ajeno a ese carrusel de entrenadores ‘reciclados’, enquistados y sin mayor interés que el económico, Lillini llegó a darle frescura a una Liga donde conservar la ‘chamba’ es el principal reto, lo que obliga a la mayoría de los técnicos a no correr riesgos, mantenerse en la medianía y aspirar a no ser uno de los seis eliminados, ya que basta con terminar en el lugar 12 para ‘presumir’ que están en la siguiente fase.
Pumas, que cumplió 10 años y medio sin ganar un título de Liga, atravesaba una crisis deportiva por la falta de buenos resultados, pero principalmente porque no generaba mayores expectativas, además de que mostraba una opacidad en sus transferencias de jugadores, pues cuando alguno destacaba, inmediatamente se iba con la mejor oferta.
Eso no se terminó incluso con Lillini. Tras perder la Final del Guard1anes 2020 ante León, Pumas dejó ir a Carlos González y Andrés Iniestra. Alejandro Mayorga estaba a préstamo y regresó a Chivas. Al siguiente torneo vendió a Tigres (su más ávido comprador) a Juan Pablo Vigón. También vendieron a Johan Vásquez, quien emigró a la Serie A con el Genoa.
Pese a esas salidas, Pumas logró reestructurar su primer equipo con la llegada de varios refuerzos extranjeros. Lillini encontró en ellos un respaldo para sostener a los jóvenes que ya conocía de su proceso en Fuerzas Básicas.
En dos años, Lillini ha debutado a 14 jugadores en Pumas, y esa inyección de juventud se refleja en el regreso de una ideología que prioriza la identidad al resultado. Ese respeto al proceso será lo que mantenga más o menos tiempo al entrenador, pero si se le da continuidad, seguramente la afición universitaria seguirá disfrutando de esta buena época y la recompensa llegará con un título.
