Si quisieran distraerse del estrés de la preparación para la semifinal de la Champions League, el DT de Real Madrid, Zinedine Zidane, y su homólogo Diego Simeone del Atlético podrían perderse en un océano de estadísticas, diagramas y proyecciones analíticas.
Ruego que no sea el caso, pero en este mismo momento podrían estar estudiando mapas de calor, intentando descubrir si verde, rosa y amarillo "van" juntos. De hecho, creo que con la tecnología que tienen, Zidane y Simeone ya podrían hacer una proyección de este partido con un casco de realidad virtual.
La llamada telefónica habría sido: "Hola, Zinedine. ¡Diego, aquí! Ya te has divertido bastante... Lisboa fue brutal, pero con Milan ya fueron demasiado lejos. Juntémonos en tu casa, amigo, encendamos los visores, ¡y el primero en llegar a tres es el ganador! ¿Qué dices?"
Las estadísticas y los modelos analíticos abundan en el fútbol hoy en día. Cuánto corrieron los jugadores, cuál fue su velocidad máxima con y sin la pelota, en qué momentos del partido alguien tiene mayores probabilidades de descansar o de anotar un gol, si hay más probabilidades de que el árbitro sancione a Gabi o a Sergio Ramos. Qué hombre de negro sería fan de la película de Tommy Lee Jones y Will Smith...
Los jugadores señalan que, una vez que han estudiado los paquetes de video que les preparan antes de los partidos importantes, conocen a un rival de Italia o Inglaterra tanto como si se enfrentaran al mismo con regularidad en La Liga.
La mayoría de los futbolistas entrenan con un sistema de GPS, cuyos datos son analizados por un equipo de técnicos, tácticos, médicos, carniceros, panaderos y fabricantes de velas.
Ya hace mucho tiempo que Barcelona, por ejemplo, comenzó a utilizar un sistema de análisis rojo-anaranjado-verde que sugiere, mediante el viejo concepto del semáforo, si uno de sus atletas de alto rendimiento se encuentra o no en óptimas condiciones para entrenar.
En cuanto a ustedes y yo, meros espectadores, estaremos sometidos a una masa de datos durante las próximas 24 horas mientras Madrid, dueño del título, y Atlético, eterno pretendiente, se preparan para el partido de ida de la semifinal en el Bernabéu.
Cuántas veces se enfrentaron en Europa (siete), cuántas veces Madrid ha ganado este clásico de local en sus últimos nueve encuentros (dos), cuántos goles de ventaja tiene Cristiano Ronaldo sobre Lionel Messi en la tabla de la Champions League (seis)... Se hablará de todo esto, y también de la cantidad de países en los que se verá el partido, cuánto dinero hay en juego, las probabilidades de que gane uno u otro y qué figura convertirá el gol decisivo.
Por lo tanto, es muy curioso que puedas desechar fácilmente toda esta información cuando la comparas con los dos componentes claves de toda competencia deportiva.
Talento y psicología.
En los grandes eventos deportivos siempre hay algo más que lo que sucede en el campo de juego, y yo era uno de los que estaban felices de ver otros dos capítulos de los blancos contra Simeone y compañía en lugar de que fuera una final otra vez.
La psicología de este duelo en particular es compleja.
Simeone puso fin a 14 años dolor y humillación en los que Atleti simplemente no lograba superar a sus rivales madrileños. Madrid lo conquistó y lo ganó de todas las maneras posibles, de forma dominante, con elegancia, con coraje, con suerte o con ayuda del árbitro. Literalmente, de todas las formas que te puedas imaginar. Durante casi una década y media.
Y luego vino la notable final de la Copa del Rey 2013, cuando Altético tuvo que jugar en el Bernabéu y le regaló el primer gol a Cristiano Ronaldo.
El golpe psicológico y anímico debería haber sido mortal, pero en cambio fue como si el factor Simeone hubiera entrado en juego. Atletico fue sólido, atrevido, y no cambió ni un ápice de su plan de juego. Gabi corrió por todos lados, disputando pelotas como en el potrero, hasta que Ronaldo tomó represalias y fue expulsado.
Los dos goles convertidos por Atlético fueron increíbles a su manera y se levantó la maldición. Además del título, el triunfo desató una enorme ola de fe. Atlético no sólo tenía la cabeza en alto, con un pilar de fe interior, sino que era capaz de lidiar con derrotas ocasionales contra Madrid sin perder el ánimo, y luego seguir ganando.
Ha sido notable. Si antes de esa final hubieras sugerido que Madrid iba a ganar dos de sus nueve partidos siguientes contra Atlético, habría sido impensable.
Sin embargo, a pesar de todo eso, debemos considerar que Atlético llega a esta semifinal en desventaja psicológica, algo mucho más grave que tener que hacer algunos cambios en el lateral derecho. (Que probablemente será combinar a Lucas Hernández y Diego Godín en la defensa central y usar a Stefan Savic por afuera, donde habrían jugado Sime Vrsaljko o Juanfran).
Una de las cosas que Simeone les ha inculcado a sus jugadores desde que tomó el cargo dos partidos antes de Navidad en 2011 es la mentalidad ganadora. Intensidad, detalles, actitud, confianza, aptitud física, claridad mental, decisión: Todos estos factores han formado parte de la dieta diaria en la base de entrenamiento de Majadahonda.
Sin embargo, antes y después de la derrota ante Madrid en la final de la Champions League en Milan el pasado mes de mayo, irradió pizcas de duda, nervios y superstición. Y sus jugadores lo percibieron.
Creo que, hasta esta semana, Altético se ha sentido con Madrid como Butch y Sundance --al menos en la película-- con Pinkerton Posse: Siempre en sus tobillos, siempre siguiéndolos y amenazándolos, sin poder librarse de ellos.
"¿Quiénes son estos tipos?". Paul Newman y Robert Redford se preguntan con incredulidad, y luego con ansiedad.
Butch y Sundance serían Simeone, Griezmann, Gabi y Koke. Y Posse serían Zidane, Ronaldo, Ramos y Marcelo.
Enfrentarse en este escenario es muy positivo para Simeone, ya que la perspectiva de otro partido "a todo o nada", si los dos equipos llegaban a la final en Cardiff, habría sido una gran desventaja para Atlético. Aquí tienen dos oportunidades para quitar el trofeo de las manos de Madrid, primero de visitantes.
A los más poderosos les gusta cada vez menos el poder del gol visitante en el partido de vuelta, y la realidad es que estos últimos años Atlético ha jugado mejor en el Bernabéu que en las últimas dos finales. Y el Vicente Calderón no es una ventaja despreciable a aprovechar en el partido de vuelta de la semana que viene.
La tarea de Simeone es irradiar este sentimiento. Existe una diferencia de calidad entre los dos equipos que favorece a Madrid, y una necesidad de cumplir con la tarea que también favorece a los del Bernabéu. Por lo tanto, más allá del remolino de números y proyecciones computarizadas, el jefe de Atlético debe recurrir al truco más viejo del libro: Una excelente gestión de jugadores y mucha psicología para maximizar el talento de su plantel.
Debe encontrar la manera de replicar lo que ha logrado su rival. Zidane, alguna vez considerado como una figura solitaria --el Gulliver del fútbol entre los liliputienses-- ha demostrado ser un hombre que entiende muy bien al grupo, y su trabajo no ha sido nada menos que espectacular.
Madrid cree que tendrán una oportunidad si están en el banco, y creen que anotarán o crearán un gol. Creen que van a ganar. Creen que si llegan a estar abajo, van a remontar. Creen que este trofeo es suyo.
Simplemente creen.
Y a menos que Atlético crea con la misma convicción, los Pinkerton volverán a quedarse con la victoria.
Graham Hunter cubre España para ESPN FC y Sky Sports. Es autor de "Barca: The Making of the Greatest Team in the World." Twitter: @BumperGraham.
