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Cómo fue pintado el mural de Kobe Bryant en 24 horas en un complejo residencial de Filipinas

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El día que Kobe Bryant perdió la vida (4:42)

Cronología del fallecimiento de 'Black Mamba' y su hija Gianna. (4:42)

La mañana comenzó, al igual que cualquier otra, en el complejo residencial Fort Bonifacio en la ciudad de Taguig, Filipinas, a las afueras de Manila. Varios gallos enjaulados cantaban sobre la azotea. Siete pisos más abajo, los hilos de la escoba de un residente adulto mayor barrían los restos del festival de la ciudad que había estremecido al edificio el día anterior.

Suspendido detrás de la puerta de su apartamento de 230 pies cuadrados ubicado en el segundo piso, Mike Swift dormía dentro del caparazón de su hamaca de color naranja. La noche se había extendido hasta bien entrada la madrugada para el rapero nacido en las Filipinas y criado en Brooklyn. Parecía que cada vez que él daba un paso durante la fiesta celebrada en la noche del domingo, alguien le esperaba con una bebida recién servida. Comenzar la mañana del lunes desde temprano no formaba parte de sus planes. Todo cambió cuando sonó el teléfono celular de Swift. Le llamaba un amigo, el artista de hip-hop J-Hon.

"Kobe", le dice J-Hon. "Se trata del dichoso Kobe".

En la otra mitad del mundo, un accidente en helicóptero acababa de cobrar la vida de nueve personas. Kobe Bryant y su hija Gianna habían fallecido, explicaba J-Hon. Swift se negaba a creerlo. Colgó el teléfono y entró a internet. Ahí estaba. Kobe. Por todas partes.

"Estaba en completo shock", afirma Swift. "Simplemente, comencé a llorar".

Era poco después de las 6 de la mañana en Manila, aproximadamente dos horas después que las noticias sobre el deceso de Kobe comenzaron a esparcirse. Swift se bajó de su hamaca, se hizo una taza de café y trató de recomponerse. Abrió la puerta y permitió que la luz de la mañana bañase su rostro. Comenzó a caminar sobre el pasillo al aire libre y dirigió su mirada a la cancha de básquetbol que estaba abajo. Ya había personas comenzando a congregarse en el lugar. Ya había trapeadores listos para limpiar. La meta: Crear un homenaje a Kobe y Gigi que el mundo jamás podrá olvidar.


PARA PODER ENTENDER EL POR QUÉ Kobe Bryant significaba tanto para los residentes del complejo Taguig, primero hay que comprender el amor que sienten los filipinos por el básquetbol. En las Filipinas, este deporte se consigue en todas partes, desde las pequeñas villas de pescadores hasta las congestionadas intersecciones urbanas. Se juega al básquetbol en los cementerios, entre los arrozales, sobre pistas ferroviarias y en las esquinas de las calles. Hay canchas de todos los tamaños y formas imaginables. Canchas completas, mitades de cancha, la cuarta parte de una cancha. A veces, solo existe un aro sin cancha. Sobre las mejores canchas, las líneas de tiros libres y de 3 puntos se desvanecen, pero siempre se pueden ver fisuras capaces de lesionar un tobillo, bordillos y la instrucción de tener cuidado con algún automóvil, bien sea detenido o en movimiento.

"Para nosotros, el básquetbol es una religión", expresa Swift. "Armamos canchas de baloncesto donde queremos, donde nos plazca. En portones, sobre los árboles, encima de la arena, concreto, tierra ... donde sea. Todo lo que uno necesita es un anillo y un balón y se puede ser uno mismo y jugar este deporte en paz y disfrutar".

En épocas electorales, los políticos locales organizan torneos de básquetbol y arreglan canchas en mal estado con el fin de ganarse la simpatía de los votantes. Los oficiales incluso han llegado a posponer elecciones locales que han llegado a coincidir con las Finales de la NBA. Para el año pasado, las cuentas de Facebook, Instagram y Twitter oficiales de la NBA tenían en suma más seguidores en Filipinas que en cualquier otro país, con la excepción de Estados Unidos.

El básquetbol es para las Filipinas lo mismo que el fútbol en Brasil. El sonido del bote de un balón es la banda sonora no oficial del país. Frecuentemente, se hacen apuestas con respecto a los partidos, incluso por parte de niños. Muchos chicos juegan descalzos. Algunos de ellos llegan a verter gotas de soda sobre la superficie de juego para ganar mayor velocidad.

"Por supuesto que se sienten felices cuando ganan", expresa Eddie Barbuena, quien ha vivido durante toda su vida en el complejo residencial y es entrenador de los equipos locales de básquetbol. "Logran ganarse el alimento. Dan de comer a sus familias".

Por eso, tiene sentido que, durante la década de los años 60, pocos años después que los primeros habitantes comenzaron a mudarse al laberíntico complejo de siete pisos y 671 apartamentos que es esta unidad vecinal, utilizaron sus propios recursos para construir lo único que querían tener en el jardín del edificio: una cancha de básquetbol. Desde entonces, la cancha se ha convertido en el eje social y recreativo para los 1,500 habitantes del edificio.

"En la Unidad vecinal, el básquetbol es la vida", afirma Barbuena. "No es un sitio perfecto. Pero en la cancha de básquetbol, somos una sola familia, una comunidad. Puedes olvidar tus problemas cuando llegas a casa".

La vida en este conjunto vecinal no es cosa fácil. Las habitaciones tienen una superficie de menos de 250 pies cuadrados. No hay ascensores. No hay agua potable. El sistema de plomería colapsó hace varios años, obligando a sus residentes a recorrer una o dos series de rampas para llenar jarras de plástico. Las jarras son puestas en carritos para transportar hasta los respectivos apartamentos, donde son vaciadas sobre gigantescos tambores de plásticos, permitiendo así a sus residentes cocinar, limpiar, usar el baño y bañarse.

"La primera impresión que uno tiene es que se trata de un barrio pobre con forma vertical", afirma Rommel Trinidad, quien funge como ingeniero para la Autoridad Nacional de Vivienda y es el gerente de distrito responsable del complejo residencial. La mayoría de los apartamentos apenas igualan en tamaño a un área de pintura de la NBA y albergan a tres, cuatro y en algunos casos, hasta a cinco familias.

Pero en las mañanas de los días de semana, se puede oír el rebote de los balones de básquetbol a partir de las 5 de la mañana y no se detiene hasta las 10 de la noche, hora en la cual comienza un toque de queda. Los jugadores son jóvenes y adultos, hombres y mujeres. Con un balón en sus manos y la cancha del complejo residencial sobre sus pies, se convierten en Kobe, Jordan, Kyrie, LeBron. Una pareja residente del complejo residencial bautizó a dos de sus hijos Antawn Jameson y Anfernee Hardaway.

"Para mí, la vida diaria no está completa sin la presencia del básquetbol", expresa William Victore, padre de Antawn y Anfernee, quien ha residido en el complejo durante toda su vida. "Incluso, antes de tener nuestro primer hijo, le dije a mi esposa: 'Le pondré el nombre Anfernee Hardaway Victore a nuestro primer hijo’. Ella ni siquiera dio la mínima muestra de desacuerdo".

AL IGUAL QUE JAPÓN, NUEVA ZELANDA y la Costa del Pacífico estadounidense, las Filipinas se ubican sobre el Anillo de Fuego del Pacífico, región activa sísmicamente, donde ocurre el 90 por ciento de los terremotos que se registran en el mundo. Peor aún, el complejo residencial está erigido directamente sobre la Falla Valle Occidental, donde los sismólogos afirman que se produce un terremoto con intensidad mínima de 7.0 cada 350 a 400 años. Ocurrió por última vez hace 362 años, específicamente en 1658.

En 2010, el gobierno efectuó pruebas estructurales a las vigas, columnas y pisos del complejo residencial y afirmó que más del 60% de las estructuras objeto de la muestra resultaron inestables. Esto causó que el gobierno clausurara el edificio y dejase de cobrar alquiler. Ordenó a sus habitantes a abandonar la propiedad y así transferirlos a otro complejo residencial propiedad gubernamental, ubicado a 30 millas a las afueras de Manila.

Pero la mayoría de sus habitantes no cedió. Aquí estaba su hogar. Aquí están sus empleos. Querían permanecer más cerca de la ciudad. Muchos creyeron que el gobierno tenía la intención de sacarlos de allí para tener acceso al terreno sobre el cual se encuentra construido el complejo vecinal, una porción de tierra cuyo valor se ha incrementado gracias a los planes de construir un conjunto residencial y comercial en las cercanías del lugar. Los residentes del complejo vecinal afirmaron que la empresa japonesa que construyó el edificio les indicó que se mantendría en pie por otros 30 años. Los constructores, según afirman los vecinos, reconocieron que el conjunto residencial no se encontraba en perfectas condiciones, pero insistieron que apenas necesitaba de algunas labores de reacondicionamiento y rehabilitación, no una demolición total.

"Se nos dijo que el edificio duraría, por lo menos, 80 años", expresa Lorenzo Calaminos, de 59 años, quien es uno de los estadistas veteranos del complejo residencial. "Así que, aún nos quedan unos 30 años más. Si fuera cierto que este edificio está a punto de caerse, yo sería el primero en decirles a todos que necesitamos irnos. Pero, cada vez que ocurre un sismo, el edificio solo se sacude un poco, contrario a otras áreas en las cuales los terremotos colapsan las edificaciones".

Cuatro años después de producirse el primer aviso, el gobierno endureció sus advertencias, dándole a los residentes un plazo de 30 días para retirar sus pertenencias y abandonar las viviendas antes de sacarlos a la fuerza. Los residentes del complejo vecinal se prepararon para la batalla.

"Vivo aquí. Aquí moriré", dice Barbuena. "Luchamos por ello. Dicen que traerán muchos soldados para sacarnos de aquí. Si llegan a hacerlo, lucharemos. Luchamos por nuestros derechos".

CUANDO MIKE SWIFT llegó a la cancha del complejo vecinal en esa mañana en la cual Kobe Bryant había fallecido, su equipo de artistas visuales comenzó a preparar la cancha para pintar un mural alusivo a Kobe y Gigi Bryant. Swift tomó un trapeador y comenzó a limpiar, removiendo el sucio y cenizas que se habían acumulado sobre la cancha desde que el volcán Taal, ubicado a aproximadamente 35 millas de distancia, hizo erupción dos semanas antes.

"Estaba agotado. Estaba llorando. Aún me sentía algo difuso por la noche anterior", dice Swift. "Pero mi mente iba a toda velocidad. ¿Qué vamos a pintar? ¿Qué vamos a pintar? ¿Qué tipo de pintura tenemos? Este es el dichoso conjunto residencial Tenement, hombre. Se espera que nosotros pintemos algo. ¿Qué vamos a hacer?"

El propio Swift había creado esas expectativas durante los seis años anteriores gracias a una calculada campaña en redes sociales que puso al conjunto vecinal en el mapa del baloncesto mundial, transformándolo de un edificio a punto de ser enterrado a una edificación amada por todos.

La idea nació producto de la decepción. Swift, respetado artista filipino del hip-hop, había fracasado en sus intentos de organizar un espectáculo de hip-hop netamente con artistas filipinos en el coliseo Smart Araneta, donde se escenificó la legendaria pelea "Thrilla in Manilla" de 1975 entre Muhammad Ali y Joe Frazier. Su fracaso lo dejó abatido, plagado por las deudas y convertido en el hazmerreir de la comunidad musical. Encontró consuelo viajando por el país apasionado por el básquetbol, fotografiando canchas pintorescas y particulares para una cuenta anónima que creó en Instagram: @pinoyhoops ("Pinoy" significa "filipino").

La cuenta en la red social, que incluyó imágenes del conjunto residencial, ganó popularidad rápidamente. Cuando Swift se enteró de la intención del gobierno de desalojar a la fuerza el edificio en octubre de 2014, éste organizó una celebración en el complejo vecinal a la cual bautizó "Juegos de Picnic". Un torneo de básquetbol, festival hip-hop, competencia de baile y asado, todo en partes iguales.

"Mi idea inicial no era decir 'Vamos, salvemos el complejo residencial, política, no nos vamos a ninguna parte'", expresa Swift. "Mi idea era ayudar a esa gente a que alejaran sus mentes de todo lo que les estaba ocurriendo".

El evento fue todo un éxito. Los residentes del complejo residencial hicieron fila para entrar a la cancha y llenaron los pasillos del edificio para participar. El desalojo nunca llegó a producirse. Dos meses después, en febrero de 2015, Swift organizó una segunda edición de los Juegos de Picnic. Dos meses después de la reedición, trabajó junto a un grupo de personas para pintar el centro de la cancha, que ocupa una superficie de 4,600 pies cuadrados, de color naranja con un gigantesco "swoosh" de color blanco con la intención de llamar la atención de Nike.

En aquél entonces, Nike se estaba preparando para presentar su primer programa televisivo en horario estelar, "Nike Rise Phillipines" ("Ascenso Nike en Filipinas"), el cual seguía a 24 filipinos que se mudaban a Manila con el fin de perseguir sus sueños baloncestísticos. Swift sabía que las instalaciones del complejo vecinal, con sus sorprendentes vistas y sus muros de cemento que rodeaban la cancha, representaban un escenario demasiado atractivo e imposible de ignorar para Nike y el mundo del básquetbol en general.

Swift tenía razón. En julio de 2015, Paul George visitó el complejo residencial para jugar básquetbol y promover la transmisión de "Rise". Un residente del conjunto logró arrebatar el balón de las manos del All-Star de la NBA durante una partida de "uno contra uno".

Swift compartió todo lo sucedido en redes sociales y cada vez había mayor ímpetu. Durante ese mismo verano, Swift y su equipo se hicieron más ambiciosos y pintaron un gigantesco mural representando una volcada de LeBron James sobre la cancha del complejo residencial. "Estábamos llamando la atención de la gente haciendo cosas relacionadas con Nike a pesar de no ser un proyecto oficial de Nike", afirma. "Queríamos hacer una declaración de intenciones. Hicimos ese intento de llegar a la luna".

Y el 21 de agosto de 2015, rodeado de escoltas, LeBron James hizo su aparición en el conjunto residencial. Los habitantes llenaron la cancha y posaron sobre los balcones de la totalidad de los siete pisos del edificio, maravillados porque la leyenda de la NBA había ido en persona a ver su cancha.

"Fue la cosa más asombrosa que jamás había presenciado", afirma John Carlo Belvis. "Simplemente, fue algo abrumador. Él pasó justo frente a mí ... pude abrazarle".

Antes de partir, James dejó las huellas de sus manos estampadas sobre un pedazo de concreto fresco, consolidando el estatus del complejo residencial como un sitio importante. En mayo de 2016, Jordan Clarkson, el único jugador activo en la NBA de ascendencia filipina, hizo acto de presencia en el lugar, para así mantener el revuelo en pie. Durante los años siguientes, con la ayuda de la artista del tatuaje local Maya Carandang, Swift y su equipo han cubierto la cancha con murales rotativos con la imagen de varios personajes, desde Michael Jordan y Manny Pacquiao, pasando por Jimi Hendrix y Steph Curry. Durante la temporada navideña, se presenta un mural con motivos festivos, bien sea estrellas de la NBA con gorros de Santa Claus o un árbol de Navidad que cubre toda la cancha.

"El básquetbol fue el punto en el cual todo cambió", expresa Calaminos. "Si no tuviéramos al baloncesto hoy con nosotros, probablemente ya nos hubieran desalojado y reubicado en sitios muy distantes. El básquetbol se convirtió en una tendencia y la gente famosa vino acá a jugar al baloncesto. Después, la gente vino y comenzó a preguntar, se nos unió y formó nexos con nosotros".

En 2017, Nike lanzó una versión con suela baja de su zapatilla Hyperdunk denominada "The Tenement" ("El complejo residencial"). Al año siguiente, el complejo se convirtió en escenario de una telenovela vespertina en la televisión filipina. En la primera escena del episodio piloto, la policía lucha contra los residentes durante un desalojo forzado. Ese mismo año, la empresa de videojuegos EA Sports incluyó al complejo residencial como una entre 14 canchas callejeras donde se puede competir en el juego "NBA Live".

Más recientemente, la empresa de pinturas Nippon Paint patrocinó a Swift, confiriéndole la tarea de pintar más de 1,000 canchas distintas como parte de una campaña denominada "Every Court Can Dream" ("Todas las canchas pueden soñar"). Otra empresa de pinturas ha auspiciado a Carandang, quien ha emprendido otros proyectos desde entonces.

"Esa cancha me salvó", indica Swift. "No importa todo lo que diga la gente sobre el hecho de que formo parte de los esfuerzos gracias a los cuales se salvó, eso no tiene nada que ver. Mi gratitud va para esa cancha, porque me salvó. Nadie creía en las cosas que yo hacía, y esa cancha lo cambió todo".


DURANTE LA MAÑANA en la cual Kobe Bryant falleció, el nuevo artista principal del equipo de Swift, Jerry Gabo, reducía sus opciones para pintar un mural antes de fijar su mirada en una foto de Kobe con Gigi en brazos durante el Fin de Semana del Juego de Estrellas de la NBA 2016, celebrado en Toronto. Swift, Gabo y el resto del grupo, que ahora se hacen llamar "Tenement Visual Artists", pintarían a Kobe y Gigi en blanco y negro. Swift estaba consciente de que no contaban con suficiente pintura para emprender la labor. Llamó al almacén local de Nippon, arregló una llanta desinflada de su auto y condujo durante 45 minutos para conseguir material adicional.

Simultáneamente, Gabo comenzó a armar la maqueta sobre la cancha que utilizaría para transferir el retrato a la superficie de la cancha. Allí está el secreto. El artista divide la pista de 92x50 pies en 4,600 cuadrados iguales. Esa misma maqueta es aplicada a la foto que el artista desea utilizar. A partir de allí, el equipo comienza a hacer distintas imágenes de la maqueta para replicar la foto sobre la cancha, cuadro por cuadro.

Con cuatro hombres trabajando entre 10 y 16 horas al día, un trabajo promedio requiere entre tres y siete días para terminar, dependiendo de la complejidad del diseño. Se requieren de aproximadamente 35 galones de pintura para cubrir la cancha, a un costo cercano a los $400. Durante un viaje hecho para preparar esta nota, ESPN adquirió la pintura con el fin de que los residentes pudieran demostrar el proceso.

En el caso del mural de Kobe y Gigi, el grupo trabajó contra reloj, excepto por un receso durante el momento más caluroso de la tarde. Terminaron el retrato en 24 horas, antes de rodear la imagen con palabras de homenaje escritas a mano a los bordes de la cancha.

"Nos entrenamos para esto durante todos estos años", indica Swift. "Pero en esta ocasión, la energía era diferente. Teníamos este propósito. Emocionalmente, pasar por tantos altibajos. La gente celebra lo que has creado, pero simultáneamente estás de luto. No es divertido. No es agradable. Y súbitamente, se popularizó en todo el mundo".

Casi de manera instantánea, las imágenes del retrato se hicieron virales. Incluso, el mural fue mostrado en la video pizarra del Staples Center de Los Ángeles durante el homenaje hecho por los Lakers a Kobe antes de disputar el primer partido después de su deceso.

Los extraños comenzaron a peregrinar al complejo residencial para presentar sus respetos. Una joven dama de nombre Britney se quedó presente en la mente de Swift. Ella vive en Los Ángeles y se encontraba de visita en Manila por motivos laborales. Se topó con la foto del mural. Entonces supo que tenía que ir hasta allá.

"La emoción con la cual llegó, allí fue cuando me di cuenta de que logramos conmover a muchas personas", dice Swift. "Esto no era solo en Filipinas".

Incluso, algunos personeros del gobierno de Taguig visitaron el sitio, colocando bancos con la frase "Amo a Taguig" alrededor de la cancha y dejando un ramo de flores moradas. Posteriormente, el gobierno instaló luces de discoteca moradas con un sistema de sonido que tocaba en repetición la canción "See You Again" ("Te volveré a ver") de Wiz Khalifa con la colaboración de Charlie Puth. Algunos de los residentes del complejo recibieron complacidos la participación del gobierno, mientras otros lo vieron como un gesto de hipocresía: los gobernantes aparecían para algo que no parecía ser otra cosa más que la oportunidad de tomarse fotos.

Con toda la conmoción que sucedía a nivel de cancha, Swift eventualmente se colocó sus audífonos para dirigirse hasta el techo del complejo residencial, donde había pintado las camisetas de Kobe y Gigi al igual que nueve rosas, una por cada una de las víctimas del accidente del helicóptero que cobró la vida de los Bryant.

Swift afirma que el mural alusivo a Kobe será su último proyecto en el complejo residencial. Mira la labor que hace Gabo y el resto del equipo con orgullo. Para él, el homenaje a Kobe y Gigi demuestra que ya no requieren de su liderazgo. Swift ahora quiere concentrar sus esfuerzos en ayudar con otras canchas por todo el país, al igual que otros aspectos del conjunto residencial hasta ahora ignorados.

"A mi criterio, lo más importante es el agua", afirma. "Algunas de estas personas ya son bastante mayores y tienen que cargar con el agua hasta arriba. El concreto está lleno de baches. Tenemos que conseguir una forma de ayudar a todas estas personas con su agua. Por una parte, no quiero aprovecharme de la muerte de una persona para algo así, pero no me avergonzaría de ser el caso. Es que amo demasiado este lugar".

Nadie sabe lo que depara el futuro del complejo vecinal. Casi una década ha pasado desde que el gobierno diera su primera advertencia de desalojo. Todo ha cambiado desde entonces. La cancha se ha convertido en el corazón del básquetbol en un país apasionado por el deporte de los gigantes.

Es fácil decir que el básquetbol salvó al complejo vecinal. Pero ¿qué pasaría si, de hecho, la verdad es totalmente opuesta? Nunca se produjo un desalojo forzado y el gobierno ha dejado el edificio prácticamente a su suerte, lo cual ha desatado toda una serie de temores diversos.

"Ya no se habla más de un desalojo", afirma Barbuena. "Están totalmente callados. Pero eso tampoco es positivo. No hay un plan para nosotros. Y hay cosas que necesitamos. Pero quizás eso sea lo que ahora quieren. Quizás quieren llevar este lugar a una situación en la cual, eventualmente, se torne invivible".

"Entonces, ¿qué iremos a hacer?"