BARCELONA -- Se cumplieron este sábado 15 mil 497 días desde que un 28 de octubre de 1973 Johan Cruyff se presentó en el Camp Nou, oficialmente, frente al Granada. Este 2 de abril, coincidiendo con el Clásico, el barcelonismo lo despidió como merecía.
Probablemente hubo menos fanfarria de la esperada, de todo lo anunciado e insinuado. Pero el Barça, el oficial y el real, el de la grada, estuvo a la altura de lo que se esperaba porque por encima de rencillas personales y de las guerras eternas que vive en su seno este club, Johan Cruyff fue, y será, un personaje especial.
Minutos antes del comienzo se anunció por los altavoces un video de homenaje en las pantallas gigantes del estadio. Y tras una pequeña introducción con imágenes del mito en acción, tomaron la palabra 'sus hijos', todos aquellos que un día colaboraron con él.
Frases cortas, de las míticas que puso Cruyff en el escenario, se escucharon de boca de Bakero, de Zubizarreta, Nando, Ferrer, Laudrup, Goikoetxea, Rexach... Y todo bajo una emoción que podía observarse en un graderío entregado al recuerdo y que despidió el video con una sentida ovación.
Salieron los dos equipos escuchando, algo nada habitual, el himno cantado por los cerca de 100 mil aficionados que llenaron el estadio como no había ocurrido esta temporada y la demanda de Luis Enrique un día antes, "quiero que la afición nos empuje más que nunca", comenzó a comprobarse que iba a ser respondida.
Fue entonces cuando, parafraseando al homenajeado, hubo "gallina de piel" al verse el mosaico gigante que ocupó todo el graderío de lateral, con el número 14 y la leyenda "Gracias Johan" entre los aplausos sentidos de la hinchada.
Después hubo el minuto de silencio roto solamente por cuatro gritos mal dados ante el respeto generalizado de todo el campo y el partido comenzó sin más.
El equipo azulgrana, con una camiseta conmemorativa de la jornada, supo de alguna manera mantener la cabeza fría, mucho más que el ambiente que existía alrededor del césped, con un palco en el que se reencontraron todos los presidentes, con el morbo de una fotografía en la que aparecieron juntos Núñez y Rosell con Laporta...
Todos quedaron en un segundo plano por el homenaje a 'Dios', al Dios del barcelonismo que volvió a ser homenajeado al cumplirse el minuto 14 con los aplausos, ya más tímidos, de la hinchada.
Johan Cruyff, eterno, disfrutó de la despedida que habría querido. Con el Camp Nou lleno y provocando una unanimidad a su alrededor que no tuvo. Tal como dijo su hijo Jordi: "Nunca es tarde".
