En la NCAA, del cielo a la calle hay una yarda

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Espectacular recepción de Cam Coleman en Texas (0:16)

Paralelamente a la NFL, el futbol colegial abre telón con muchas historias a seguir en los distintos programas universitarios


Esta semana vuelve el futbol americano colegial y con él regresan las bandas de música, los estadios repletos, las rivalidades, las mascotas, los sábados interminables y esa maravillosa costumbre estadounidense de tratar un partido universitario como si estuviera en juego el destino de la nación.

En 2026 también regresa una NCAA mucho menos romántica: una en la que varios entrenadores arrancarán la temporada sabiendo que su futuro puede estar literalmente a una yarda de distancia. Una zona de gol, una cuarta oportunidad o un gol de campo de más de 60 yardas pueden separar una victoria heroica de una reunión bastante incómoda con el director atlético el lunes por la mañana.

Porque en este negocio ya no existen demasiados intocables. Hace apenas un año, más de 30 programas de FBS cambiaron entrenador y 17 movimientos ocurrieron en las conferencias de poder. Entre los despedidos estuvieron nombres como Brian Kelly en LSU, James Franklin en Penn State y Sherrone Moore en Michigan. Si alguien todavía cree que el prestigio, el contrato o el tamaño del programa garantizan paciencia, quizá no ha estado poniendo suficiente atención.

El ejemplo más delicioso —o más cruel— es Bill Belichick. Ocho anillos de Super Bowl en su currículum, seis como entrenador en jefe de New England, una reputación construida durante décadas y, sin embargo, North Carolina viene de terminar 4-8 y 2-6 en la ACC. Ahora el experimento entra a su segundo año con un calendario que tampoco parece dispuesto a rendir homenaje: TCU en Irlanda para comenzar, visita a Clemson y juegos contra Notre Dame, Miami y Louisville. Hasta Belichick tendrá que ganar partidos. Los anillos sirven para entrar al Salón de la Fama; desgraciadamente todavía no cuentan en el standing de la ACC.

North Carolina, además, estrena director atlético y alrededor del programa ya hubo turbulencia antes de comenzar: el gerente general Michael Lombardi fue suspendido y Steve Belichick se encuentra fuera por un asunto personal. El costo de terminar anticipadamente el proyecto sería millonario, pero esa protección contractual tampoco puede durar eternamente si los resultados no aparecen. El experimento apenas comienza, sí, pero la universidad necesita observar progreso.

Pero si alguien llega verdaderamente abrazado por las llamas es Mike Norvell. Florida State pasó del 13-1 en 2023 a ganar solamente siete partidos durante las siguientes dos temporadas: 2-10 en 2024 y 5-7 el año pasado. El problema para los Seminoles es que terminar anticipadamente la relación tampoco sería exactamente pasar la tarjeta en la tienda de la esquina: hablamos de decenas de millones de dólares. Y mientras alguien hace las cuentas, aparecen SMU, Alabama y Miami en el calendario.

Luke Fickell llegó a Wisconsin después de hacer maravillas en Cincinnati y tiene marca de 17-21 en tres temporadas. Wisconsin decidió anteriormente invertir en el roster antes que asumir el enorme costo de cambiar nuevamente de entrenador, pero ahora existe otro detalle nada menor: el director atlético que lo contrató ya no está. Y para inaugurar 2026 aparecen Notre Dame y Lambeau Field. Hay formas más tranquilas de comenzar un año laboral.

Dave Aranda vive otra versión de la misma película en Baylor. Sus victorias por temporada parecen números sacados de una montaña rusa: 2, 12, 6, 3, 8 y 5. Tiene nuevo director atlético, Doug McNamee, quien no lo contrató, y recibe a DJ Lagway para tratar de recomponer el proyecto. Pero mientras la ofensiva promete, su defensiva —la especialidad de Aranda— terminó permitiendo 31 puntos o más en seis de sus últimos siete encuentros. Y Baylor tendrá una medición inmediata frente a Auburn en Atlanta.

Después está Mike Locksley, cuyo Maryland se convirtió prácticamente en dos equipos diferentes dependiendo del mes. Desde 2023 los Terrapins tienen marca de 11-2 en septiembre y 3-19 durante octubre y noviembre. Dos campañas consecutivas de 4-8 y dos años seguidos terminando 1-8 dentro del Big Ten explican perfectamente por qué 2026 puede convertirse en un referéndum sobre su continuidad. En algún momento hay que dejar de ganar septiembre y comenzar a sobrevivir noviembre.

Y qué decir de Deion Sanders. ‘Prime’ llegó a Colorado convertido en fenómeno mediático, puso al programa nuevamente en televisión nacional, produjo una temporada de nueve triunfos en 2024 alrededor de Shedeur Sanders y Travis Hunter, y parecía haber cambiado para siempre la temperatura en Boulder. Un año después terminó 3-9. Su balance en tres temporadas es 16-21 y nuevamente reconstruyó buena parte del roster. La atención mediática sigue ahí; ahora necesita que regresen las victorias.

Ni siquiera los apellidos históricos entregan inmunidad. Shane Beamer, hijo del legendario Frank Beamer, entra a su sexta temporada en South Carolina con récord de 33-30 y viene de un 4-8 después de comenzar 2025 entre los equipos mejor considerados del país. Tiene talento y conserva al quarterback LaNorris Sellers, pero otro año debajo de .500 inevitablemente cambiaría la conversación.

Ese quizá sea el gran absurdo de esta nueva NCAA. Los programas pueden pagar millones para contratar a un entrenador, millones para despedirlo, millones para construir instalaciones y ahora millones para formar un roster; aun así, todo puede terminar dependiendo de que un muchacho de 20 años no suelte el balón en la yarda uno.

El portal de transferencias, NIL, revenue sharing y la transformación económica del deporte hicieron más inmediata la exigencia. Antes se hablaba de proyectos de cuatro o cinco temporadas. Ahora un entrenador puede reconstruir su plantilla en un invierno y, precisamente por eso, también resulta mucho más difícil explicar por qué necesita otros tres años. Si puedes cambiar 40 o 50 jugadores en cuestión de meses, el argumento de “denme tiempo” comienza a tener fecha de caducidad.

Scott Satterfield ha mejorado Cincinnati de tres a cinco y después a siete victorias, pero cerró 2025 con cinco derrotas consecutivas y enfrenta un Big 12 que incluye a Texas Tech, Utah, Houston y BYU. Su contrato también se acerca a ese punto incómodo en el que una universidad normalmente tiene que escoger entre extenderlo o comenzar a mirar hacia otro lado. Ganar siete fue progreso; demostrar que aquello no fue el techo será la siguiente tarea.

Lincoln Riley tampoco vive exactamente en la pobreza contractual. Tiene marca de 35-18 en USC y terminar anticipadamente su relación costaría una fortuna, pero desde aquella primera temporada de 11 triunfos no ha logrado colocar nuevamente a los Trojans donde su historia, presupuesto y aficionados consideran que pertenecen. Dos de sus cuatro temporadas terminaron fuera del Top 25 y ahora tiene nuevos recursos, nuevo gerente general y hasta Gary Patterson coordinando la defensa. En algún momento hasta las excusas premium se terminan.

Por eso sería demasiado fácil sentenciarlos hoy. Decir quién será despedido antes del primer kickoff sería convertir una columna en una quiniela. Lo realmente fascinante es comprobar que nadie tiene garantizado absolutamente nada. Ni Belichick con ocho anillos, ni ‘Prime’ con todo su poder mediático, ni Norvell después de aquel 13-1, ni Riley con un contrato monumental, ni Beamer cargando uno de los apellidos más respetados del college football.

La NCAA comienza esta semana y habrá entrenadores mirando el marcador con una angustia diferente. Algunos necesitarán seis victorias, otros siete, alguno tendrá que ganarle al rival que nunca puede vencer y habrá quien simplemente necesite demostrar que su equipo dejó de caminar hacia atrás. Porque cuando llegue noviembre nadie preguntará cuántos seguidores tienes, quién fue tu padre, cuántos Super Bowls ganaste o cuánto costaría despedirte. Preguntarán cuántos partidos ganaste.

Y quizá todo se decida en una cuarta oportunidad desde la yarda uno, con cuatro segundos en el reloj y un kicker preparando la pierna desde más de 60 yardas.

Bienvenidos nuevamente al futbol americano colegial. Donde hasta los dioses tienen que ganar los sábados.

Y, para quienes quieran comprobar semana a semana quién apaga el fuego y quién termina sentado encima de él, la temporada del futbol americano colegial podrá seguirse por las pantallas de ESPN y Disney+, hasta llegar al Campeonato Nacional. Porque desde el primer kickoff hasta el último partido habrá mucho más en juego que touchdowns, rankings y boletos al Playoff: para varios entrenadores, cada sábado también será una entrevista de trabajo para conservar el que ya tienen.