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La historia de la carrera reina: El Tour de Francia

Indurain es uno de los grandes campeones del Tour Getty Images

Vender más diarios. Ni reunir a los mejores del ciclismo francés. Ni concebir un nuevo tipo de competencia. Ni siquiera quedar en la historia como los fundadores de una carrera importante del deporte de la bicicleta. El objetivo de Géo Lefèvre y Henri Desgrange, cronista y director del periódico L' Auto, respectivamente, cuando en 1903 idearon una carrera ciclística por etapas que recorriera su país, fue simplemente vender más diarios.

En años previos habían percibido que cuando realizaban coberturas de eventos ciclísticos, la circulación de L' Auto aumentaba de manera notoria. Entonces a Lefèvre se le ocurrió que el diario tuviera su propia carrera. Se lo propuso a quien tomaba las decisiones en la empresa, Desgrange, y este aceptó. A tal punto le pareció atractiva la creación de su cronista, que decidió convertirse en el director de la prueba, a la que denominó Tour de Francia.

Cuenta la historia que el 16 de febrero de aquel 1903 publicaron en la primera página la noticia del Tour, promocionando su realización: "El próximo mes de mayo, se disputará la primera Vuelta Ciclista a Francia. Constará de seis etapas, con un total de 2.428 kilómetros y estará dotada con 20.000 francos-oro de premios".

A la fecha del cierre de inscripciones, sólo 15 hombres se habían anotado. Desgrange tuvo que posponer el inicio de la carrera y, por supuesto, ampliar el tiempo de inscripción e incrementar los premios.

Es decir que el hecho de que el Tour de Francia se dispute tradicionalmente en julio también tuvo un origen mucho más mundano que deportivo. Fue a causa de la baja cantidad de inscriptos para aquella primera edición que se debió pasar de mayo a julio. Y ya nunca volvería a cambiar.

En definitiva, el 9 de julio de 1903, el primer Tour tuvo su partida en Montgeron, cerca de París, donde 60 ciclistas -con ropas y bicicletas muy humildes- comenzaron a pedalear rumbo a Lyon, el destino de una etapa inicial que constaba de 467 kilómetros. El recorrido total de la prueba era de 2428 kilómetros, divididos en seis tramos.

El primer ganador de la 'Grand Boucle', nombre por el que aún hoy también se conoce al Tour de Francia, fue un deshollinador francés de origen italiano llamado Maurice Garin, quien como todo premio se llevó 6.075 francos.

Nadie se dio cuenta de que acababa de nacer la carrera más importante y legendaria del ciclismo mundial.

Esos años de ediciones artesanales, sin gran atención a los reglamentos y en las que los ciclistas realizaban esfuerzos enormes al recorrer un promedio de 400 kilómetros diarios con pesadas bicicletas y tener que afrontar ellos mismos las reparaciones en caso de averías, tuvieron en el francés nacionalizado argentino Lucien Petit-Breton al primer gran ídolo popular de este deporte.

Fue el primero en conquistar dos ediciones del Tour de Francia, en 1907 y 1908, y también el primero en disfrutar las mieles de la fama. Ya en esa época se habían comenzado a implementar etapas de ascenso a montes y montañas. Pero fue para 1910 cuando se realizó la primera subida a Los Pirineos, mientras que un año después llegaron los tramos en Los Alpes.

Promovida sobre todo por L'Auto, aunque ya también por otros medios de comunicación, la 'Gran Boucle' ya se había convertido en uno de los grandes eventos deportivos de Francia, generando los primeros fanatismos por uno u otro corredor, y sus consiguientes duelos entre quienes hinchaban por Pettit Breton y aquellos que preferían al también francés François Faber, ganador en 1909, o a su compatriota Octave Lapize, vencedor en 1910.

En 1912 se terminó la hegemonía de los franceses con el triunfo de Odile Defraye, de Bélgica, en lo que sería el comienzo de una época de dominio de los ciclistas de esa nacionalidad. Uno de ellos, Philippe Thys, fue el primer 'campeonísimo' de la prueba, e incluso logró la proeza de ganar dos titulos antes del parate de cuatro años que tuvo el Tour por la Primera Guerra Mundial, y completar el triplete después del mismo, en 1920.

El retorno tras la guerra trajo al maillot amarillo para el líder, en honor al color de las páginas de L'Auto, como novedad más importante

En la época de entreguerras se dio un fenómeno: La sequía de títulos para corredores franceses. Como muestra de que aquella primera motivación referida a la venta de diarios seguía viva en Desgrange, el todavía director de la carrera temió que la falta de éxito de ciclistas locales le restara atención del público a la prueba y realizó una modificación importante para evitarlo.

A partir de 1930, el Tour de Francia dejaría de ser una carrera individual y se correría por selecciones nacionales. Desgrange sabía que, por separado, los franceses podían ser vencidos. Pero difícilmente lo serían en equipo.

Y tuvo razón.

El cambio estratégico en las reglas le devolvió lustre a los ciclistas locales. Así lo demuestran los dobletes de André Leducq en el '30 y el '32, y de Antonin Magne en 1931 y 1934.

Sin embargo, los belgas no tardarían en adaptarse a la nueva modalidad para volver a vencer a los galos en un derrotero que inició con los títulos de Romain y Sylvere Maes en el '35 y 36 respectivamente y que fue detenido por la Segunda Guerra Mundial, que obligó a suspender otra vez el Tour, ahora por seis ediciones.

El italiano Gino Bartali, el único que había logrado interponerse en la hegemonía belga con su victoria de 1938, se convirtió después de la segunda Gran Guerra en el hombre que más tiempo se tomó entre su primer y su segundo título, ya que volvió a ganar en 1948, diez años después de su éxito inicial. Aún hoy es el ciclista con dos títulos más espaciados en el Tour de Francia.

Desgrange, director de la prueba, falleció en 1940, y fue sustituido por Jacques Goddet, quien ocuparía ese puesto hasta 1987 e introduciría la clasificación por puntos. Con el retorno tras el conflicto bélico llegaría la época de los grandes campeones. Fueron cuatro ciclistas que ganaron en cinco oportunidades cada uno el Tour y se los puede dividir por épocas.

Los fines de la década del '50 y principios de la del '60 fueron el reinado del francés Jacques Anquetil, quien tras lograr el título en 1957, volvería con todo en el '61 para quedarse con esa y las siguientes tres ediciones de manera consecutiva.

En 1969 se dejó de lado definitivamente la modalidad de carrera por selecciones nacionales y se impusieron los equipos profesionales tal y como se conocen en la actualidad.

El belga Eddy Merckx, considerado por muchos de los especialistas como el mejor ciclista de la historia, tuvo su momentum entre 1969 y 1974, años en los que obtuvo todas las ediciones menos la del '73, en la que no participó.

El Caníbal, como se apodó a Merckx por su insaciable sed de victorias, todavía ostenta el récord de más etapas ganadas, con 34, marca que está amenazada por el británico Mark Cavendish, quien posee 30 pero todavía corre.

Con el Tour de Francia ya instalado como la carrera más importante del mundo, con amplia difusión en los medios de comunicación audiovisuales -que se habían sumado a la labor de los diarios- la monarquía de Merckx fue rápidamente sustituida por la del francés Bernard Hinault, que se extendió por dos décadas distintas.

Comenzó con un doblete en la del '70, con sus triunfos en 1978 y 1979, y continuó en los '80, con los títulos de los años '81, '82 y '85. El Tejón, como fue apodado durante su carrera, fue el último gran corredor francés. A tal punto que, desde su último título, el palmarés del país galo está en blanco en el listado de victorias de la 'Grand Boucle'.

El último de los campeonísimos fue el español Miguel Indurain, y su época de dominio fue la década del '90, cuando se alzó con cinco títulos en forma consecutiva entre 1991 y 1995.

Ya para el final de su reinado había hecho su aparición el fantasma del doping, que de ese tiempo a esta parte se convirtió en un tema central cuando se habla de ciclismo en general, y del Tour de Francia en particular.

El campeón de 1996, el danés Bjarne Riis, confesó años después que se había dopado con EPO entre 1993 y 1998, aunque la Unión Ciclista Internacional (UCI) no le quitó el título.

Fue sólo el preludio del mayor escándalo de la historia del deporte de la bicicleta.

El estadounidense Lance Armstrong se transformó, con el inicio del siglo XXI, en un gran referente y hasta ídolo de varias generaciones de ciclistas y deportistas en general. Tras superar un cáncer de testículos que, parecía, iba a terminar con su incipiente carrera, el norteamericano volvió recargado y se quedó con el triunfo en todos y cada uno de los tours entre 1999 y 2005.

Se retiró con todos los honores, y su historia pasó a los libros de los grandes deportistas de todos los tiempos.

No obstante, en 2012 la Agencia Antidopaje Estadounidense (USADA, según sus siglas en inglés) lo acusó de haberse dopado con EPO y le quitó todos sus laureles. Tras meses de negarlo, finalmente en 2013 y durante una esperada entrevista con Oprah Winfrey, Armstrong confesó que sí había cometido doping.

"El cuento de hadas era mentira", admitió el estadounidense.

El que fue cierto fue el del Tour de Francia, que comenzó como una idea para vender más diarios y, 114 años después, será visto esta temporada por millones de televidentes alrededor del planeta, que no se querrán perder la máxima cita del ciclismo mundial.