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El hombre Cenicienta

Damon Runyon fue un colorido periodista, producto de los años de la Depresión en los Estados Unidos. Sus crónicas-cuentos de Broadway y sus pintorescos personajes neoyorquinos, la mayoría gangsters con llamativos apodos, son un clásico.

Además de sus cualidades narrativas –prosa ágil, llena de humor, gran ritmo, frases cortas, diálogos creíbles- dejó, en su paso por el boxeo, algunos apodos que hicieron historia.

Así, bautizó a Luis Angel Firpo como “El Toro Salvaje de las Pampas”. Y a James Braddock como “El hombre cenicienta”.

Braddock, de origen irlandés, había nacido en Nueva York en 1905. De físico compacto y fuerte, entendió que habia una salida para él, y se metio a boxeador. No era ninguna estrella, pero era sólido y daba espectáculo. En 1929 enfrentó por el campeonato mundial medio pesado a Tommy Loughran y perdió por puntos. Eso no lo hizo retroceder demasiado, porque lo ubicó en el pelotón de los boxeadores “durables”. De esos que pueden probar a los mejores, perder dignamente con los que suben y también capaces de ganar a los que quieren subir pero no aprobaron todas las materias.

Max Baer, a su vez, venía de Omaha, Nebraska. Como en sus orígenes había antecedentes judíos, optó por utilizar la Estrella de David en sus pantalones (quizás para asegurarse una cuota propia de seguidores). Tenìa un carácter afable y era querido por todos, pero también una derecha de un poderío poco usual. Allá por 1930, cuando ya empezaba a ser figura, enfrentó a Frankie Campbell y le dio tal paliza que su rival no solamente terminò internado, sino que murió unos días después. Paradójicamente, el hecho le produjo una cuota de fama, porque estuvo a punto de ser acusado de homicidio.

Si aquella muerte en el ring despertó una atracción morbosa, para Baer fue una pesadilla. Y no en términos simbólicos, justamente, Su hijo –Max Baer Jr., que trabajó en varias películas y series de televisión- contó que muchas veces su padre despertaba, angustiado, evocando ese triste episodio.

Baer, impresionado por esa muerte, hizo algunas peleas en las que refrenó su carácter y dejó que pasaran los asaltos sin noquear a sus rivales, temiendo otra situación fatídica.

De hecho, en agosto de 1932, combatió con Ernie Schaaf y también le dio un duro castigo (en esa época, es bueno puntualizarlo, las peleas no se detenían fácilmente). Schaaff luego se midió con el gigante italiano Primo Carnera y falleció luego de la pelea, que perdió por nocaut.

“Son las lesiones que le dejó Max Baer”, dijeron todos y de paso, le cargaron gran parte de la responsabilidad por el muerto.

Baer le ganó el campeonato mundial a Primo Carnera en 1934, luego de haberlo derribado 12 veces en un espectáculo considerado bestial.

Era, en el ring, un verdadero peligro con guantes.

Para esa misma época, James “Jim” Braddock sobrevivía como podía. No tenía el brillo de los grandes boxeadores, pero daba espectáculo. Tuvo la oportunidad de pelear con una figura como John Henry Lewis y le ganó. Y también, contra los pronósticos, venció a Art Lansky. De esa manera se ganó una pelea por el campeonato mundial, teniendo en cuenta que para los managers de Baer, no era un retador peligroso.

Esta historia, atrajo al director Ron Howard, quien decidió rodar una película estrenada en 2005 con Russel Crowe como Braddock y con Craig Bierzo en el papel de Baer. En esa misma producción, el gran Ángelo Dundee aparece en el rincón de Braddock como su técnico.

En aquellos años de la Gran Depresión, Braddock era el símbolo de la clase trabajadora que buscaba al menos, poder ganar un dólar con sus propias manos. Un boxeador casi del montón, que iba a tener su gran oportunidad, seguramente también la última de su carrera. Nadie del mundo del boxeo podía creer firmemente en que estaba en condiciones de ganarle a Baer. Ese choque entre el boxeador sin gran historia y el campeón consagrado, lleva en si la misma semilla que Sylvester Stallone utilizó en “Rocky”.

La pelea se llevó a cabo ante 29.366 espectadores en el Madison Square Garden Bowl, en Long Island, que fue llamado “La tumba de los campeones” porque ninguno logró retener sus coronas en ese estadio. Estuvo en juego el campeonato mundial pesado de la National Boxing Association (NBA) y el de Nueva York.

Baer tenía 26 años. Fue la primera defensa de su corona obtenida ante Primo Carnera y subió al ring favorito 10 a 1.

Braddock tenía 30 años. Registró 88 kilos contra los 95,700 del campeón: los dos medían 1,89m.

El desafiante hizo una pelea inteligente, trabajando con los jabs y moviéndose para evitar los zarpazos de derecha de Baer. Como había subestimado al rival, tampoco había entrenado lo necesario por lo que no debió apelar a notorios golpes bajos para disimular que se iba quedando sin reservas físicas. El referí, Johnny McAvoy, lo sancionó por fouls en los asaltos 5to, 9no y 12do, pero más allá de los descuentos, cuando sonó la campana quedaba en claro que Jim Braddock había sido el mejor.

Y fue así aunque con un fallo más ajustado de lo que podía esperarse, ya que salvo Charley Lynch, que le dio 11 rounds ganados a Braddock y 4 a Baer, George Kelly dio 7 asaltos para cada uno y uno empatado, y por puntaje se inclinó por Braddock. El referí a su vez, dio 9 para Braddock y 5 para Baer con uno empatado.

Y, de esa manera, Braddock se convirtió en el Hombre Cenicienta, en el boxeador en el que nadie creía. Su triunfo está considerado entre las grandes sorpresas del boxeo.

Braddock no hizo muchas más peleas. De hecho, volvió al ring tres años más tarde –en junio de 1937- , frente a Joe Louis. Para ese encuentro, en el que puso en juego su corona, aceptó una bolsa menor a cambio de un porcentaje de las futuras ganancias de “El Bombardero de Detroit”. Aunque perdió por nocaut en el octavo, que hizo un buen negocio. Solamente hizo un combate más: el 21 de enero de 1938 le ganó a Tommy Farr y colgò los guantes.

Baer siguió ayudando a la familia de Campbell. Aunque la película se lo muestra como un ser desagradable y provocador: se falsea su verdadera personalidad. Combatió hasta 1941, y según the International Boxing Hall of Fame, totalizó 70 peleas ganadas, con 52 nocauts y 13 derrotas. Murió en 1959, a los 50 años.

Jim Braddock colgó los guantes con una campaña de 61 victorias (36 antes del límite), 22 derrotas y 3 empates, según la página oficial publicada en su memoria.

En 1942 se enroló en el Ejército y, como Teniente Primero, fue destinado al Pacífico y estuvo encargado de entrenar a los soldados en técnicas de combate cuerpo a cuerpo. Falleció a los 69 años.

Quedó en el recuerdo como El Hombre Cenicienta. El que se aferró a un sueño y lo hizo realidad. Aunque solamente haya sido por una noche, inolvidable y fantástica en la historia del boxeo.